Nubes y olivos. Yo me muevo, pero ellos permanecen paralizados al otro lado del cristal. Lo intento, un poco cada día; a veces, más. No soy valiente, sólo impulsiva, puede que incluso insensata, pero ¿se puede calificar así a quien conoce perfectamente las diferentes posibles consecuencias de sus actos? Dicen que quien no arriesga no gana, pero yo arriesgo siempre para perder, persiguiendo la derrota, porque sólo en la pérdida hallo consuelo (e inspiración). Nubes y olivos y esa sensación de que todo lo que necesito está aquí, pero se me escapa. Esta tierra me ancla, por más que intente soltar amarras. Mi cuerpo pertenece a tu cuerpo. No lo sabía hasta que te conocí. Es una sensación física, una agitación trémula que irradia desde mi ombligo hasta la última punta de mis dedos. Nubes y olivos, recordándome lo lejos que mi carne anda hoy de ti. Rebobinar el tiempo, volver a planear bajo la lluvia, mezclar mi vino y tu cerveza, engarzar hasta el último milímetro de nuestras lenguas. Masturbarme pensando en ti sólo subraya tu ausencia.
No hay comentarios:
Publicar un comentario