miércoles, 7 de abril de 2010

Semana Santa linarense



Cada vez estoy más convencida de que las tallas de Víctor de los Ríos son dignas del Museo del Prado.

Camuflaje

Una verdad escondida entre cien mentiras suele tener el pernicioso efecto de contagiar su veracidad a todo el falso enunciado que la encierra.

lunes, 5 de abril de 2010

Semana Santa linarense



¿El Lunes de Pascua sigue siendo Semana Santa?

Desorientación

Me equivoqué de calle y se extinguió la posibilidad de cruzarme en tu camino. Seré un obstáculo para ti y tú una diagonal para mí. Y me quedaré plantada en el medio de la nada, con los brazos en alto y las piernas ancladas al asfalto e impediré que la manifestación se manifieste y que los huelguistas huelguen, que proclames lo que hay y que te calles lo que habrá.

domingo, 4 de abril de 2010

Semana Santa linarense



Esto se acabó y yo siempre me quedo con ganas de más.

Juan

Juan siempre quiso tocar la trompeta, pero sus padres prefirieron comprarle un tambor. Enfadado con el mundo y maldiciendo a sus dictatoriales progenitores, Juan empleó toda la tarde del Jueves Santo y la mañana del Viernes en aporrear sin ton ni son el instrumento no deseado hasta que, por fin, logró romper su tensa y blanca superficie. Aquel agujero creado por sus incesantes e iracundos golpes lo fascinó como nada hasta entonces lo había hecho y no tardó mucho en decidir que quería seguir asesinando tambores a ritmo de baquetas furibundas. Muchas fueron las víctimas de su rabia reprimida. Innumerables tambores de juguete fallecieron sin rechistar y otros muchos de verdad sucumbieron sin protestar cuando Juan entró a formar parte de la banda municipal. Todos ponderaron siempre sus habilidades tamboriles y nadie sospechó nunca que cada apasionado redoble trataba de aplastar al virtuoso trompetista de jazz aprisionado en el pecho de Juan.

sábado, 3 de abril de 2010

Semana Santa linarense



Esto se acaba.

La corte de los milagros

Los milagros existen cuando no estoy mirando, cuando he dejado de creer en ellos, cuando me he rendido ante la imposibilidad de alcanzar lo inalcanzable. Los milagros surgen de la nada, sostenidos por la fe de un corazón en llamas, alimentados por los gritos de gargantas incendiadas, espoleados por los ánimos de cien mil miradas ansiosas por ver lo nunca visto. Los milagros pueden parecer simples trucos de magia, conejos blancos que surgen por generación espontánea en el fondo de una chistera vacía dos segundos antes. Los milagros se camuflan bajo el disfraz de un acontecimiento normal y corriente, pero si rascas un poco acabarás deslumbrado por el brillo del oro de lo extraordinario. Los milagros sólo tratan de convertir a los ateos en creyentes acérrimos y de reforzar la fe de los que creen en lo que no pueden ver. Los milagros me desarman y me alarman. Los milagros son aquello en lo que crees sin creer, aquello que te roza sin querer, lo que nunca has sabido detener, un mar que se parte en dos, un pecho que se rompe en tres, una boca que se abre hasta los pies.

jueves, 1 de abril de 2010

Semana Santa linarense



Llegan los dos días grandes.

La cueva

No es lo mismo estar contigo que sin ti, besarte que soñarte, tocarte que recordarte. Te me escapas entre los dedos y te evaporas como un charco a pleno sol y yo no me decido a saltar al vacío, descender la montaña de mis dudas y navegar en el lago de la incertidumbre. No sé prever la lluvia y me aterra la idea de mojarme con la nada de tu abandono. Me refugiaré en la cueva de mi soledad y trataré de encender un fuego iridiscente con un chasquido de mis dedos y el pedernal de mi imaginación desbocada y no coartada por mil ideas preconcebidas que nunca arraigaron en ninguna de mis neuronas. Veré crecer mis uñas y no podré mesar tu barba, pero poco importa cómo matar el tiempo cuando te quedas colgada de una estalactita chorreante de reproches y fantoches.