viernes, 29 de febrero de 2008

Una lunática patosa sobre hielo

Y hoy unas lecciones prácticas de patinaje sobre hielo o, mejor dicho, de lo que no debes hacer a la hora de patinar sobre hielo:



Sé que es muy cortito, pero espero que os haya resultado instructivo.

jueves, 28 de febrero de 2008

Mi vídeo del día

Como todos mis descubrimientos musicales, este vídeo va especialmente dedicado para Amsterdam. ¿Reconoces al prota?



PD: También se lo dedico a Odiolitos que fue quien me descubrió a las hermanas Deal.

miércoles, 27 de febrero de 2008

Isobel

Isobel siempre había huido del amor como de la peste. Una mujer independiente y autosuficiente como ella no deseaba acabar sometida o relegada a un segundo plano por ningún hombre. Además, ya había visto en demasiadas ocasiones los efectos secundarios de las flechas de cupido: mujeres fuertes llorando desconsoladas porque el imbécil de turno las había engañado, abandonado, utilizado o, peor aún, simplemente porque no las había llamado por teléfono. Ella, estaba segura, nunca se encontraría en tan lamentable situación.
A sus 32 años estaba orgullosa de poder gritar a los cuatro vientos que nunca había tenido novio. Es más, nunca había quedado más de diez veces con el mismo hombre. Su vida se asemejaba a la de Samantha, de Sexo en Nueva York: una mujer sexualmente activa y satisfecha, pero sin ningún tipo de atadura emocional.
No obstante, las cosas cambian, incluso aunque nos resistamos a ello con todas nuestras fuerzas. Y lo peor de todo es que, en ocasiones, ni siquiera somos conscientes del peligro, por lo que nos resulta imposible evitarlo.
Cuando Isobel conoció a Marcos ni siquiera pensó en acostarse con él. No es que fuera feo, tampoco guapo, simplemente no era su tipo. Media hora de charla tampoco fue capaz de cautivarla. Pero comenzaron a coincidir en algunos eventos organizados por amigos comunes (bonito eufemismo para designar a una boda) y el hecho de que ambos odiaran el matrimonio y estuvieran solteros y sin compromiso contribuyó a que siempre acabaran charlando largo y tendido.
Hay enfermedades cuyos síntomas son claros e inmediatos. Otras, por el contrario, se manifiestan de manera más sutil y menos evidente. El mal que se apoderó de Isobel pertenecía a este segundo tipo.
Seis meses después de conocerlo, si le hubieran preguntado si estaba enamorada de Marcos, se habría echado a reír. Marcos sólo le caía bien; bueno, muy bien; tenían una misma forma de ver la vida, los mismos gustos musicales, literarios y cinematográficos; algunas aficiones comunes...Pero nada más. Ni siquiera existía ningún tipo de atracción sexual, al menos por su parte.
El problema es que Isobel estaba demasiado segura de su inmunidad al virus del amor, de forma que ni siquiera pensó en vacunarse contra él. Tampoco fue consciente de los primeros síntomas: de cómo se alegraba interiormente al recibir una nueva invitación de boda, por mucha cara de fastidio que pusiera exteriormente; de cómo ansiaba la llegada de la barra libre, para poder disfrutar de sus estimulantes conversaciones con Marcos; de cómo se aburría como una ostra cuando quedaba con cualquier otro hombre; de cómo especulaba acerca de la posiblidad de que otro amigo común pudiera decidir casarse en el corto plazo; de cómo empezó a molestarse cuando veía a Marcos hablar con otra chica; de cómo se fijaba y era capaz de recordar con todo detalle la indumentaria de su "amigo"; de cómo sus fotos preferidas eran aquéllas en las que aparecían juntos...Claro que si Isobel hubiera sido una chica realmente inteligente lo que debería haberla preocupado de verdad era la manera en que un cierto y extraño mareo la embargaba cada vez que Marcos y ella se miraban fijamente a los ojos. Pero el subconsciente es sabio y estos momentos empezaron a ser evitados por Isobel, incluso de manera inconsciente. Aunque fue demasiado tarde.
El amor a primera vista no es demasiado grave. Se marcha con la misma rapidez e ímpetu con los que llega. Pero el amor verdadero, aquél que se gesta a base de pequeños momentos y detalles, ése no es tan fácil de esquivar y mucho menos de obviar.
Así que, cuando Marcos se presentó con pareja oficial en la siguiente boda, Isobel no pudo menos que sospechar que algo raro se estaba gestando en su interior. El estómago se le revolvió, por lo que apenas probó bocado durante toda la comida. Eso sí, bebió un gran número de copas de vino para saciar una increíble sed y para justificar el hecho de que todo empezara a dar vueltas a su alrededor. El vómito fue, sin lugar a dudas, consecuencia directa de un exceso ingente de alcohol; aunque mientras se arrodillaba frente al wáter y expulsaba todo lo que tenía dentro, la imagen de Marcos con aquella estúpida era lo único en que podía pensar. Y siguió teniendo esa imagen clavada en la retina mientras el taxi la conducía hasta su flamante apartamento.
Ni siquiera entonces fue capaz de reconocerlo. Pero cuando entró en su casa, cerró la puerta y un llanto incontrolable se apoderó de todo su ser, incluso ella tuvo que reconocer la verdad, una verdad incómoda, pero cierta, una auténtica hecatombe: ELLA estaba más enamorada de MARCOS que cualquiera de las patéticas enamoradas a las que había conocido a lo largo de su vida.
Y lloró amargamente. Y lloró incluso cuando se quedó sin lágrimas que derramar.

martes, 26 de febrero de 2008

Leones por corderos


He escuchado algunas críticas que afirman que no se puede decir más en menos tiempo. Me gustaría estar de acuerdo, más que nada porque soy fan del Robert Redford director, pero a lo largo de la escasa hora y media que dura la película no me abandonó la sensación de que es más lo que calla que lo que dice. Sí, las críticas a la sociedad norteamericana, a los políticos y a la humanidad en su conjunto son bastante evidentes; pero, para mi gusto, demasiado contenidas. Seguramente será una apreciación subjetiva que nadie compartirá, pero yo esperaba más, aunque no sepa decir exactamente qué es lo que le falta.
Tres historias para contar una misma historia. Cinco puntos de vista diferentes sobre una misma realidad y, aún así, cuando acaba la película resulta prácticamente imposible resolver la problemática planteada. El sinsetido del mundo actual se apodera del espectador y únicamente el escepticismo inicial de un estudiante universitario ofrece algo de cordura. Un mundo que hay que cambiar, pero que resulta imposible modificar. Verdades incómodas expuestas por un profesor universitario que intenta convencerse a sí mismo de que todavía es posible hacer algo. Dos jóvenes soldados con firmes convicciones capaces de dar la vida por algo que no merece la pena. Un cínico político que, como todos los políticos, intenta manipular la opinión pública a través de la prensa. Una periodista con principios que no está dispuesta a ser embaucada por segunda vez.
Y aún así sigo pensando que este tipo de películas no sirven para nada, puesto que es lo que callan lo único que deberían gritar.

viernes, 22 de febrero de 2008

Algunas frases de Woody Allen

Admiro profundamente a Woody Allen, aunque no sepa muy bien por qué. O mejor dicho, no sé qué es lo que más admiro de él: si que haya convertido sus problemas psiquiátricos en auténticas obras de arte, si que fuera capaz de reinventarse a sí mismo con Match Point, si que haya sido capaz de seducir a mujeres guapísimas (en realidad me admira que haya sido capaz de seducir a cualquier mujer, incuso aunque fuera fea) o que sea capaz de hacer y decir lo que le da la real gana independientemente de lo que la gente piense al respecto.
En fin, que esto no es una oda a Woody Allen, sino un pequeño recopilatorio de algunas de sus mejores frases que he pillado por casualidad y que no me resisto a copiar:

- "Mi cerebro es mi segundo órgano favorito".

- "¿Es sucio el sexo? Únicamente si se hace bien". (Sin duda, mi frase favorita).

- "Todos los hombres son mortales. Sócrates era mortal. Por lo tanto, todos los hombres son Sócrates. Lo que significa que todos los hombres son homosexuales".

- "El sexo sin amor es una experiencia vacía. Pero como experiencia vacía es una de las mejores".

- "El dinero no da la felicidad, pero procura una sensación tan parecida, que se necesita un especialista muy avanzado para verificar la diferencia".

miércoles, 20 de febrero de 2008

Canciones despechadas I

Me gustan las canciones de amor, pero más aún las canciones de desamor, sobre todo, cuando están escritas por mujeres despechadas, como ocurre en este caso.

martes, 19 de febrero de 2008

Hechizo lunar

La luna se refleja en tu rostro.

Los grillos constituyen la banda sonora perfecta de un momento mágico que jamás se repetirá.

Inclinas ligeramente la cabeza y te aproximas lentamente hacia mí.

El tiempo se detiene, los segundos se alargan, mientras deseo que pase lo que nunca ha pasado y que no suceda lo que debería suceder.

Tus labios rozan ligeramente los míos.

Mi corazón se acelera, tratando de huir de la cárcel de mi pecho.

Y mientras nuestras bocas se unen y nuestras lenguas se buscan ansiosamente, sólo puedo pensar en que mañana no estarás.

Y quiero levantarme y echar a correr antes de que sea demasiado tarde, antes de quedarme atrapada en tus caricias, antes de que sea incapaz de olvidar cómo se vive sin ti, antes de que nunca te olvide, antes de amarte para siempre.

Pero el hechizo lunar hace su efecto y consigue anular mi voluntad.

La razón cede ante el empuje de la sinrazón y cuando quiero darme cuenta es demasiado tarde.

Y me culpo a mí por no huir cuando todavía existía la posibilidad.

Y te culpo a ti por acercarte demasiado tarde y por alejarte demasiado pronto.

Y cuando te despides, a duras penas logro contener las lágrimas.

El nudo en mi garganta amenaza con explotar.

Y el llanto fluye por mis mejillas justo cuando te das la vuelta para marcharte hacia esa otra vida que te espera, aquélla de la que yo no formaré parte, aquélla que no me corresponde.

Y contemplo la luna llena.

Y le pido consejo a Selene.

Pero ella calla y no responde.

El silencio envuelve la noche.

El viento refresca mi húmeda cara.

Me gustaría aprender a volar, alejarme del suelo, perderme en el cielo.

Pero mis pies hace tiempo que echaron raíces.

Seguiré soñando con lo imposible.

Seguiré buscando lo inalcanzable.

Continuaré asida a tu recuerdo.

¿Acaso importa?

sábado, 16 de febrero de 2008

Trabajando

Hay personas a las que les encanta su trabajo y a las que admiro profundamente por ello.
También hay personas que odian su trabajo y que no tienen ningún tipo de inconveniente en reconocerlo abiertamente y a las que también admiro por su sinceridad y honestidad.
Y luego están aquéllos que te venden la moto de que su trabajo es maravilloso, el mejor del mundo, que se pasan el día hablando de lo que hacen y de lo mucho que disfrutan haciéndolo...hasta que cambian de curro. Entonces se produce la gran metamorfosis: lo que antes adoraban ahora se convierte en el peor trabajo del mundo, el más aburrido, con un sueldo paupérrimo, una organización pésima y gran explotación laboral de los trabajadores por parte de sus jefes. Afortunadamente, ellos han sido listos y, gracias a su gran valía personal, han encontrado rápidamente un trabajo que sí que merece la pena, que es maravilloso, el mejor del mundo...hasta que otra vez vuelvan a cambiar de curro. Desgraciadamente este tipo de personas son las más abundantes y las que me sacan de quicio. ¿Cuánto tiempo habré perdido oyendo las alabanzas de un trabajo que varios meses después era denostado por la misma persona? No me gusta que me vendan motos que no corren. Es más, no me gusta hablar de trabajo o, al menos, no me gusta hablar del mío.

Mi canción del día

Después de haber visto la peli ayer y de la recomendación de Amsterdam, mi canción del día no podía ser otra más que ésta:

jueves, 14 de febrero de 2008

El sueño de una noche de verano

Camino descalza por la vereda que conduce hasta tu casa.

Persigo sin tregua el sueño de una noche de verano.

Tu imagen clavada en mi retina.

Tu voz resonando en mis oídos.

Tu aliento rozando mi cuello.

Tus manos asidas a mi cintura.

TÚ, sólo TÚ, nada más que TÚ.

Y un gran vacío entre mis ensueños y la realidad.

Una enorme nada rellenando los huecos de mi memoria.

Te busco y no te encuentro.

Me revuelvo entre las sábanas intentando no despertar.

Pero Morfeo huye de mis brazos.

Y la fantasía se aleja de mi cabeza.

Quiero seguir soñando con la tórrida noche de aquel lejano verano.