viernes, 18 de diciembre de 2009

Mi canción del día



Se me había olvidado lo mucho que me gusta esta peli y su banda sonora.

Lunes-Jueves

Los certámenes literarios apestan.

El periodismo apesta.

La gente que se pone en primera fila de un concierto acústico en una sala pequeña y no para de hablar y de reír como hienas apesta.

El 95 % de las películas españolas apestan.

La Navidad madrileña es mucho más bonita y entrañable que la de la ciudad condal.

Un diciembre polar mola.

martes, 15 de diciembre de 2009

Heridas sangrantes. Cicatrices enjoyadas.

Soy una princesa sin dragón disfrazada de escudero. Si me hieres, sangro la tinta con la que escribes los versos del destierro. Si me coses, una ristra de diminutos diamantes recamarán los bordes de la cicatriz.

domingo, 13 de diciembre de 2009

Mi canción del día



Mañana empieza la Navidad en el Búho Real. El año pasado no estaba en Madrid y me lo perdí. Este año no podía dejar pasar esta oportunidad. Desde julio no he podido ir a un concierto de esta señorita y tengo un mono...

"Tan fácil como hacerlo transparente de un disparo directo al esternón".

Inseguridad

- Gracias.

- ¿Por qué?

- Por abrirme los ojos.

- No te he dicho nada que tú no supieras ya.

- Pero sí muchas cosas que había olvidado hace tiempo.

viernes, 4 de diciembre de 2009

Detalles

En una historia, sólo los detalles cuentan. Si los detalles son reales, poco importa que todo lo demás sea mentira, porque quedará contagiado de la verdad de lo pequeño, lo insignificante, lo accesorio, lo aparentemente intrascendente.

jueves, 3 de diciembre de 2009

Adulterio

El adúltero poeta murió lapidado por una lluvia de metáforas arrojadas por manos inmaculadas del pecado original de atreverse a escribir una novela trascendental.

miércoles, 2 de diciembre de 2009

Best sellers

Alguien que escribe best sellers se limita a contar historias que ayudan a la gente a olvidar sus problemas de cada día.

Un buen escritor es aquél que revuelve en las tripas de sus lectores y perturba su paz mental.

Patrick Süskind es la excepción que confirma la regla.

martes, 1 de diciembre de 2009

Mi canción del día



Empieza un diciembre de premudanza no deseada.

Silvia

No es que a Silvia le guste Mario, pero tiene que reconocer que esa barba castaña perfectamente recortada y no excesivamente poblada le sienta demasiado bien como para no fijarse en él nada más entrar en la oficina cada mañana. El problema es que, desde hace una semana, ha comenzado a observarlo de lejos y a hurtadillas en diversos momentos de la jornada laboral y, desde ayer, fantasea insistentemente con la posibilidad de que él pueda ser Él. Silvia no entiende cómo un ser tan anodino como Mario ha podido convertirse de la noche a la mañana en un hombre misterioso y atractivo por el mero hecho de tener algo de vello en la cara. Por eso lo observa detenidamente a la menor ocasión; no porque le guste, sino para comprobar si se ha obrado en él algún otro tipo de metamorfosis que explique el repentino magnetismo que irradia toda su persona. Porque Silvia no es tonta y ya ha notado que no es la única que, de repente, se siente irremisiblemente atraída por Mario. Aunque Lidia, Merche y María no se limitan a observarlo de lejos, como hace ella, sino que han pasado al ataque hace un par de días y aprovechan los quince minutos del desayuno para tirarle los trastos a Mario antes de que alguna otra zorrita de tres al cuarto aviste la apetecible presa y aumente la competencia para cobrar tan exquisito trofeo de caza. No, Silvia no entrará al trapo y seguirá preguntándose en la distancia cómo una barba de más o de menos puede cambiar tanto las cosas, al mismo tiempo que imagina cruentas y dolorosas muertes para las tres arpías que ya han tomado la iniciativa. Lo que Silvia no sabe es que no es la barba de Mario lo que ha marcado un antes y un después, sino la forma en la que él la mira a ella. Antes, Mario soñaba con la posibilidad de que Silvia, algún lejano y remoto día, se enamorara de él. Ahora sabe que lo hará antes de lo que ella misma podría nunca imaginar y la mira como si ya fuera suya desde antes incluso de verse por primera vez. Y Silvia, casi sin darse cuenta, ha interiorizado esa hipnótica y segura mirada e imperceptiblemente se ha entregado a él. También las tres cazamaridos fueron inconscientemente conscientes de ese compromiso no escrito pero imposible de romper entre Mario y Silvia y comenzaron a luchar para destruir lo indestructible, para derribar las murallas de Jericó del amor incondicional de Mario al son de las trompetas de la provocación sexual.