Mónica tuvo una infancia feliz y opulenta, llena de juguetes, cuentos de hadas, películas de Disney y galletas de chocolate. Su padre le procuró no sólo todo aquello que necesitaba, sino también todo aquello que podría llegar a desear mínimamente.
Akeem tuvo una infancia mísera y paupérrima, llena de hambre, sed, suciedad y balones de fútbol hechos con trapos. Su madre, incapaz de comprarle lo imprescindible para satisfacer sus necesidades más básicas, trataba de alimentarlo con besos, caricias, abrazos y palabras de amor susurradas al oído justo antes de cerrar los ojos para tratar de dormir, ignorando los rugidos de un estómago casi vacío.
Blog en el que buceo en universos paralelos distantes y distintos encerrados en el centro de un protón del núcleo del átomo de mi existencia.
domingo, 17 de abril de 2011
Corolario de la quinta ley de la química lunática
Todo rey busca una reina a la que coronar con una pesada e insostenible cornamenta.
sábado, 16 de abril de 2011
Tres céntimos (I)
Mónica nació en la Clínica Quirón de Barcelona, el 6 de enero de 1.981. Nada más verla, su padre supo que era el mejor regalo de Reyes que tendría nunca. Los años posteriores no hicieron más que confirmar esa primera certeza.
Akeem nació en uno de los chamizos más pobres de una de las aldeas más subdesarrolladas de Nigeria, un día indeterminado del mes de enero de 1.981. Nada más verlo, su madre supo que había traído al mundo una boca a la que no podría alimentar. Los años posteriores no hicieron más que confirmar esa primera certeza.
Akeem nació en uno de los chamizos más pobres de una de las aldeas más subdesarrolladas de Nigeria, un día indeterminado del mes de enero de 1.981. Nada más verlo, su madre supo que había traído al mundo una boca a la que no podría alimentar. Los años posteriores no hicieron más que confirmar esa primera certeza.
martes, 12 de abril de 2011
Anuncios lunáticos (III)
Mujer de enorme personalidad busca gigante mitológico que la haga sentir liliputiense.
miércoles, 6 de abril de 2011
Saltar en horizontal
El dolor es demasiado grande para encerrarlo en una pompa de jabón. La rabia se escapa por todos los poros de tu piel y el deseo de echar a correr comienza a propulsar tus estáticos pies. Gritas a la nada que esta vez no te quedarás parada; pero, en realidad, la marcha fue cancelada. El precipicio está demasiado cerca. Contemplas el otro lado, la tierra prometida, las aguas cristalinas, las flores matutinas. Sueñas con saltar, pero no te atreves a hacerlo en horizontal, sino que te conformas con la verticalidad. Arriba y abajo, nunca adelante, siempre en la misma parte. Aunque puede que un día todo cambie, que reptes hasta el fondo del valle y y escales la rocosa pared que te conduzca hasta donde todo lo que deseas puede ser, el sitio donde las pompas de jabón son capaces de encerrar el más gigantesco dolor y donde tu corazón no sufrirá un nuevo apagón.
domingo, 3 de abril de 2011
Charada
Inventemos un idioma que nadie más comprenda, un código morse de pestañeos mortecinos y repiqueteos compulsivos, unos labios que susurren palabras impronunciables, jeroglíficos sin piedra de Rosetta ni traductor simultáneo que encripten los sentimientos que nadie más entiende. Aunque puede que ya lo hayamos inventado, casi sin darnos cuenta, la primera vez que nos miramos de soslayo y comprendimos lo que nunca antes habíamos pronunciado.
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