Mostrando entradas con la etiqueta Pedro Casariego Córdoba. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Pedro Casariego Córdoba. Mostrar todas las entradas

martes, 14 de febrero de 2012

Mi cita del día

Porque creo que hoy es San Valentín o algo así.

martes, 17 de mayo de 2011

Mi cita del día

"Ah lector
aprenderás a mojar las aguas
con tus cejas de carcajada
o con un poco de lluvia.
Se ajetrean
los buscadores de perlas
todos ellos veteranos de guerra
vestidos desvestidos
por la compañía naviera".


Pedro Casariego Córdoba

martes, 1 de febrero de 2011

Mi cita del día

"Fantaseemos
propuso Nadezhda
fantaseemos fantasías:
El más feroz
de los escorpiones automáticos
grita con acento extranjero".


Pedro Casariego Córdoba

jueves, 29 de julio de 2010

Mi cita del día

"Sólo te echo de menos cuando estás conmigo".

Pedro Casariego Córdoba.

jueves, 17 de junio de 2010

Mi cita del día

"CALMA no quiero enloquecer mientras te hablo CALMA CALMA voy a hablarte con otra voz con una voz mucho más fría"

Pedro Casariego Córdoba

domingo, 13 de junio de 2010

Mi cita del día

"y aventureros
los lirios llovidos de tu dolor.
Ah todo mi sentir
repitiendo ansias
entrelazándote
y devorándote
sin sobrevivirte
oh juro
que habrá un éxtasis
en tu letanía
en tu frágil
letanía de pómulos y colorete".

Pedro Casariego Córdoba.

sábado, 12 de junio de 2010

Mi cita del día

"seré numerosísimo.
Oleaje de cuervos marinos
ciego como un horóscopo
te extenderá mi cuerpo
imprimiéndote
y repiqueteo
y fulminante
y afligiéndote
desvalijaré tus muslos
abiertos
invitación
y aventureros"

Pedro Casariego Córdoba.

lunes, 7 de junio de 2010

Mi cita del día

"Nuestras palabras
nos impiden hablar.
Parecía imposible.
Nuestras propias palabras."

Pedro Casariego Córdoba.

Nunca existió mente más clarividente.

viernes, 8 de enero de 2010

Pedro Casariego Córdoba (Pe Cas Cor)



Hoy hace 17 años que Pedro Casariego Córdoba se arrojó a las vías de un tren. Por aquel entonces, yo no tenía ni la más remota idea de que existía, así que no pude llorar su muerte como se merecía. Fue allá por 2000 o 2001 cuando me tropecé con él y con sus versos "No me des un beso inteligente. No quiero un beso cruel". Aunque, en aquel momento, poco sabía de la autoría de una verdad a medias tan sumamente atractiva como la antedicha. En realidad, lo único que podía afirmar por aquel entonces es que la frase había sido ideada por Pe Cas Cor. Ésa era la única información de que disponía.

Intenté buscar algo más por internet, pero sólo me topé con otras frases suyas. Nada más. Y, por alguna extraña asociación mental, me dio por pensar que se trataba de una poetisa-filósofa francesa de principios del siglo XX, una nueva Simone de Beauvoir, pero dedicada predominantemente a la poesía, en lugar de a la novela.

Hasta el año pasado no averigüé que Pe Cas Cor no era una mujer, ni era francés, aunque sí poeta y, al menos para mí, filósofo. ¿Cómo llegué a realizar tan magnos descubrimientos? Pues un día que vagabundeaba por los estantes de la biblioteca me tropecé con un libro de Nicolás Casariego. Su título, "Lo siento, la suma de los colores da negro", me fascinó inmediatamente y, después de leer en el resumen de la contraportada que se trataba de una serie de relatos, el primero de los cuales tenía por protagonista a una cucaracha, no dudé ni un segundo de que debía llevármelo a casa.

Cuando terminé de leerlo estaba tan entusiasmada con mi nuevo descubrimiento literario que comencé a buscar cosas sobre su autor y me sorprendí gratamente al averiguar que, no sólo era hermano de Martín Casariego Córdoba, como ya sospechaba, sino también de Pedro Casariego Córdoba, más conocido como Pe Cas Cor. Así se cerró un primer círculo, ya que la frase de Pe Cas Cor citada más arriba la encontré transcrita al comienzo de "Y decirte alguna estupidez, por ejemplo, te quiero"; una de las historias de amor más bellas que he leído nunca, a pesar de haber sido publicada en una colección de libros juveniles. Y, como es lógico, no pude resistirme a abrir nuevos círculos, uno por cada obra de los hermanos Casariego Córdoba que he leído o que leeré en un futuro.

De lo que no cabe la menor duda es de que Pedro fue un adelantado a su tiempo, un poeta del siglo XXIII y un filósofo de finales del XXI (de su obra pictórica no comento nada por mi amplio desconocimiento de la misma). Supongo que por eso y porque él mismo odiaba cualquier tipo de promoción de su obra es tan poco conocido. Ésa es la razón de que me ponga enferma el mercado editorial. Una industria en la que sólo se hace publicidad de quien esté dispuesto a pagar dinero por ello y a realizar las concesiones artísticas necesarias para convertirse en una máquina de fabricar best-sellers no merece ninguno de mis respetos. Ojalá los críticos literarios fueran capaces de ver más allá de sus propios ombligos y se preocuparan un poquito de ensalzar a quien merece ser ensalzado. Mientras llegamos a ese nirvana artístico, yo no me cansaré de repetir que Pe Cas Cor es un poeta intemporal y eterno que supo como nadie retratar esta insípida y gris sociedad capitalista y pintarla con los matizados colores de la paleta de sus sentimientos hiperestésicos. Para muestra, un botón:

"Afeitarse todos los días puede ser un pecado terrible. Afeitarse todos los días es alejarse definitivamente del arrayán y del aire. Admiro a las secretarias que se afeitan cada mañana antes de ir en helicóptero a las oficinas del centro y de cristal. Esas pecadoras modernas irradian ternura y tienen una moral a prueba de bomba. Cuando cometen una falta de ortografía nace una flor. Cuando me miro en el espejo veo un hombre de un solo color, de un solo pantalón, de un solo disco, de una sola pieza, de 28 años: azul, tela eterna, Breezin', un rompecabezas, 28 años. Sólo me lavo a fondo cuando la vislumbro. Cuido con esmero el pequeño jardín de mis padres. Olvido los nombres de las plantas y de las flores. Bebo café entre los obreros y ya sólo invento horarios fijos: sólo soy un verdadero artista mientras vacío el lavaplatos. Mis gafas se me antojan tan crueles e indispensables como la risa de Dios.

Todos seremos pianistas si desaparecen los pianos.

Justo es reconocer que cuando me miro en el espejo veo un hombre acabado. Por ello me sorprende que se me haya brindado la oportunidad de acceder a estas páginas limpias y secas para hablar de mis palabras. La única razón que encuentro a esta convocatoria, pecado multiplicado por mi asentimiento a ella, es que quizá existiera en mí un buen principio, prolífico y asesino de lo verde como la hormiga. Lo aquí grabado corresponde a aquellos días azules. El color azul fue y es mi única excusa, mi primera y única coartada".

viernes, 6 de noviembre de 2009

Mi cita del día

"Un buen poema quizá sea el lado valiente de un cobarde. O la bala de un sentimental. O la belleza de un imbécil. El trabajo de un escritor consiste en boxear con el abecedario para conseguir un amor, o más de uno, un cheque tan mágico como una alfombra, y un gramo de gloria que sirva para no oler a sudor".

Pedro Casariego Córdoba dixit.

Creo que no podría estar más de acuerdo. Este hombre me turba cada vez que lo leo. Creo que me ha tumbado por K.O. técnico. Lástima que ya no pueda escribir nada nuevo. Últimamente parece que sólo me engancho a escritores que no llegan a los 50. Lo de cómo descubrí que Pe Cas Cor no era una escritora francesa sino el hermano de Martín y Nicolás lo dejo para otro día. Lo de Francisco Casavella también lo contaré en otro momento. Por ahora me quedo con Jostein Gaarder, que sí ha superado la mitad de siglo, aunque su producción literaria no sea tan prolífica como necesitaría. Todo lo contrario que la de Stephen King, al que yo le daría el Premio Nobel de Literatura sin pensármelo dos veces. Todavía no entiendo por qué siempre que se habla de él se omite la enorme calidad literaria que destilan sus libros. Todo lo contrario que Stieg Larsson, al que no termino de coger el punto ni comprendo por qué lo alaba Vargas Llosa. Supongo que soy rara, porque en vez de leerme "Los hombres que no amaban a las mujeres" en un fin de semana, como hace todo el mundo, tardé más de cuatro meses. Y es que "Las verdades a medias" de Pe Cas Cor me parecían mucho más fascinantes que las andanzas de Lisbeth Salander. Un nombre sonoro y poco más. Hasta las dos últimas páginas del libro, en que la chica adquiere verdadera entidad e identidad. Y, aún así, no me animo a abrir el siguiente. Gran portada y gran título, pero me da miedo que el contenido no esté a la altura. Con la película es que no tengo ni la más mínima esperanza.