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martes, 7 de agosto de 2012

El hundimiento (III)

Bailemos. Juguemos. Cantemos. Finjamos que no viajamos en un Titanic que se hunde. Riamos por fuera, aunque lloremos por dentro. Pero ten cuidado. Los payasos llevan flores que arrojan agua a la cara de los espectadores. Puede que algún día no haya agua con la que llenar la flor y sea un ácido corrosivo el que salpique tus despreocupados ojos burgueses, absortos en la contemplación de este circo que hace tiempo que dejó de ser el mayor espectáculo del mundo.

domingo, 29 de julio de 2012

El hundimiento (II)

No sé cómo lo hacen, por qué la gente camina como si nada pasara, como si el mundo no se acabara, como si el suelo no se hundiera, como si sus vidas no se destruyeran. Tal vez sólo yo me ahogo en arenas movedizas, tal vez sólo a mí se me traga la tierra.

domingo, 22 de julio de 2012

El hundimiento (I)

Hay un cobarde hablando ante las cámaras. Los periodistas hacen fotos y toman notas. Los mercados aplauden las mentiras, pero continúan crispados. Europa se da palmaditas en la espalda por haber conseguido volver a hundir a los débiles. Los valientes emigran y la masa sólo protesta entre susurros. Señalar con el dedo siempre ha sido de mala educación. Lo enseñan todas las madres. No importa que el apuntado sea un culpable. Pero siempre hay un niño desobediente que grita que el Emperador va desnudo. Por eso Herodes trató de exterminar a todos los inocentes y, aún así, se le escapó el que buscaba. Dejad que termine el desfile. Si ningún niño abre la boca será porque los padres que amordazan han ganado la batalla. Morded las manos que os sellan los labios. Desatad las lenguas. Corred descalzos. No os importe que se os claven las piedras. La sangre derramada es la que gana las guerras.