- Creo que, por fin, ha llegado la hora de poner en práctica el plan A.
- Querrás decir el plan B.
- Te equivocas, quiero decir el plan A. Lo que he vivido hasta ahora ha sido el plan B, a veces, el C y, en ocasiones, el D. Acometer el plan A me ha dado siempre demasiado miedo. Si fracaso, el dolor sería un puñetazo en la boca del estómago. Pero el plan B ya no resulta suficiente. La caída ha dejado de asustarme. No tengo nada (importante) que perder. Si me estrello, que nadie recomponga mis pedazos. Si despego no intentéis seguir mi rastro.
Hoy, más que nunca, me gustaría estar en Madrid. Un directo que nunca jamás me ha decepcionado, más bien todo lo contrario. Un disco para enmarcar. Una canción que siempre me provoca ganas de saltar.
"Si nos vemos en otro lugar del mundo, donde no estaremos juntos".
He de reconocer que la primera vez que escuché "Cuando el destino nos alcance" casi me horroricé. Una tiene malos días de vez en cuando. La segunda vez fue muy distinta. Vale, no se trataba del sonido habitual de los granadinos, pero es que el resultado era aún mejor que todo lo conseguido hasta entonces. Letras más reivindicativas, melodías más electrónicas y la misma rotundidad de siempre en directo (y si alguien tiene dudas que le pregunte a cualquiera de los que tuvimos la suerte de asistir a su concierto de La Riviera o a la también mítica actuación del Sonorama). Y es que con canciones como "Mi realidad" es muy difícil no cabar en el número 2 de cualquier lista de grandes éxitos del último año. Todos a bailar, saltar y cantar a voz en grito la canción que podría convertirse en el himno indie por excelencia. Señoras y señores, con todos ustedes, los siempre gigantescos Lori Meyers.
"Psicoanalistas deprimí con un trastorno bipolar. Razones para desistir y tiempo para imaginar mi mundo que es mi realidad, mi mundo que es mi realidad. Yo no necesito hablar para expresar una emoción. Me basta sólo con mirar. Pero sí necesito amar. Es mi única ambición. Es lo que necesito".