El mundo no se detiene.
Todo continúa girando sin cesar.
Y yo me dejo succionar por torbellinos cercanos a la Atlántida.
Blog en el que buceo en universos paralelos distantes y distintos encerrados en el centro de un protón del núcleo del átomo de mi existencia.
jueves, 8 de enero de 2009
miércoles, 7 de enero de 2009
Agujeros
Agujeros en la acera que amenazan con tragarme cuando trato de esquivarlos en mi errático caminar.
Agujeros en mi memoria que devoran poco a poco mis recuerdos enterrados en lo más profundo de mi inconsciente, enredados en imágenes sepultadas bajo toneladas de insignificantes realidades no soñadas.
Agujeros en el pantalón, difíciles de zurcir, imposibles de ocultar.
Agujeros en el corazón, que lo convierten en un queso gruyère que no puedo digerir.
Agujeros en el estómago de niños famélicos que me revuelven las tripas al verlos en el teledario.
Agujeros en las conciencias adormecidas de los occidentales, del hombre blanco que inexplicablemente domina un mundo loco e incomprensible.
Agujeros de agujas sin enhebrar.
Agujeros de las madrigueras de las ratas más inmundas de la ciudad.
Agujeros de teorías sin terminar que chorrean sin cesar y que los científicos son incapaces de controlar.
Agujeros de coladores obstruidos con la pulpa de mandarinas mal exprimidas.
Agujeros por los que se cuela la luz en el cuarto oscuro donde revelo las fotografías nocturnas que tomé hace dos lunas.
Agujeros que no quiero tapar.
Agujeros por los que poco a poco te escurrirás.
Agujeros por los que poco a poco huirás a otro lugar.
Agujeros, agujeros, agujeros sin tapiar.
Agujeros en mi memoria que devoran poco a poco mis recuerdos enterrados en lo más profundo de mi inconsciente, enredados en imágenes sepultadas bajo toneladas de insignificantes realidades no soñadas.
Agujeros en el pantalón, difíciles de zurcir, imposibles de ocultar.
Agujeros en el corazón, que lo convierten en un queso gruyère que no puedo digerir.
Agujeros en el estómago de niños famélicos que me revuelven las tripas al verlos en el teledario.
Agujeros en las conciencias adormecidas de los occidentales, del hombre blanco que inexplicablemente domina un mundo loco e incomprensible.
Agujeros de agujas sin enhebrar.
Agujeros de las madrigueras de las ratas más inmundas de la ciudad.
Agujeros de teorías sin terminar que chorrean sin cesar y que los científicos son incapaces de controlar.
Agujeros de coladores obstruidos con la pulpa de mandarinas mal exprimidas.
Agujeros por los que se cuela la luz en el cuarto oscuro donde revelo las fotografías nocturnas que tomé hace dos lunas.
Agujeros que no quiero tapar.
Agujeros por los que poco a poco te escurrirás.
Agujeros por los que poco a poco huirás a otro lugar.
Agujeros, agujeros, agujeros sin tapiar.
Mi canción del día
Porque ahora me paso las noches por ahí y cuando vuelvo a casa intento recordar qué era lo que anoche tenía que olvidar. ¿Fui yo la puñalada o yo clavé el puñal?
PD: ¡Toma letra!
PD: ¡Toma letra!
Etiquetas:
Anoche (la memoria y el puñal),
Christina Rosenvige
martes, 6 de enero de 2009
domingo, 4 de enero de 2009
Marta
Marta necesita con urgencia un baño caliente. Aún no sabe cómo, pero ha sido capaz de reincorporarse a su absurdo trabajo. Se ha pasado el 90 % del tiempo convenciéndose a sí misma de que, si prestaba la suficiente atención y ponía el necesario empeño, podría acabar descifrando el mensaje codificado entre las líneas que la contemplan de manera impertinente desde la pantalla de su ordenador. Al final del día está casi convencida de que el jodido mensaje es "Zorra". Ahora sólo le queda averiguar quién es el emisor y cifrador de tan degradante calificativo. ¿Su jefe o la cornuda mujer de su jefe? ¿O quizá alguna de esas mojigatas compañeras de trabajo cuyos maridos se van de putas ante la manifiesta y palmaria incapacidad de sus mujeres para satisfacer sus demandas sexuales? En cuanto al 10 % restante de su jornada laboral, lo ha dedicado a fingir que no escuchaba ninguno de los cuchicheos maliciosos provocados por su inesperado regreso. Pocos esperaban que se atreviera a volver a la escena del crimen y todo el mundo la critica por su falta de escrúpulos y su cínica conducta. A Marta le gustaría gritar a los cuatro vientos las veces que hizo horas extras en el despacho de su felizmente casadísimo jefe; pero se reprime, porque aún conserva la absurda e infundada esperanza de volver a follar encima de la mesa de caoba donde comenzó todo. Al menos así ganaría una pequeña batalla, aunque sepa de sobra que la guerra está perdida desde antes de que se declarara el bélico conflicto.
sábado, 3 de enero de 2009
Mi canción del día
Porque no paro de escucharla.
"Quiero que me digas cómo haces para verme sufrir, que me digas lo que haces. Que me digas cómo haces para hacerme feliz, que me digas lo que haces". "Dicen tus amigos que ahora estás con otro tipo y a ti te está creciendo la nariz". "Sabes que mis manos se deshacen por tus huesos mientras te espero aquí en Madrid". "Mírame a los ojos. El chaval de tu vida".
"Quiero que me digas cómo haces para verme sufrir, que me digas lo que haces. Que me digas cómo haces para hacerme feliz, que me digas lo que haces". "Dicen tus amigos que ahora estás con otro tipo y a ti te está creciendo la nariz". "Sabes que mis manos se deshacen por tus huesos mientras te espero aquí en Madrid". "Mírame a los ojos. El chaval de tu vida".
Elisa
Elisa se quiere morir. O, quizá, se está muriendo. No sabe muy bien cuál de estas opciones se ajusta más a la realidad. Se ha levantado con la nariz convertida en una fábrica a destajo de viscosos y verdes mocos, un dolor persistente que amenaza con taladrarle la garganta, una jaqueca resistente a altas dosis de ibuprofeno y una fiebre que ralentiza sus capacidades mentales y tan pronto le provoca escalofríos como sofocos. Al principio, ni siquiera podía moverse de la cama: simplemente carecía de fuerzas para ello. A media mañana, después de haberse rendido a la evidencia de que ni siquiera iría a la última hora de clase, en un esfuerzo hercúleo, logró arrastrarse hasta el cuarto de baño y proveerse de las drogas necesarias para sobrevivir unas horas más. Atontada, congestionada, destemplada, débil, cerúlea, confusa, desorientada, mareada, temblorosa, inapetente, con una bola de mocos obstruyendo su garganta e impidiéndole tragar cualquier alimento sólido y un malestar generalizado que dificulta un adecuado y ansiado descanso; Elisa lleva todo el día refugiada bajo la cálida y mullida protección de su edredón nórdico. No puede moverse y tampoco tiene gran interés en hacerlo. Ya irá al médico mañana. O pasado mañana. O quizá haya suerte y se cure sin necesidad de acudir a ningún matasanos. Siente perderse las clases, pero una moribunda como ella no puede desplazarse hasta la facultad sin perecer en el intento. Y es que Elisa, como no está acostumbrada a estar mala, en cuanto contrae cualquier nimia enfermedad siempre piensa que se halla al borde de la muerte. No soporta el dolor ni la inmovilidad asociada a cualquier tipo de enfermedad. Su impaciencia consustancial le impide concebir la idea de permanecer postrada en cama una semana entera. Ni siquiera tiene fuerzas para llegar hasta el sofá y poner la tele. Tampoco le apetece verla. Le gustaría dormir eternamente, pero lo más que consigue es conciliar un sueño ligero poblado de pesadillas hiladas con las hebras de sus más recónditos temores.
Australia

Una historia insulsa, típica y tópica. Unos personajes planos con la profundidad psicológica de un charco. Unos diálogos estúpidos y sin ningún tipo de interés. Unas interpretaciones mediocres por parte de grandes actores que, en ningún momento, se molestan en creerse su papel. Una música totalmente desacompasada con las imágenes. Un metraje insoportablemente largo. Muchos medios económicos malgastados en hacer una película supuestamente épica que no llega ni a la suela de los zapatos de las grandes producciones cinematográficas de antaño. Un despropósito de principio a fin. 3'5 € tirados a la basura y casi tres horas de mi vida totalmente desperdiciadas.
Por favor, no la veáis. No merece la pena.
jueves, 1 de enero de 2009
TOP 10 2008
Y hoy, en el número uno, "Standing next to me" de The Last Shadow Puppets. Qué mejor manera de inaugurar el 2009 que con la mejor canción, para mi gusto, claro está, del 2008. Temazo donde los haya.
PD: ¡Feliz año nuevo!
PD: ¡Feliz año nuevo!
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Standing next to me,
The Last Shadow Puppets
César
César no quiere volver a experimentar esta indescriptible e incómoda sensación: una corriente eléctrica de bajo voltaje traspasando todas y cada una de las células de su cuerpo, un ligero mareo que nubla momentáneamente su vista, el estómago que se eleva hasta la garganta y amenaza con salírsele por la boca (como si estuviera montado en una estúpida montaña rusa), sus piernas convertidas en temblorosa gelatina de fresa, su cerebro colapsado incapaz de fabricar ningún pensamiento racional o coherente, las palabras atascadas en su garganta, los reflejos congelados, el corazón arrítmico, una apnea que puede llegar a asfixiarlo y un sudor frío perlando sus sienes; sólo por haberse tropezado inesperadamente con Elisa al doblar la esquina de un pasillo de la facultad. No puede dejar que nadie se dé cuenta de tan magno cataclismo. No puede permitir que alguien sospeche la verdad. Así que intenta continuar andando sin caer en el negro precipio de la indeferencia de Elisa. Se siente como un niño dando sus primeros pasos, pero sin la protección de los solícitos brazos de sus progenitores para amortiguar el dolor de un posible golpe. Y finge escuchar atentamente el incesante y cansino parloteo de sus supuestos amigos, al mismo tiempo que petrifica en su rostro su mejor sonrisa profident. No sabe si será capaz de llegar hasta la protección de las sillas de la cafetería. Reza por aguantar un poco más, pero el recuerdo de los profundos ojos de Elisa a menos de un metro de su boca impide la normalización de sus constantes vitales. No entiende los poderes sobrenaturales de esa asocial muchacha con mínimos pechos que desconoce el significado de la palabra maquillaje. Y, al rememorar el olor a limón que exhalaba su cuello, el inestable suelo sobre el que camina comienza a ondularse excesivamente, dificultando de forma sobrehumana su doloroso camino hacia el cadalso de un amor que no puede permitirse.
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