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martes, 29 de julio de 2014

Neguri (V)

Pienso en ti. Todo el tiempo. Sin metáforas que maquillen la imposibilidad de cauterizar la herida. La magnitud del desastre sólo subraya la debilidad de mi cambiante voluntad. Conozco la solución, pero me niego a admitir el problema. Mirar al Norte. Conducir sin pausa, desdeñando esta página plagada de tachones que no consiguen ocultar tu nombre. Negar el canto del gallo para no admitir que te negué más de tres veces. Caminar descalza sobre la playa equivocada. Sólo el mar que purifica mis tobillos es correcto. Girar la cabeza y enfocar la mirada en objetivos inalcanzables, incluso para los que no son miopes. Temblar de frío, tal vez de miedo. Susurrar plegarias agitadas por el viento. Rezar al sol que parpadea tras las nubes. Romper las rocas en busca del calor depositado en su interior. Dos niñas construyen castillos de arena sin importarles que las olas puedan derribar su magna obra. Las bombas estallan. Los rascacielos caen. Es imposible reconstruir una ciudad cuyos cimientos son de barro, pero tú continúas tratando de edificar sobre aguas pantanosas. No hay prisa, dices, mientras repican las campanas de las once.  

martes, 22 de julio de 2014

Demonios (I)

Eres un espectro que se niega a abandonar la casa que habitó estando vivo. Mis lágrimas de agua bendita no consiguen evaporar tu recuerdo ni otorgar paz a tu alma errante y torturada. El peso de tu fantasma aún imprime su silueta en mi colchón. La noche fortalece la tenacidad de tu espíritu sin descanso y debilita el poder del crucifijo de mi esternón. Poco a poco penetras en mi pecho, envenenando mi corazón. No es la primera vez que tus tentáculos circulan por mis venas. Por más que recemos, ningún exorcista podrá aniquilar nuestros demonios.

jueves, 3 de julio de 2014

Puñales de hojalata. Cuchillas de afeitar

No quiero que te vayas, tampoco que te quedes. No quiero estar contigo, pero no sé vivir sin ti. No quiero confesar todo aquello que he tenido, mucho menos todo aquello que he perdido. No quiero quererte, no quiero tenerte, no quiero perderte. No quiero vomitar excusas que quemen años que jamás recuperaremos. No quiero acelerar las horas, quemar las noches, fumar los días. No quiero que recojas mi agonía y le insufles el aire que necesita para convertirse en una pompa de jabón. No quiero encontrarte. No quiero buscarte. No quiero que mis sonámbulos labios balbuceen ni una sola de las letras de tu nombre. Quiero borrar cualquier rastro de ti en el abecedario, perder las palabras que me conducen hasta la puerta de tus dedos, dejar de soñarme dentro. Quiero y no quiero deslizarme entre tus pliegos, leer todos tus secretos, aprender los idiomas del silencio. Llueven puñales de hojalata, que convertimos en cuchillas de afeitar.