Un bebé llora de madrugada porque no sabe quién quiere que lo coja en brazos, si quien lo trajo al mundo o quien acabó con su vida antes de tiempo. Una vagina sangra. Dos perros ladran. Tres enfermeras callan. El llanto se alarga, no acaba, rebota en la nada, explota en la cama. Pobrecito, el bebé no sabe que quien lo trajo al mundo fue quien acabó con su vida antes de tiempo, aunque fueran otras las manos que hicieron el trabajo sucio. Pero perdonen; para ser fiel a la realidad, según los más entendidos, no debería hablar de bebé. Así, pues, continuemos con la historia. Un feto es arrojado a la basura. Una madre deja de ser madre. Es ella quien debería llorar, pero no lo hace, aún no. Lo hará varios años después, cuando el hijo que sí quería tener nazca muerto. Las enfermeras callan. Dos perros ladran. Sangra la madrugada.
Blog en el que buceo en universos paralelos distantes y distintos encerrados en el centro de un protón del núcleo del átomo de mi existencia.
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jueves, 24 de mayo de 2012
domingo, 20 de mayo de 2012
Paradojas lunáticas (I)
Era todo lo que quería ser, pero ni la décima parte de lo que podía llegar a ser. Era inmensamente feliz, aunque el universo consideró que estaba desaprovechado y lo borró del mapa.
Era todo lo que podía llegar a ser, pero no lo que quería ser. El universo le habría regalado más de 100 años de existencia, aunque él era inmensamente desgraciado y un buen día decidió borrarse del mapa.
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