Hay una fecha que me persigue, una fecha que no sé si es profética o nigromante,
una fecha clavada como lanza en mi costado, una fecha que me desgarra, sin que
hasta ayer fuera consciente de que lo hacía. "10 días y 11 años nos separan"
estuve a punto de escribir un día, pero no quise asumir la posibilidad de que
pudieras llegar a leerlo y pedirme explicaciones. Ahora es distinto, porque
ahora entiendo que nunca he hablado de ti, ni siquiera de nosotros, sino de mí.
El problema es que esa fecha ya no es Tuya sino Suya, aunque no sepa aún el
abismo de años que separa nuestras existencias. Así que no puedo escribir lo que
debiera y he de conformarme con los días que median entre su alumbramiento y mi
nacimiento. Todo lo demás es bruma o, tal vez, rocío de primera hora de la
mañana. Todo lo que no entiendo, pero que intuyo de manera meridianamente clara,
acabará por dinamitarme en mil pedazos; pero ya no me importa, porque sé que
morir es la única forma de aprender a resucitar. Tú (antes, Él) también lo
adivinaste y por eso te dejaste arrastrar por la corriente, hasta ahogarte en
las aguas de la desesperación. Creías que deberías haber luchado por salvarte,
pero rendirte era en realidad la única opción de preservarte. Lo sé bien. ¿Quién
no depone las armas para evitar la aniquilación de lo que ama? No es cobardía,
sino necesidad y no hay nadie más valiente que el que antepone lo que necesita a
lo que quiere. No me hagas caso. Yo sólo sé que no sé nada e incluso de eso
dudo. También sé que marzo se acaba, aunque pronto continuará esa lluvia que me
ahoga, sin lavarme de pecados y miedos, de inseguridades y recelos. Sé que la
fecha se acerca y que, cuando parezca que nada ocurre, será justo cuando todo
esté pasando. Sé que lo extraordinario habita en lo cotidiano y que sólo el
asombro puede protegernos del olvido de todo lo importante. Sé que ninguno de
los Dos podrá salvarme; pero, como dije una vez (o, al menos, pensé decir), yo
sólo quiero alguien que camine conmigo hasta el cadalso. Sé que no sabes cómo
hacerlo, pero algún día aprenderás a avanzar a tientas y dejarás de estar
encandilado por mi luz para pasar a enamorarte de mi oscuridad. Sé que nunca he
sabido de qué hablo cuando escribo; pero que, en algún momento, todo esto
adquirirá sentido. Sé que seguiré escribiendo de Él (antes, Tú) porque lo que no
ocurrió fue mucho más hermoso que aquello que podría haber pasado. Y sé que
ahora que he comenzado a escribir de Ti (antes, Él), de alguna forma, estoy
aniquilando la improbable posibilidad de que algo suceda. También sé que poco
importa, porque nada de lo que realmente ocurre ha tenido alguna vez algo que
ver con la voluntad de sus actores.
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