Blog en el que buceo en universos paralelos distantes y distintos encerrados en el centro de un protón del núcleo del átomo de mi existencia.
miércoles, 31 de agosto de 2011
Walking Dead
Las lágrimas de tu corazón tiñen de sangre el lado izquierdo de tu pecho. Trato de exprimir hasta la última gota de dolor, pero sólo consigo que todo sea peor. Un muerto viviente me mira a los ojos y fantasea con devorar el poco cerebro que me queda. Me asusto y grito. Tú me tapas la boca y comienzas a sorberme el seso. No hay resistencia que valga. Se acabó lo que se daba. Fin de la partida. El juego ha terminado. Game over y otras mil formas de expresar una misma idea. Ahora somos dos zombies desubicados que vagan por el mundo de los vivos fingiendo ser como el resto de los mortales. No protagonizaremos ninguna exitosa serie de televisión ni ninguna película gore. No queremos matar a nadie. Tú me destruiste a mí porque dices que yo te aniquilé antes. Ahí terminan nuestras ansias homicidas. No hay más víctimas apetecibles. Disimulamos con colonia el hedor de la putrefacción de nuestras entrañas, tapamos con maquillaje la degeneración de nuestra epidermis y nos pegamos las uñas con superglue cada vez que se nos desprenden de los dedos. Nadie nota nuestro cadavérico aspecto. Puede que nunca estuviéramos demasiado vivos. Puede que ya naciéramos muertos.
martes, 30 de agosto de 2011
Te eché de menos
Te eché de menos, pero nunca te lo dije. Fingí que tu ausencia me era indiferente y oculté el vacío persistente tras mil sonrisas impenitentes. Luego volviste y desapareció el dolor, pero yo volví a fingir y pretendí que tu presencia no me resultaba iridiscente, ocultando mi mirada de amor adolescente tras un rictus ambivalente. Y así pasan los días, a veces vacíos, otros llenos, siempre fingidos, nunca vividos. Y cuando llegue la hora de la verdad tendrás que succionar todos los secretos que hoy me empeño en ocultar. Me los arrancarás con tu verborrea más letal y mil aguijonazos disparados sin piedad o se pudrirán y devorarán mis ganas de volverme a equivocar.
miércoles, 24 de agosto de 2011
Gotas de sudor
Una gota de sudor resbala por tu esternón. Hace calor y la cabeza me explota de dolor. Tres gotas de sudor resbalan hasta mi corazón. Hace calor y ya no eres mi tabla de salvación. Una gota de sudor que une el tú y el yo. Hace calor, pero no quiero abrir el balcón. Tres gotas de sudor se evaporan sin remisión. Hace calor y cruje el colchón. Una gota de sudor se detiene en medio de tu esternón. Ya no hace calor. Alguien abrió el congelador.
lunes, 22 de agosto de 2011
A media luz
A media luz todo se ve mejor. Tus ojos reflejados en el televisor, tu mano derecha tratando de desabrochar mi sujetador, el extraño color de tus ojos entre miel y marrón. La tarde de agosto había sido total y absolutamente improductiva. Mil conversaciones insustanciales carentes de cualquier atisbo de acción derivaron en un atardecer lento y farragoso que iluminó tus intenciones más oscuras y mis deseos más sombríos. A media luz todo se ve mejor. Nuestro beso reflejado en el televisor, la liberación de mi sujetador, tu oreja acariciada por mi dedo corazón. Fue un atardecer eterno e inenarrable, que no tiene sentido tratar de describir. Un atardecer de luz tamizada y contornos diluidos, de colores ocres y amarillos, de sudores vespertinos y palabras que nunca nos dijimos. A media luz todo se ve mejor. Nuestros cuerpos reflejados en el televisor, el suelo cubierto por mi sujetador, el mordisco que no me devoró.
miércoles, 17 de agosto de 2011
Crimen frustrado
Te clavo un cuchillo en la espalda, pero tú no sangras. Caminas hacia el frente, indolente, inconsciente de la herida abierta, aunque seca, del cuchillo hundido y su cortante filo. Yo corro tras de ti, arrepentida de mi instinto homicida, culpable de mi alma vengativa. Me crucifico en la madera de tus brazos sin clavos que atraviesen nuestras manos, sólo cuerdas que atan nuestros miedos y grandes desvelos, nuestras dudas enterradas bajo las dunas iluminadas por una eclipsada luna. Quiero arrancar el cuchillo, quiero cerrar la herida, quiero ver la sangre que corre por tus venas, pero no puedo. Temo hacerte más daño al tratar de curarte que al intentar herirte. Nada me sale bien. Siempre obtengo el resultado contrario al pretendido. Se separan nuestras extremidades y se funden nuestros ojos. ¿Qué color se obtiene al mezclar marrón con azul? Creo que nunca me lo enseñaron en la escuela. Tampoco en Barrio Sésamo. Sonríes y te llevas la mano a la espalda, desclavando sin esfuerzo el puñal envenenado. Me devuelves el arma inofensiva. Y vuelves a alejarte. No hay herida, no hay sangre, ni siquiera cicatriz. Sólo una espalda marmórea que se ríe de mí. Definitivamente, no nací para asesina.
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