No sé quién soy. No sé quién quiero ser. ¿Te quiero a ti o sólo quiero a alguien que me quiera? He vuelto a atisbar el pecado que nunca me atreveré a cometer y, sin embargo, por primera vez, me he creído capaz de cometerlo en un futuro. Por muy jodido que sea. Pienso en ti todo el tiempo y no lo sabe nadie. A veces, ni siquiera yo misma. Esto no es una metáfora. Tampoco un plagio. Es sólo una de tantas verdades posibles. ¿Quién es Dios? ¿Quién soy yo? ¿Quién eres tú cuando nadie te mira, ni siquiera yo? No sé qué quiero decir. No sé a dónde quiero llegar. No sé cómo fagocitar mi ego y dejar que salga todo lo que soy cuando no soy. Nada de esto tiene sentido, pero he de aprender a monetizarlo. No por mí, sino para poder seguir haciendo, para dinamitar todas y cada una de las excusas del miedo. Aprender a ser sin que me importe lo que los demás esperan que sea. Anteponer mi verdad a la suya. Ser, dejar de ser y volver a ser. Eso es todo lo que espero y, aun así, he vuelto a posponer el sueño (en todos los sentidos). Sé tú por mí y luego despiértame sin que me encuentre.
No hay comentarios:
Publicar un comentario