El dolor es siempre el mismo, pero cambia su forma y su contenido. El dolor apuñala el estómago, exprime el corazón y licua los ojos. El dolor provoca gritos silenciosos, aullidos abortados antes de que hagan temblar al mundo, quejidos indecorosos e inviolables. El dolor ya no es soportable y se hace inevitable compartirlo con los 7 millones de personas que lo entienden y que lo encienden. El dolor es lo que nos une y lo que nos separa, lo que más tarde o más temprano nos convertirá en una inmensa nada.
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