Porque, aunque mañana no creo que la toquen, es una de las canciones que me muero por escuchar bajo el sol abrasador del Matadero.
Y porque está bien saber que mis personajes no son los únicos pintados en los espejos que escapan a su otra mitad sin pedirle permiso al creador.
Y porque hay días que los pequeños desastres animales no pueden ser calmados.
Y porque las estatuas de sal, de vez en cuando, debemos dar saltos mortales.
¡Al final la tocaron! De vez en cuando, los hados atienden mis plegarias.
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