Respiras a través de mi piel y yo sudo entre tus labios. Cerramos los ojos para no vernos, para fingir que somos otros, con la esperanza de que algún día seamos capaces de engañarnos a nosotros mismos y la certeza de que todos se creyeron la gran mentira. El destino no existe, pero nos persigue y nos alcanza y por mucho que le gritemos que fuimos nosotros quienes lo inventamos acabaremos siendo fagocitados por su inexorabilidad y su crueldad sin límites.
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