sábado, 31 de octubre de 2026

Insomnios (II)

Deshago nudos de madrugada, cuando todos duermen y yo, sabiendo que también debería hacerlo, me declaro en rebeldía. Escucho al hombre de la voz de caverna de dragón y a la mujer que se emborracha en los hoteles. Mis demonios son almas gemelas de los suyos, pero los míos devoran las entrañas con la misma ferocidad con que este puto país de mierda se desangra, sin que nadie sea capaz de taponar la herida. El Horror ya no me enfurece como antes; pero sé que, a poco que agiten mis cimientos, sigo siendo capaz de mutar en leona enfebrecida tras la herida. ¿Todos los toros aullamos desesperados a la luz de la luna? ¿Qué obscenidades susurra Apolo en los castos oídos de Diana? ¿Y cómo contiene ella la humedad entre sus piernas, el deseo palpitante sobre las sábanas que el servicio de habitaciones olvidó cambiar, el minibar destripado sobre la moqueta de los años 60? ¿Quién se deshace entre lágrimas de rímel cuando enfrentas el espejo? El escozor del tajo en el abdomen me impide pensar con claridad, pero intuyo que no hay ningún universo paralelo en el que tú y yo no acabemos bautizando estrellas innombrables. El nudo permanece, los discos se acaban, las metáforas se estancan, el dolor se propaga a partes del cuerpo que consideraba definitivamente clausuradas. ¿Cómo explicarte que me apuñala cada átomo de incendio, aunque el fuego ya no prenda entre mis vigas? Trato de entenderlo, de simplificar todo lo complejo; pero me faltan noches rasuradas de conciencia, neuronas cortocircuitadas por las dudas, boas constrictors que estrangulen mi cordura. No quiero soñar verdades que olvidaré cuando despierte; así que mantengo los ojos abiertos, pulso el play y vuelvo a sumergirme en el abismo de aquéllos que han intuido demasiado, sin llegar a ver nada, en realidad.

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