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miércoles, 13 de mayo de 2015

El Resucitado


Duermes y tu pacífica imagen levita omnipotente sobre la fragilidad de mi agitado sueño. Respiras. Callo. La noche ronca una nana de desgracias que nadie se atreve a profetizar. Todos tus monstruos yacen ahora sobre mi almohada, narcotizados por el Lormatezapam que flota en todas y cada una de mis lágrimas. Les dije que no bebieran, pero no me hicieron caso. Tampoco tú escuchaste mi advertencia. ¿Cómo descansar mientras el viento ruge y el cielo escupe gotas de sangre sobre mi piel? Tratamos de atrapar la aurora en las palmas de nuestras zurdas manos desobedientes, pero el sol abrasó nuestras huellas dactilares, borrando la identidad de nuestros etéreos cuerpos anónimos. Yo no quiero que recompongas los pedazos, ni que selles con tus besos esta herida que supura alquitrán y cucarachas orientales. Yo quiero vaciarme entera, vomitar todos mis demonios, regurgitar el dolor que ahora oprime mis pulmones. Yo quiero asesinar al miedo, aún sabiendo que, cuando el miedo muera, yo también falleceré. Es la única forma de que despiertes y arañes toda la tierra que ahora sepulta mi recuerdo, hasta rescatar mi memoria de las fauces del olvido, hasta resucitar el amor que crucificaron sus mentiras. Callas y yo respiro, mi corazón palpitando entre tus dientes, mientras masticas esta madrugada de azabache y hormigas como puños.

miércoles, 6 de mayo de 2015

La Soledad

 
Eres una Virgen Dolorosa, por cuyas níveas mejillas esquían ríos de sangre derramada inútilmente. Ellos no merecían tus esfuerzos, mucho menos tu incontrolada pena nacarada. Mírate. Tantos pasos malgastados en busca de un destino que siempre te resulta esquivo. Tú sólo sabes abrirte camino entre la espesura de las noches sin luna. Son tus ojos, anegados en lágrimas, dos estrellas que refulgen con luz propia. No dejes que te roben el cristal que protege tus sueños de medianoche. Cuando el reloj se detenga, tu corazón seguirá marcando el ritmo del vals de los fantasmas. ¿Oyes cómo arrastran sus cadenas? Tu soledad es sólo una sábana que cubre la vela de tu cuerpo desnudo. Destápate. Ellos ya no pueden hacerte daño. Tu dolor es un torrente de hielo enfebrecido. Deja que patinen sus mentiras, trazando sinuosos surcos sobre tu piel. Cuando se rasgue tu carne serán ellos quienes se ahoguen dentro de ti.

sábado, 2 de mayo de 2015

El Santo Entierro

 
Cuando tú mueras, no lloraré. Ningún torrente de lágrimas podrá lavar la negrura de mi dolor. Durante tres días no comeré ni respiraré, pues no habrá ni alimento ni oxígeno capaz de llenar el vacío que tú dejes. Después, todo volverá a ser igual, aunque sea completamente distinto. El mundo se detendrá, desequilibrado por tu ausencia, pero sólo yo notaré la falta de movimiento. Los demás creerán que la rueda continúa girando, sin ser conscientes de la pérdida de una pieza fundamental del engranaje de la vida. Dicen que el tiempo cura todas las heridas, pero no es cierto. Cuando te vayas me abriré en canal: mi cuerpo separado de mi alma por una brecha imposible de salvar. No quiero pensar en ello. Prefiero imaginarte eterno. Si no lo hago me partiré en dos antes de que comience la Cuaresma que conducirá a un Santo Entierro sin Domingo de Resurrección. Esperaré y, cuando el Apocalipsis se acerque, me abrazaré a tu tumba, recordando el olor de tu amor, único reducto de consolación.

domingo, 26 de abril de 2015

El descendimiento


Un paso en falso en el borde de un abismo divergente. Tiemblan los peldaños del sendero que me separa de mi destino. También los escalones que descienden lentamente hacia el infierno. Mi cuerpo, en eterno equilibrio inestable, no sabe cómo continuar reteniendo el grito. Lo suelto y, liberada de su peso, caigo hacia atrás, con tanta fuerza que, en realidad, mi caída se convierte en una voltereta hacia delante. Ruedo, como un ovillo de lana entre las patas de un gato hiperactivo. Sangro, como un unicornio herido. Un perro sediento lame el suelo que rozo con las encarnadas puntas de mis dedos. Tampoco él sabe a dónde lo conducirá el ineludible deseo de llenar su estómago. ¿Es su hambre distinta de la mía? Me miro en el espejo y sólo soy capaz de ver la calavera que se esconde bajo mi piel. Prométeme que no dejarás que se hagan con ella, que no permitirás que jueguen al fútbol con mi cráneo. Júrame que serás tú quien descienda mi cadáver de la cruz, enjugando en llanto mi carne cenicienta, hasta borrar todos y cada uno de los pecados que me condujeron hasta ti.

sábado, 25 de abril de 2015

La expiración

 
Necesito saber que, esta vez, la historia acaba bien, que nadie muere antes de tiempo y ninguna niña llora abandonada en el andén. No soportaría otro puñetazo en la boca del estómago, otro gancho de derechas directo a la nariz, otro rodillazo en la entrepierna, otro pisotón sin anestesia. Sé que caeré y que ellos aplastarán mi cabeza sobre la lona, antes de que reúna las fuerzas necesarias para volver a levantarme. No dejes que eso ocurra. Sé mi escudo. También mi espada. No permitas que cercenen mi esperanza, que decapiten mi fe en los milagros, que guillotinen mi confianza en la bondad. Ayúdame a seguir respirando, ignorando el dolor que lacera mis quebradas costillas, olvidando que son las astillas de mis propios huesos las que perforan poco a poco mi pulmón. No dejes que se escape el aire. Aún necesito un poco de oxígeno, no mucho, sólo un puñado. Son sólo dos pasos y luego ya todo dejará de importar, porque todo lo que tenía que ser habrá sido ya y, por fin, podré exhalar mi último aliento, descansar sin miedo, extinguirme sin remordimiento. No, no me consueles a mí. Yo ya no existo. Es a ella a quien tienes ahora que reconfortar. Dile que esta vez la historia ha acabado bien, que todos murieron cuando tenían que morir, que no son lágrimas lo que ahora humedece sus mejillas, sino gotas de la lluvia que riega los campos. Miéntele, igual que me mentiste a mí. O, quizá, no fuera así. Tal vez, el problema radicaba en que todo era verdad.

miércoles, 22 de abril de 2015

El Nazareno


Yo no quería esto. Nunca jamás lo pedí. Sólo deseaba ser como ellos, formar parte de su mundo, compartir sus deseos, integrarme entre sus miedos, pero tienen mis lágrimas otras causas bien diferentes de las que arañan sus ojos y comprimen su corazón. No lo entiendo, pero es así y, por más que lo busco, no encuentro a nadie que me ayude a transportar esta cruz hasta lo alto del Calvario. Caigo y me levanto, una y otra vez. Ya no sé si mis rodillas descansan dobladas sobre el suelo o se inclinan ante el peso del viento que siempre azota mi sien. La muerte sobrevuela mis pasos, pero no se atreve a descender hasta mí. La asusta envenenarse con la rebeldía de mi sangre, fallecer víctima de mis ansias de vivir. Todo principio tiene su final, pero éste no es el que yo escribí. Remonto a crawl este río de sudor y tinta. Sólo necesito una pluma para poder volar, para elevarme sobre sus indeseables tejados de uralita, para sumergirme entre las nubes y convertirme en el suspiro que nadie se atreverá nunca a proferir. Ni ellos ni sus buitres son dignos de devorar mi cadáver, por eso mi cuerpo continuará caminando eternamente en el desierto, incluso cuando ya no le quede alma que le dé sentido ni amigo que apriete su mano. Puede que sea el orgullo del derrotado o, tal vez, la cabezonería del que ya no tiene nada que perder. Santa Magdalena penitente, que no tiene más abrigo que su indómito cabello deshilachado. Tengo sed, pero tú ya no me sacias y, aún así, me crucifico cada noche sobre la cruz de tu esternón.

martes, 21 de abril de 2015

La Columna


Estoy atada a una columna. Trato de romper el nudo, pero no puedo. Alguien grita dentro de mí. La luna llena enseña los colmillos, sedienta de sangre. Esta noche acabará por tragarme de un bocado. No puedo correr. Es imposible huir. La columna pesa demasiado para poder arrastrarla tras de mí. Corta la cuerda o, al menos, inténtalo. No importa el resultado. Sólo necesito saber que hay alguien dispuesto a rescatarme. Cada día que pasa es un latigazo en el centro de la espalda. La carne se desprende poco a poco, cayendo al suelo como la fruta excesivamente madura. Pronto sólo quedará el hueso y, entonces, ¿qué? ¿Cómo seguiré ocultando la verdad? Que yo no soy como ellos, que las vértebras que me mantienen enhiesta no son como las que forman parte de su esqueleto, que las mías están llenas de palabras y silencios que encajan como las piezas de un puzle recién estrenado, que si me los quitaran no sería nada, pero que esa nada tendría más entidad que ese algo que ellos tratan de atesorar, que mi condena es también mi salvación, porque no hay leucemia capaz de destruir el espíritu. La vida es la llama de una vela. Cuando se apaga, el humo asciende hasta las nubes y la cera derretida permanece aún un tiempo adherida al asfalto sobre el que la derramó la ráfaga de viento que extinguió el fuego. Ellos no lo entienden. Por eso protestan antes de morir. Hace frío y yo cada vez estoy un poco más desnuda. Ninguna manta puede ya abrigar el dolor, tampoco tapar la alegría de estos ojos que sólo ven con claridad a través de las tinieblas. No compadezcas nunca a aquéllos que derraman tantas lágrimas como sonrisas. Sólo ellos son capaces de hallar la paz en el medio de la guerra y la guerra en el medio de la paz. ¿Oyes sus burlas, sus insultos, sus maléficas mentiras? Quieren herirnos, pero no se atreven a empuñar la espada. Cierra los labios. También los ojos. Tú eres mi secreto y sólo te confesaré a su debido tiempo. Mi columna vertebral es una escalera de palabras y silencios que nunca he sabido bien si asciende hasta el cielo o desciende hasta el infierno.

lunes, 13 de abril de 2015

El Rescate


No trates de salvarme. La sentencia ha sido dictada antes de dar comienzo el juicio. Siempre ocurre así, incluso cuando creemos lo contrario. Las pruebas carecen de valor cuando no apoyan la tesis del jurado. La masa aplaude la condena, sobre todo si intuyen la inocencia del cabeza de turco. Y, sin embargo, siempre hay algún pecado digno de reprobación, aunque no sea la causa que nos conduce hasta el cadalso. Por eso dejamos caer la piedra y miramos en derredor, buscando a alguien que sí esté legitimado para arrojar el primer golpe. Y qué si el culpable a veces queda libre. ¿No te das cuenta de que todos portamos algún tipo de cadena que lastra nuestros pasos? Déjame. No te molestes ni te indignes. No pueden absolver a quien nunca ha seguido ni seguirá sus reglas.

jueves, 9 de abril de 2015

El Prendimiento

 
Tensa la cuerda y aprieta el nudo. Si no me atas bien, escaparé y nunca jamás serás capaz de volver a atraparme. No escuece la traición, sólo el envenenado beso en la mejilla. Sabía que ocurriría, pero no quise evitarlo. Necesitaba conocer el precio de tu lealtad. Sinceramente, no me esperaba que valiera tan poco. Camino dócilmente, custodiada por demonios que no lograrán retenerme entre sus garras. Dejo que penséis que habéis vencido, que creáis que puedo ser derrotada, que no sospechéis que soy un ave fénix que resucitará de sus cenizas tantas veces como vosotros lo matéis. Sé lo que queréis hacer conmigo, pero no saldrá bien. Hay ideas demasiado arraigadas para poder ser extirpadas, sentimientos anclados como sanguijuelas al corazón, sólo que cuanto más acerques el fuego, menos posibilidades tendrás de que se desprendan y caigan al suelo. Podéis golpear mi cuerpo hasta la muerte y, después, encarcelar mi cadáver, pero sólo conseguiréis perpetuar el recuerdo de mis verdades, aquéllas que no necesito decir para que se entiendan, porque han sido certificadas con la sangre que chorrean vuestros actos y la fe que destilan cada uno de mis pasos.

martes, 7 de abril de 2015

Las Siete Palabras


Siete palabras nos separan. Las siete palabras que no nos atrevemos a pronunciar. Siete palabras que siempre empañan el cristal, impidiéndonos ver el mundo que yace al otro lado del espejo. La saliva no siempre limpia y desinfecta, a veces ahoga, obturando la garganta con el miedo a no escupir a la cara del otro la verdad. Tratamos de diluirnos en el recuerdo del sueño que una vez nos unió, sin darnos cuenta de que ya no estamos dormidos. Por más que abro los ojos, todo sigue siendo oscuro. Hace tiempo que ya no comprendo tus contornos. Tampoco los míos. La noche no debería ser tan negra, ni las lechuzas ulular las letanías de los monstruos. Sopla el viento, agitando los cimientos de este castillo de naipes. Si no te derrumbas tú, lo haré yo. Cierro los párpados y trato de imaginar un sol que no nos queme. El reloj resuena dentro de mi pecho. También el tiempo acabará muriendo, cuando no quede nadie que sea capaz de medirlo. Nuestros corazones sólo saben latir de doce en doce campanadas, pero ¿qué pasará si un día no nos acordamos de darnos cuerda? ¿Y si ya nos hemos olvidado? Siento que me asfixio, que se encharcan mis pulmones, que ya no soy capaz de beber el oxígeno de tus labios. Trato de hablar, pero no puedo. Mi grito de auxilio es un gemido moribundo. Cuanto más abro los brazos, menos dispuesto estás a naufragar en ellos. Nuestro amor es un Cristo crucificado que no resucitará al tercer día. Los buitres sobrevuelan el Gólgota, pero nuestras lenguas permanecen impertérritas. Tal vez, cuando reunamos el valor para decirlas, las siete palabras que ahora desgarran nuestras cuerdas vocales ya habrán dejado de existir.

sábado, 4 de abril de 2015

La Humildad


Te gustaría ser capaz de poner la otra mejilla, pero ahora mismo sólo piensas en recuperar las fuerzas para devolver todos los golpes. Siempre ha sido así. Nunca has sabido agachar la cabeza ante quienes empuñan los látigos. El aire se parte en dos. Salpica la sangre, también un pedazo de carne. Un irreverente escupitajo en la cara de quien inflige el castigo es tu única respuesta. Aumenta la condena, también la rebeldía. Todos creen que acabarán contigo antes de que termine el día, pero no es cierto. No se puede aniquilar un espíritu indomable. Eres un caballo que nunca se dejará montar por un jinete que no consideres digno de dirigir tus pasos. Tu espalda es un pentagrama de heridas que reclaman venganza. Dos lágrimas de rabia escuecen tus mejillas. Sólo tienes que esperar a que ellos caigan y, entonces, asegurarte de que nunca jamás vuelven a levantarse. La justicia yace enterrada bajo una lápida sin nombre, pero un perro callejero escarba la tierra circundante. La noche es una corona de espinas que araña tus sienes con las burlas de tus enemigos. Sólo tienes que esperar y ayudar a que el tiempo ponga a todo el mundo en su lugar.

miércoles, 1 de abril de 2015

La Oración en el Huerto


Junto las manos, entrelazo los dedos y aprieto con fuerza, rezando a un Dios que nunca escucha las súplicas de los desesperados si son contrarias a sus insondables designios. Noche insomne de oraciones peregrinas que no concluyen su Camino. Pesa el miedo, la soledad aplasta y la angustia es una bomba de relojería que explotará antes del amanecer. Sudo lágrimas de sangre o, tal vez, sangro el sudor de las lágrimas. Te pedí un único milagro y, cuando no te dignaste a concedérmelo, te odié por ello, obviando todos los otros milagros que me concediste sin yo pedírtelos. Perdona mi ignorancia cenicienta y líbranos del mal que marchita el alma hasta pudrir el corazón. Amén.

martes, 31 de marzo de 2015

La Santa Cena


Bendice el vino que aletarga los sentidos, alejando la certeza de la muerte, atenuando la crudeza de la vida. Brindemos por la traición de los cobardes, también por la de los que codician todo el oro del mundo y por la de aquéllos que envidian lo que nosotros tenemos y ellos no poseen. Emborrachémonos para olvidar la cercanía de la espada que rasgará esta paz de papel cebolla. Lloremos nuestra sed de venganza y limitémonos a luchar para restablecer este equilibrio de cristal. Devoremos las últimas migajas del banquete preparado por nuestros enemigos. Envenenemos nuestros cuerpos con su odio, pero mantengamos limpio el corazón, pues sólo así podremos vomitar con rabia nuestra fuerza y cercenar con la verdad sus lenguas de serpiente. Bendice esta mesa ahora vacía y da las gracias por los alimentos que algún día la cubrirán. Sólo pasa hambre aquél que no sabe cómo nutrir su espíritu. Sólo muere de sed quien se niega a beber la lluvia.

domingo, 29 de marzo de 2015

La Borriquilla


Brilla el sol sobre la masa enfervorecida. Vuelan los vítores. Retumban los aplausos. Desfilan las alabanzas y frases de agradecimiento. Todos dicen querer ser liberados de la opresión, pero, cuando la libertad llame a la puerta, se aferrarán con fuerza a la mano del tirano. Son sólo niños con miedo de caer y destrozarse las rodillas, presos felices tras las rejas de su celda, condenados a muerte que caminan voluntariamente hacia el cadalso. El Salvador sabe que su gloria es efímera, que quienes ahora lo ansían no tardarán en pedir su cabeza cuando la amenaza de la liberación comience a materializarse en algo tangible. Son sólo asnos que rebuznan palabras que no entienden, burros que desean cambiar la carga que transportan, pero que no quieren renunciar al peso de la esclavitud, bestias que se creen especiales cuando reciben un mayor número de latigazos que sus compañeras de redil. Él lo sabe, pero no le importa. Sólo quiere sembrar la semilla del inconformismo en el corazón de los más pequeños, de aquéllos que aún no han aprendido que son animales que deben obedecer las órdenes de los capataces. Algún día germinará y dará sus frutos. En ti. En mí. Quizás en ellos. El mundo avanza sobre el recuerdo de los mártires.

miércoles, 16 de abril de 2014

Semana Santa linarense

Sólo dos días para comprobar si, por fin, podemos disfrutar de un Viernes Santo sin amenaza de lluvia.

martes, 15 de abril de 2014

lunes, 14 de abril de 2014

Semana Santa linarense

Después de un soleado Domingo de Ramos, sólo quedan cuatro días para el Jueves Santo. Esperemos que este año ni una sola nube aparezca en el cielo.


sábado, 12 de abril de 2014

jueves, 10 de abril de 2014

Semana Santa linarense

Pues así, a lo tonto, ya sólo quedan tres días para el Domingo de Ramos y, al parecer, este año no habrá que preocuparse por la lluvia.



martes, 16 de abril de 2013