Destilando tristeza en el alambique de mis sentimientos, una a una caen las gotas, una a una resbalan las lágrimas, llenando poco a poco la enorme piscina de mi soledad.
Vapores etílicos nublan mi entendimiento y, sin saber por qué, empiezo a correr, huyendo de algo o de alguien que ni siquiera llegué a vislumbrar; tal vez tan sólo de mí misma, de aquélla que fui, de aquélla que soy o de aquélla que seré.
No lo sé y tampoco importa. Son las huidas sin razón las únicas que tienen sentido.
Pero que prosa tan bonita!!! me encanta especialmente la ultima parte (Son las huidas sin razon las unicas que tienen sentido)...
ResponderEliminar