Eres un espectro que se niega a abandonar la casa que habitó estando vivo. Mis lágrimas de agua bendita no consiguen evaporar tu recuerdo ni otorgar paz a tu alma errante y torturada. El peso de tu fantasma aún imprime su silueta en mi colchón. La noche fortalece la tenacidad de tu espíritu sin descanso y debilita el poder del crucifijo de mi esternón. Poco a poco penetras en mi pecho, envenenando mi corazón. No es la primera vez que tus tentáculos circulan por mis venas. Por más que recemos, ningún exorcista podrá aniquilar nuestros demonios.