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miércoles, 22 de octubre de 2014

Naufragios (IV)

Tú tan lejos y yo tan cerca del desastre. Millones de luces titilan sobre la espuma de esta tarde moribunda. El último rayo de sol corta las cadenas de los monstruos, desatando la ira de la noche más sombría. Ruge el avión que te transporta por encima de las nubes. Los paneles del aeropuerto no se apiadan de mis manos, entrelazadas en una oración que nadie escucha. Un no te vayas convertido en telegrama. Cinco adioses tatuados en los labios. Un amor sin salvavidas zozobra en un océano sin nombre. Las sirenas ya no cantan ni recogen náufragos suicidas. Un estómago sin el confort de la Biodramina vomita en medio del Atlántico un no me dejes a mi suerte. Las velas se rasgan las vestiduras al ver tu sombra reflejada en la cresta de las olas. Tus promesas incumplidas su hunden como piedras en el fango de mi iris. Sólo tu voz permanece incólume. El resto de tu recuerdo es un cadáver devorado por los peces del olvido.

martes, 14 de octubre de 2014

Génesis (I)

Una manzana nos trajo hasta aquí o, mejor dicho, el deseo de una manzana. Algo tan simple y, a la vez, tan complicado como eso.

lunes, 13 de octubre de 2014

Tormentas (VI)

Cae la tarde y yo con ella, como un cometa herido por el rayo, fragmentado en mil partículas de luz que se extinguirán antes de rozar el suelo. Puñales de lluvia golpean el cristal de la ventana de mi cuarto. Las sombras me tienden una emboscada, me despojan de todas mis pertenencias, dejándome tirada sobre un lecho de mármol, desnuda y aterida de frío, herida en lo más profundo de mi ser. Truenos. Truenos y centellas depositan un sabor eléctrico en la punta de mi lengua. Yo ya no quiero seguir luchando. Yo ya no quiero seguir llorando. Yo ya no quiero seguir gritando. El eco de las enfurecidas nubes retumba en el centro de mi pecho, mientras se aleja poco a poco la ira de este cielo apocalíptico. Me arrastro a tientas hasta alcanzar el abrigo de la alfombra del salón, pero las chimeneas no se encienden solas. Necesito solidificar las dudas, que se evapore el agua, cincelando todas las estatuas de esta galería de fantasmas, que hasta el miedo adquiera forma. Pero las lágrimas continúan suicidándose a través de las goteras del techo y el moho trepa por las paredes de mis costados, toda mi vida convertida en charco. Colin y Chloé ondulan en la superficie, pero nuestro amor sólo es la espuma del vómito de un perro rabioso.

jueves, 9 de octubre de 2014

Monstruos (V)

Tus garras tratan de atraparme, pero, como el agua, me escurro entre tus zarpas. Hasta ayer. Ayer lograste arañar mi piel, rasgar mi carne, derramar mi sangre. No fue una herida mortal. No podía serlo. Hay muchas más probabilidades de que yo acabe contigo que de que tú termines conmigo. Tres surcos abiertos laceran mi espalda. Un reguero rojo subraya mi huida. Siempre corro más que tú, porque tú no tienes piernas, tú eres un monstruo sin extremidades inferiores que, para caminar, necesita apoyarse en súbditos ciegos y mudos, siempre dispuestos a dejarse aplastar por el peso de tu mastodóntica necedad y exacerbada soberbia. Tus fauces abiertas muerden el aire que agito al alejarme de tu esfera de poder. No me asustan los monstruos. Sé de lo que son capaces y también de lo que no. Se alimentan del miedo de los que no creen en la magia de las hadas, pero yo sé que una casa de Kansas puede aplastar a la bruja más malvada y que un hacha basta para que un siervo corte sus propias cadenas. Ruges en la distancia, mientras tus esclavos caminan en la dirección equivocada. Si ignoran la forma de escapar de ti no pueden conocer la manera de llegar a mí.

miércoles, 8 de octubre de 2014

Ofelia

Debajo del agua se diluyen las formas, las palabras se convierten en burbujas y la piel que recubre nuestros huesos se apergamina, a la vez que ondula el deseo. Cierro los ojos. Trato de descifrar el amortiguado sonido del mundo que flota en la superficie, siempre por encima de mi cabeza, tan inalcanzable como inaprehensible. Abro los ojos y cuento hasta tres. Los latidos de mi corazón retumban ante la falta de oxígeno. No quiero volver. No puedo volver. Dejad que se arruguen mis labios y se ahogue mi orgullo. Dijiste que no sabías y yo que te creía. Todos los focos están encendidos, pero la luz no alcanza el fondo de la piscina.

lunes, 6 de octubre de 2014

De dioses y tumbas

La primera crisis deslizó a un lado la tapa del ataúd que custodiaba el cadáver de Pandora. La segunda crisis evaporó el olor a muerto, provocando náuseas a tu alrededor. La tercera crisis te convertirá en cazadora de gusanos carroñeros. Nunca conseguirás exterminar su especie, pero cada trofeo que te cobres aumentará las posibilidades de que tus palabras permanezcan incorruptas por los siglos de los siglos, amén. La eternidad es sólo la esperanza de que perdure el dolor de nuestra ausencia y el consuelo de la belleza de nuestras mejores imágenes lomográficas. Aunque no nos demos cuenta, las letras que bailan sobre nuestra tumba están torcidas y ninguna oración será capaz de enderezarlas.