jueves, 10 de enero de 2008

El escritor

Un buen escritor siempre miente.
Manipula y maquilla la realidad a su antojo,
logrando que lo ficticio parezaca real
y que lo real parezca ficticio.

Soñando despierta

Soñando despierta me quedé dormida y no pude despertarme.

Búscame y, tal vez, logre encontrarte.

Mi frase del día

"¡Bienaventurados los que ríen porque ellos llorarán algún día! Y los que no se ríen, ésos no podrán llorar y las lágrimas se les quedarán en el corazón, envenenándoselo".

Unamuno ("Amor y pedagogía").

Días perfectamente imperfectos

Hace tiempo, en otro lugar, escribí sobre los días perfectamente imperfectos. Esos días en los que todo sale mal y en los que sólo deseas no haberte levantado nunca de la cama y volver a ella lo antes posible. Aquel día perfectamente imperfecto fue uno de los mejores de mi vida, aunq en su momento no supiera apreciar la perfección de su imperfección.
El martes volví a vivir uno de esos días. Un día en el que estudio no me cundió lo que me tenía que cundir. Un día en el que, por mi culpa, mi hermana se quedó sin internet para poder hacer sus trabajos y, encima, en vez de gritarme o cabrearse conmigo, tuvo que acabar consolándome. Un día en el que no me pude comprar ninguno de los vestidos con los que me había imaginado. Un día en el que mi portero me vio con los ojos enrojecidos después de haber llorado. Un día en el que estuve borde con mi mejor amiga (sin contar a mi hermana).Un día en el que estuve a punto de pasar de ver a mi mejor amigo (sin contar a mi padre). Un día en el que me agobié por tonterías y volví a dejar que mis hormonas controlaran mi existencia. Un día en el que mi padre se culpó por no haber ganado 5000 € que nunca nos correspondieron. Un día para olvidar, del que seguro que hay muchas cosas que aprender.
Porque eso es lo maravilloso de los días perfectamente imperfectos: Tarde o temprano siempre decubres cuál era su razón de ser y te alegras de haberlos vivido y de lo que te han enseñado.

miércoles, 9 de enero de 2008

El secreto de las fiestas

Aquí va mi tributo particular al reciente Premio Nadal:
"Hice un esfuerzo por acordarme de todas las reglas, porque hacía mucho tiempo que no pensaba en ellas:
Primera: Descubrir el indicio.
Segunda: Seguir el indicio.
Tercera: Conocer al Tachán a través del indicio.
Cuarta: Mantenerse en el secreto.
Quinta: Aguantar la incertidumbre.
Sexta: Colarse en las fiestas y bailar la conga para que vean que te has colado y entonces cantar en un idioma imposible.
Séptima: Saber que nunca se termina el secreto de las fiestas."

Francisco Casavella ("El secreto de las fiestas", libro supuestamente juvenil, pero altamente recomendable para cualquier edad).

lunes, 7 de enero de 2008

Violencia de género II

Y para seguir ilustrando este espinoso tema, ahí va un relato de una escritora anónima a la que le gusta llamarse Alicia (tranquilos, no lo he escrito yo).

PONTE EN MI LUGAR

Odio ese sentimiento, pero a veces es el mejor del mudo. Es como desaparecer por un segundo, sólo uno. A veces pienso que esa sensación se corresponde con la decisión de seguir luchando o la de perder, la de darse por vencido. “Tú ganas”. En alguna ocasión me gustaría decirle eso. “Tú siempre has ganado”. Ganaste cuando dejé mi trabajo para dedicarme en exclusiva a ti. También ganaste cuando decidiste que no era buen momento para tener hijos por todos los gastos que teníamos. Pero el tiempo pasó y él sí que te venció. Ya no puedo tener hijos y es otra excusa que utilizas para martirizarme porque “soy un trasto viejo que ni para dar hijos sirvo”.

Me cuesta respirar. Imagino que la sangre se habrá hecho costra, impidiendo que el aire entre y salga por mi nariz. No me apetece acercar la mano para comprobarlo. Sólo espero que no me haya vuelto a romper el tabique nasal. A veces me parece que estoy deformada, que los golpes me han hecho una cara nueva, una cara horrible. También puede ser que me vea como un monstruo por vivir así, por seguir a su lado. ¿Quién tiene más culpa: la víctima o el verdugo? Claramente, el verdugo. Pero, ¿y si la víctima lo consiente? Cuántas veces habré pensado en ser yo el verdugo, literalmente o de forma figurada. He planeado mil formas de matarle: mientras duerme, envenenándole la comida, contratando a un sicario… Y otras veces imagino que le abandono. Hago las maletas, saco el dinero del banco y me voy lejos, tan lejos que ni se me ocurre a dónde ir. Pero al final no hago nada. Soy como el preso que no para de soñar con lo que hará cuando salga o idea un plan de fuga o piensa cómo sería todo si no estuviera en prisión. Tal vez tengamos mucho en común ese preso y yo.

La boca me sabe a sangre. Ese sabor salado que empalaga y te da sed. Despego ligeramente los labios y noto cómo un hilo de saliva mezclada con sangre cae al suelo. Ploff. Un pequeño charco más que limpiar cuando tenga fuerzas para levantarme. Con los años he aprendido a no dejar secar las manchas de sangre para no tener que arrodillarme y frotarlas. Luego me duele la espalda de estar en esa postura. Incluso las alfombras se quedan como nuevas con un buen lavado si conoces el truco de echar almidón en polvo sobre la mancha antes de meter la prenda en la lavadora. Es muy eficaz.

Ya no lloro. Hace años que no lloro. Antes me pillaba unos berrinches tremendos durante y después de la paliza. Ya no lo hago. Sé que no sirve de nada. Lo único que logras es tener los ojos rojos e hinchados al día siguiente, si tienes la suerte de que no estén morados por algún puñetazo. También dejé de hacerlo porque me dolía. Las lágrimas de impotencia son las que más dañan porque salen del alma, salen de dentro. Yo he llegado a vomitar de la congoja que tenía, de lo insoportable que era llorar tanto con el cuerpo dolorido por los golpes. Por eso dejé de llorar. Ya no lo hago ni si quiera cuando me siento sola, cuando creo que soy la mujer más desgraciada del mundo.

Conforme pasan las horas vas notando los sitios en los que aparecerán los moratones. Es una sensación extraña. Parece que sientes latir, palpitar, el lugar exacto del golpe. A veces te arde, es como si quemara. Entonces pienso en la ropa que me pondré para que no se vean. Pantalón largo para las piernas, camisa o jersey para los brazos… ¿Y para la cara? Muchas usan gafas de sol, pero a mí nunca me gustaron y se disimula muy mal. El maquillaje… no siempre es eficaz.

Tras todas esas ideas llega el momento de dejar paso a la imaginación: las mentiras que contarás a las vecinas. Cuanto más absurda sea la mentira, mejor. A veces me río yo misma de mis historias. Es mi pequeño hobby con el que puedo crear lo que yo quiera. Es la actividad más triste y patética del mundo, pero en mi situación no se puede esperar otra cosa.

Esta vez no he perdido el sentido. Algo es algo. Alguna vez he estado horas dormida en el suelo y cuando él volvía y me veía ahí tirada, volvía a enfadarse y de nuevo llovían los golpes. En esos momentos, los daba sin ganas, como si estuviera cansado de tener que pegarme y yo no me quejaba a penas, tampoco tenía ganas de hacerlo. A veces pienso que es algo mecánico. Él tiene un problema y me pega. Yo sé que él tiene un problema y que lo pagará conmigo. Cada uno tiene asumido su papel en esta historia. Ya quedaron atrás los días en los que me defendía con uñas y dientes hasta que perdía el sentido y entonces me convertía en su saco de boxeo, dócil y sin oposición. También pasaron los días en los que concentraba todo mi odio en él mientras me golpeaba. Tal vez pensaba que odiándole tanto un día reventaría por arte de magia y todo acabaría. Pero no era así. Ahora sólo me resigno, acepto lo que hay y a veces, sólo a veces, me permito desear que él se ponga en mi lugar. Me encantaría que lo hiciera.

¿Sabes ponerte en mi lugar? Lo dudo, lo dudo mucho. No podría hacerlo de ninguna de las dos maneras, ni de la física ni de la mental. Jamás soportaría todos los maltratos y vejaciones que yo he sufrido. No habría sido capaz de levantarse del suelo y coger un taxi hasta el hospital para que le curaran las heridas. Aprendí a curarme yo sola al poco tiempo. Pero claro, los huesos rotos requieren asistencia médica. Él no podría mentir a los médicos y a la policía cuando observan lesiones anteriores. Nunca se le hubiese ocurrido ir a distintos hospitales para levantar menos sospechas. ¿Pero sabes lo peor de todo? En la vida podrá entender lo que siento cuando me golpea. La tristeza que me mata más que las miles de lesiones que pueda hacerme. Los insultos que se me quedan grabados en la mente. Las pesadillas constantes que me hacen levantarme bañada en sudor porque creo que me mata, que me asfixia. Nunca podrá llorar todo lo que lo he hecho yo porque él no puede sentir lo que yo he sentido. Él no siente. Sólo tiene odio y rabia acumulados, que descarga sobre mí. Así que da igual que yo desee que se ponga en mi lugar. Él nunca lo hará.

Siento el frío suelo que me calma el dolor. Es la mejor posición, con la mejilla sobre las baldosas. Así puedo ver sus pies cuando se aleja y sentir sus pasos por el pasillo hasta oír el sonido sordo del portazo de la puerta. Si pasan las horas suficientes, probablemente las que ya lleve, podría volver a repetirse el portazo, las pisadas y ver sus zapatos negros frente a mí. No me dignaría ni a levantar la mirada para ver su expresión. Esa mezcla entre enfado, asco y cansancio por volver a tener que pegarme porque no he sido capaz ni de levantarme. Pero ya todo me da igual. No me importa.

Voy a seguir tirada en el suelo, sintiendo el frío de los azulejos en mi cuerpo y con los ojos cerrados, haciendo un intento de dormir o descansar. Y esperando que mientras lees estas palabras no te sientas identificada. Sólo espero que no estés en mi lugar.

sábado, 5 de enero de 2008

Destilando alegría

Destilando alegría en el alambique de mis sentimientos, una a una las sonrisas se adueñan de mis labios, una a una las carcajadas se escapan de mi boca, contagiando a mis seres queridos.

Todo parece un chiste mal contado. Los payasos se acercan con sus juegos malabares. Los cómicos continúan desgranando sus monólogos.

Me río sin saber por qué y la felicidad inunda todo mi ser, llegando hasta el centro mismo de mi alma.

Sólo la risa tonta es auténtica, sólo ella tiene un sentido.

jueves, 3 de enero de 2008

Destilando tristeza

Destilando tristeza en el alambique de mis sentimientos, una a una caen las gotas, una a una resbalan las lágrimas, llenando poco a poco la enorme piscina de mi soledad.

Vapores etílicos nublan mi entendimiento y, sin saber por qué, empiezo a correr, huyendo de algo o de alguien que ni siquiera llegué a vislumbrar; tal vez tan sólo de mí misma, de aquélla que fui, de aquélla que soy o de aquélla que seré.

No lo sé y tampoco importa. Son las huidas sin razón las únicas que tienen sentido.

miércoles, 2 de enero de 2008

Mi momento deportivo del 2007

¿Qué es lo que se puede encontrar en un resumen deportivo del 2007?
Por supuesto está el segundo gol del Real Madrid ante el Mallorca, que convertía al club blanco en campeón de liga por 30ª vez en su historia. También está la Copa ULEB y la liga conquistadas por el Real Madrid de baloncesto. Y, por descontado, la gran temporada de Alonso, aunque no se proclamara campeón del mundo finalmente (¿algún día dejará de ser considerado como un Dios en este país?; al fin y al cabo, por muy bueno que sea, sólo es un piloto de Fórmula 1), el segundo campeonato del mundo de 250 cc de Lorenzo (¿por qué no se le da el mismo bombo al temporadón de Stoner?¿sólo porque se ha proclamado campeón del mundo de MotoGP en lugar de hacerlo Pedrosa, el supuesto anti-Rossi?), la medalla de plata de la selección española en el Eurobasket de Madrid (nunca entenderé por qué se la pasaron a Gasol, que llevaba toda la noche fallando y que era lo que todo el mundo esperaba, en lugar de dejar que se la jugara Rudy o Calderón), la medalla de plata de la selección femenina en el Eurobasket (no es que se le haya dado demasiada importancia, pero en algún sitio la citan) y el nuevo campeonato de los Spurs con barrido incluido en la final ante Lebron and company (o mejor dicho, sólo ante Lebron).
Pues bien, mi momento deportivo del 2007 no es ninguno de los anteriores. No supuso ningún título, sólo la victoria en un partido sin gran trascendencia, pero vaya victoria. ¿Se puede ganar un partido en una décima de segundo? Rudy opinó que sí y se encargó de demostrarlo. Baloncesto en estado puro. No había vivido algo tan emocionante e increíble desde la última liga de Herreros ante el TAU. Para que luego sigan diciendo que el fútbol es el deporte rey.



Vale, el partido se jugó el 2 de noviembre del 2006, pero como era la temporada 2006-2007 lo incluyo en este último año.

martes, 1 de enero de 2008

Mi vídeo favorito del 2007

Una perfecta recreación de los vídeos de los 80, cuando lo vi por primera vez no podía parar de reír (mira que me cae mal Hugh Grant, pero su movimiento de caderas es impagable). Definitivamente el mejor vídeo del 2007 (también recomiendo encarecidamente la peli, una de las mejores comedias románticas del año):