Algún día veré tu derrota, tu cara aplastada en el fango, al son de mi canción favorita de Queen. Mi carcajada se oirá a mil estadios de distancia y el tacón de mi bota aplastará tu ego y tu orgullo, tu autoestima y tu superioridad. El excelso y supremo momento durará sólo un instante y, luego, te levantarás y no tardarás en volver a subirte al pedestal en el que todos te decidieron colocar. Pero yo recordaré el estruendo de tu caída y el sonido de tus huesos al estrellarse contra el suelo y, aunque sé que es probable que la debacle no se repita jamás, seguiré riéndome al pensar que ahora sabes que se te puede ganar.