miércoles, 8 de julio de 2009

Pulse

Todo es cuestión de pulso.

martes, 7 de julio de 2009

Mi canción del día



Porque "Tú eres un milagro y yo soy tan creyente que me arrodillo ante tu imagen como un penitente".

Porque "Se acaba el cuento y tú ya no eres la Bella Durmiente. Sabe a traición tu beso de alcohol".

Porque "Se te atraganta el corazón".

Porque "Cierra la puerta, que entra corriente. Últimamente se me cuelan las serpientes".

Porque "Cierra los ojos si te arrepientes. Ya sabes, presente que no ve futuro que no siente".

Infarto al esternón

A lo mejor estaba equivocada y no debí quedarme depositada en el medio de tu almohada.

Y quizá no debí decir que no queda sitio al que huir escapando ya de aquí.

Y, a lo mejor, sólo tal vez, no quiera conocer tu lado más cruel ni el claro del vergel del que quisiste emerger anteayer.

Y, sin embargo, sigo vomitando tus defectos sin efecto y mis miedos sin afecto.

Y las verdades sin tiento se me cuelan muy adentro y resquebrajan la firmeza de mi fiereza y tu dureza.

Me levanto de la cama y traspaso la ventana con mi mirada matutina y mis legañas vespertinas.

Y si el reloj da las dos me deslizaré por el corredor que conduce a tu oscuro corazón.

Puede que no haya espacio para dos, pero hay que intentar buscar un poco de calor.

Y me apoyo en el mostrador de tus sueños sin ton ni son y canciones desterradas de tu imaginación.

Y pido un bis que no resonará.

Y el piso de protección oficial tiembla sin parar.

El terremoto de tu adiós me parte la canción.

El ritmo y el compás se pierden en el qué dirán.

Y comienza a soplar el huracán del Yucatán.

La playa abandonada se tiñe de madrugada con tu desbandada.

No creo en barcos que regresan a buen puerto antes de que todo esté bien muerto.

Y los marinos no saben ser maridos ni aunque lo hayan decidido antes de haber partido.

La espada no afilada se clava en la columna de la espalda de mi alma.

La vértebra descalcificada ya no tiene más parada que el infarto al esternón.

El duro mecanismo se asoma al abismo que a duras penas atisbo.

Y se despeña una pequeña piedra.

Y me mareo al pensar que fuiste tú quien murió sin remisión.

Quizá, sólo tal vez, el desfibrilador sepa recomponer lo que había entre tú y yo.

Y el lazo se deslaza mientras el perro ladra junto al oído de tu resquemor.

Ya no queda nada en el cajón.

Ni ruido en la habitación.

Y se deshacen los susurros antes de caer del burro de tu indignación.

Y se apaga la tétrica canción antes de sonar las dos.

lunes, 6 de julio de 2009

Mi canción del día



Porque no hay mucha diferencia entre una piedra y una estatua de sal: ambas están vivas, pero son incapaces de moverse. Y porque hace tiempo que tenía que haber puesto una canción de mi grupo favorito. Y porque me gusta hablar de indecisiones, de los días que escapan y de lo extraña que soy. Y porque siempre hay sombras que alumbrar y ecos que callar. Y porque no tengo remedio. Y porque ésta es una canción perfecta para cualquier día.

Piedras

En el lecho del Río Júcar hay una piedra marina. Nadie, ni siquiera ella misma, sabe cómo llegó hasta allí. Nuestra pétrea protagonista finge ser una más entre las que no son iguales a ella. Algunas de sus vecinas intuyen su singularidad, pero otras prefieren fingir que no es especial. No obstante, cualquiera que se fije detenidamente atisbará los restos de sal que aún se aferran a su fría superficie. Y si existe algún zahorí que se deje caer por allí se dará cuenta de que, encerrado en su centro neurálgico, permanece todavía el rumor de las olas que la envolvían en su más tierna infancia. En cualquier caso, nadie, ni siquiera ella misma, recuerda que una tórrida noche de verano una niña de cuatro años soñó que era Dios y que controlaba la existencia de los estúpidos mortales que pululan por ese extraño planeta llamado Tierra. Fue al despertar cuando esta inocente criatura tomó conciencia de que no es ni será nunca omnipotente. Si hubiera sabido escribir habría redactado miles de tratados filosóficos para hallar una explicación racional y lógica para su angustia existencial. Y si hubiera tenido cinco años más, tal vez, habría podido verbalizar el origen de su crisis vital. Incapaz de fingir que no son lágrimas los ríos que bañan su mejillas hasta caer en el mar, en el que flota sostenida por sus fieles manguitos, busca desesperadamente la manera de acallar los gritos de su alma. De repente, comprende el auténtico significado de la palabra venganza y decide hacer daño al Creador trastocando el orden natural de su Obra. Y así, cuando con pasos titubeantes comienza a abandonar el abrazo del Mediterráneo, se agacha y apresa entre su dimuntas garras una piedra próxima a la orilla, robándosela al bamboleante mar levantino. Y la acuna entre sus dedos para consolarla por haberla alejado de su preconcebido sino. Tres meses permaneció la pequeña piedra marina encerrada en el bolsillo de la atormentada niña de cuatro años. Hasta que, un día de otoño, en que sus padres la llevaron de excursión, la pequeña Hera decidió entregar su secuestrada al Júcar. Supongo que la conciencia le pesaba demasiado en el bolsillo y la ocasión la pintaban calva. O puede que el agua dulce quisiera fundirse con una micropartícula de mar y transmitiera a la niña, a través del viento, su imperioso deseo. Pero todo esto ocurrió cuando nuestra pétrea protagonista era muy joven y ya se sabe que los traumas infantiles se olvidan con facilidad, sobre todo, cuando no tienes un cerebro hiperactivo que te los recuerde constantemente. Aunque la verdad es que el cerebro de la niña existencialista olvidó también que ella, una vez, jugó a ser Dios y cambió el destino de una piedra insignificante. Y es que los dioses suelen olvidar sus obras más pretéritas y buscan siempre nuevos juegos que entretengan a sus inquietos espíritus, esquivando el mortal aburrimiento que los acecha eternamente.

domingo, 5 de julio de 2009

Roger Federer



Hoy este hombre ha ganado su sexto título de Wimbledon y a mí me ha jodido la vida doblemente. En primer lugar, porque le ha arrebatado el número uno mundial a Nadal. Aunque, seamos sinceros, tampoco es que esto me joda mucho. Seguro que, en cuanto se recupere físicamente, Rafa nos vuelve a brindar batallas épicas con el suizo para recuperar el trono perdido. En realidad, creo que es lo mejor que podía pasar. Nadal no sólo está cascado físicamente, sino que también arrastra un gran cansancio mental. No es lo mismo defender tu supremacía que luchar por superar a uno de los mejores tenistas de todos los tiempos. A las personas como Rafa les motiva mucho más lo segundo que lo primero. Y a las personas como a mí les divierte mucho más lo segundo que lo primero. Que ganar por obligación no tiene mucha gracia, pero hacerlo contra todo pronóstico es algo increíble. Así que lo que realmente me ha jodido es lo segundo. Y es que Federer ha superado a Sampras en número de Grand Slams ganados y eso sí que no lo soporto. El bueno de Pete fue el culpable de que me enamorara del tenis. Y puede que no sea el mejor tenista de la historia, pero para mí siempre lo será. Ni siquiera lo de Rafa se puede comparar a lo de Sampras. Al fin y al cabo, nunca ha habido ni habrá ningún jugador que juegue de esa manera al saque y volea. Todavía recuerdo sus partidos. Sus rivales eran perfectamente conscientes de que romperle el saque era prácticamente misión imposible, así que se limitaban a rezar por no perder el suyo y que sonara la flauta en el tie break. El problema es que Sampras también era un gran restador y cuando terminaba el partido la moral del jugador derrotado estaba bajo mínimos, sepultada bajo un sinnúmero de saques perdidos y aces hirientes. Y yo disfrutaba. Disfrutaba como sólo otros dos tenistas me han hecho disfrutar: Arancha y Rafa. Pero éstos por otros motivos. Y es que si Sampras era técnicamente increíble, creo que el pundonor de los españoles citados es inigualable. La cuestión ahora es doble. En primer lugar, ¿qué prefiero? ¿Técnica o pundonor? No tengo ni idea de lo que es mejor, pero sí sé que me quedo con Sampras. Puede que porque con él descubrí el tenis y aprendí a amar este deporte. O puede que porque él me enseñara lo importante que es el factor psicológico, no sólo en el tenis, sino en la vida. O puede que porque no ha habido tenista más elegante en Wimbledon (y no me refiero sólo a su forma de jugar). La verdad es que no tengo ni idea del motivo de mi elección, pero Sampras es Sampras y punto. Y aquí es precisamente donde surge la segunda cuestión, ¿por qué nunca me he enamorado de Federer si el suizo es incluso mejor técnicamente que Sampras? Porque, llegados a este punto, y por mucho que me duela, creo que todos debemos reconocer que Federer es el mejor tenista, al menos técnicamente hablando, de todos los tiempos. Así que ¿por qué no sólo no me enamoré en ningún momento de su juego, sino que, desde el primer partido que le vi, deseé que perdiera con todas mis fuerzas? Supongo que Roger me cayó mal. La cuestión, nuevamente, es ¿por qué? Puede que porque me pareció un soberbio, pero esto no es una gran razón, más bien todo lo contrario. ¿Acaso no es soberbio Jordan? ¿O Rossi? ¿O Michael Johnson? ¿O el mismo Sampras? Hay muchos soberbios a los que admiro profundamente, así que ésa no es la cuestión. Y, tras mucho pensar, creo que la respuesta es bastante clara: Federer es frío y cuando digo que es frío no me refiero a que no exteriorice sus sentimientos, que Sampras casi nunca lo hacía, sino a que no disfruta jugando al tenis. Le pasa igual que le ocurría a Martina Hingis: juega al tenis porque se le da bien, pero no ama este deporte. Es una máquina perfectamente engrasada capaz de acabar con cualquier rival con su repertorio de golpes perfectamente ejecutados y saques mortales, pero no siente lo que hace y, por eso, disfruto tanto cuando pierde. Es como ver al Terminator sufriendo un cortocircuito un segundo antes de aniquilar a John Connor. Gana el humano y muere la máquina. Y si el humano es español y nunca se da por vencido, mejor que mejor. Y sí, Federer es humano, porque cuando perdió el Open de Australia lloró como un niño de tres años el primer día de guardería. Pero a mí no me dio ninguna pena. El que me daba pena era Nadal, que no podía disfrutar de su momento de gloria porque le dolía ver a su ídolo en ese estado por su culpa. Supongo que los robots también tienen pataletas cuando dejan de ser el centro de atención y, sobre todo, cuando se dan cuenta de que un humano hace mejor que ellos su trabajo. Eso sí que debe joder. Ahora a esperar a que Nadal le vuelva a arrebatar el cetro (y no me refiero sólo al de número 1).

sábado, 4 de julio de 2009

Yogures caducados

Las hormonas del amor caducan y la corriente eléctrica deja de fluir. El secreto está en retirar los dedos antes de que se produzca el doloroso chispazo.

miércoles, 1 de julio de 2009

Olvidos y ausencias

- ¿Me olvidarás en cuanto me dé la vuelta?

- Por supuesto, pero siempre recordaré el aroma de tu ausencia.

martes, 30 de junio de 2009

Mi vídeo del día



Porque tiene que estar bien tener un sitio en el que poder gritar. Porque quiero correr con antifaz. Porque me gustaría grabar versos imposibles en bancos desubicados. Porque los cuchillos de plástico también cortan corazones. Porque quiero trazar historias con compás. Porque me gustaría escuchar la música de cristales apedreados. Porque hay cortes que no duelen y sangre que no mancha. Y porque Lyona es una puta crack haciendo vídeos.

Amnesia

A veces se me olvida lo que pienso y otras pienso que olvido lo que nunca desaparece de mi mente.

Puede que no creas en mí.

Puede que dudes de ti.

Puede que debas alejarte de aquí.

O puede que esto sólo sea una fase sin desfase que acelera o ralentiza toda tu existencia dependiendo de hacia donde sople el viento de tu aliento.

Se me rompen las entrañas y se me quiebran las legañas cuando al despertar escucho que hace mucho que extrañas no tener maña para abrir castañas.

Será que echas de menos la navidad oportunista de tus tías consumistas.

Yo me quedo con el verano sin patrimonio de los que están hasta el moño de correr en pos del sueño americano.

Me conformo con tener un enano que encante mis noches sin dueño y me cante nanas cuando no tenga sueño.

¿Recuerdas los versos hechizados del poeta malhadado mal recitados por el chaval nunca perdonado por dejar de jugar antes de mirar su edad?

Sé que sigues siendo Peter Pan.

Pero yo nunca fui Wendy. Ni siquiera Campanilla. Tan sólo una niña perdida amada sin medida por los escondrijos del bosque animado.

Y no me digas que se acabó lo que se daba, porque sólo yo decido el momento en que comienza el olvido.