martes, 12 de mayo de 2009

Rojo fuego




It is said that, once in a blue moon, there is a perfect day. Do three hours make a day?

Fluyendo

- Cuando todo encaja perfectamente es hora de comenzar a desconfiar.

- O tal vez haya que dejarse llevar.

- ¿Al País de Nunca Jamás?

- No, sólo hasta desembocar en el mar.

domingo, 10 de mayo de 2009

Mi canción del día

Ayer, una de las personas más importantes de mi vida me preguntó qué significaba "Punto sin retorno" y no tuve ni idea de qué responderle. Incluso me vi obligada a releerme la entrada en cuestión, porque no recordaba exactamente qué coño había escrito. Y es que últimamente no me entiendo ni yo. Supongo que si fuera un tercero imparcial pensaría que la entrada en cuestión quiere plasmar la idea de que, a veces, para que no te abandonen es necesario perseguir a la persona que huye, siempre y cuando la huida se deba más al miedo o a la inseguridad que a otra cosa. Y, sin embargo, siempre hay un punto a partir del cual es imposible lograr que el objeto de nuestra persecución vuelva a nuestro lado. No obstante, lo cierto es que todo se me ocurrió en la ducha y que no sé por qué, cada vez que pienso en ello, me acuerdo de El Pistolero y de La Torre Oscura, aunque tampoco consigo trazar una clara conexión entre ellos. Aunque supongo también que esta entrada es el fragmento de una historia que aún no ha sido contada y que anda flotando en el aire esperando que alguien sintonice la frecuencia adecuada y la transcriba. Y como supongo que, más que aclarar las dudas que pudieran suscitarse en torno a "Punto sin retorno", lo que he hecho es acrecentarlas intentaré compensar a los dudantes metódicos que me leen o pueden leerme explicando de forma clara y sencilla la génesis de "En el cine": Después de mi cabreo del viernes por la incompetencia de la gente, la desorganización total y absoluta, el despilfarro de recursos y una pérdida insultante de mi tiempo, el sábado me acordé de "Un día en el mundo" de Vetusta Morla:



A buen entendedor pocas palabras bastan. Aunque, para qué engañarnos, "En el cine" pertenece a la misma historia que "Punto sin retorno", pero aún no termino de sintonizar bien la frecuencia adecuada en la que yacen suspendidas las palabras que la narran.

sábado, 9 de mayo de 2009

En el cine

Una pantalla de cine separa tu lado de la realidad de la realidad de mi existencia y sólo cuando el sol se sitúa tras ella puedo vislumbrar la sombra de tus pensamientos cantando a pleno pulmón verdades intolerables.

Mi canción del día



Fin de semana.

"This was your mistake with the master plan.
With all the drugs you take, you can hardly stand.
After all is said and done.
Are you still having fun?

You don't know what it is you've done.
Just to show that you are having fun.

You don't know what it is you've done.
Just to show that you are having fun.

I can set you straight if you let me stay.
I hope I'm not too late.
No you won't regret it.
I can show you the way.
And make you happy today"

jueves, 7 de mayo de 2009

Punto sin retorno

- Prométeme que nunca me abandonarás.

- Tú dedícate a seguirme a todas partes y, cuando trate de huir, échame el lazo al cuello y no me dejes escapar.

- Pero eres demasiado rápido para mí.

- Pero no tengo demasiado fondo, así que terminarás alcanzándome en algún lugar antes de llegar al punto sin retorno.

Junio



In June, flowers will bloom.

miércoles, 6 de mayo de 2009

Mareos

- Si sigues mareando la perdiz acabarás echando la pota como consecuencia de un mareo monumental.
- Todo depende de la velocidad que imprima al movimiento circular. Al fin y al cabo, nadie vomita en un carrusel.
- Pero sí en la Barca Vikinga.
- Es que los péndulos sí que llegan a revolver las tripas y más si estás encerrado en una jaula.

lunes, 4 de mayo de 2009

Mi canción del día



Me gustan las chicas pop, frágiles como Marilyn por Warhol o lánguidas como Audrey cantando "Moonriver" en "Desayuno con diamantes" en un 4 de mayo.

Tropezando con fantasmas escapados de fosas comunes

Anoche volví a tropezarme con el fantasma de tu nombre, justo cuando creí que tu espíritu había dejado de rondarme. Totalmente desarmada y sin ningún tipo de defensa frente al ataque de tu recuerdo, volví a experimentar ese terremoto interior capaz de agrietar el hormigón con el que había forrado las paredes de mi corazón. La piedra caliza de mis sentimientos se pulverizó en centésimas de segundo, mientras trataba de contener el torrente salado que golpeaba tempestuosamente contra las compuertas selladas hace tiempo de mis lacrimales.
Renuncié a toda mi existencia y traté de comenzar una nueva vida, en otro continente, donde nadie hubiera descubierto el ébano de tus ojos, la calidez de tu sonrisa, la musicalidad de tus palabras, el terciopelo de tus caricias o el paréntesis de tus piernas. Veté todos los libros, todas las películas y todas las canciones que pudiera asociar contigo. Utilicé el bisturí de mi determinación para extirpar todas las huellas que dejaste en mi cuerpo y en mi alma. Traté de convertirme en una mariposa multicolor y libre, capaz de volar tan lejos como quisiera y de deslumbrar a los demás con la belleza y ligereza de mis alas; pero no pasé de una oruga normal y corriente, atrapada en un capullo del que nunca logré escapar.
Me repetía a mí misma, una y otra vez, que la distancia es el olvido; pero, en la soledad nocturna de mi inmensa cama, sólo era capaz de recordar el modo en que, como buen virtuoso del piano, lograbas arrancar notas imposibles a las teclas de mi cuerpo. Intenté llenar el vacío de mi existencia ocupando las oquedades que sólo tú habías explorado con desconocidos a los que nunca quise conocer. Los días pasaban lentamente mientras me concentraba en fingir que nunca me importaste. Las noches se hacían interminables soñando febrilmente con un reencuentro fortuito e improbable. Y poco a poco se petrificó mi amor por ti y poco a poco te enterré en la fosa común de mis errores favoritos.
Y, justo cuando pensaba que me había desintoxicado de tus narcóticos besos y de tus adictivas palabras, tu nombre atraviesa un océano, que yo pensaba infinito, para aterrizar directamente en mi periódico matutino. El artista, siempre incomprendido e infravalorado, comienza a triunfar internacionalmente. Y se me queda cara de idiota al darme cuenta de que no ibas en serio cuando hablabas de renunciar a tu sueño imposible.
Y, mientras me planteo una huida sin retorno al País de Nunca Jamás, no me queda más remedio que aceptar la verdad: la eternidad de un amor sin principio ni final, el hiperbólico dolor de una ruptura unilateral, la desesperanza de un final sin perdices, el desencanto de una vida malgastada intentando olvidarme de ti.
Y, antes de que se agoten, entro en Internet y compro una entrada para tu concierto; pues si te amo secretamente en la distancia, también podré hacerlo silenciosamente en un patio de butacas.