miércoles, 20 de mayo de 2026

Siempre hay alguien que nos mira cuando creemos que nadie lo está haciendo

Una parte de mí sabe que no debería estar aquí. Trato de ocupar lugares que no me corresponden, porque me aterra el sitio que fue reservado para mí sin yo pedirlo en ningún momento. No tengo nada que ver con todos los que me rodean. Soy sólo una Kurt Cobain de tres al cuarto en un reservado de Wimbledon. No es que los demás me toleren. Es simplemente que son demasiado pijos para mostrar su desagrado de manera fehaciente. Tras 5 minutos ni siquiera necesitan esforzarse en ignorarme para olvidarse de mi existencia. Entonces, soy yo quien los observa, sintiéndome a salvo de juicios no buscados. Estudio la cadencia de su superficialidad, la liviandad de sus conversaciones sin aristas, políticamente correctas, incapaces de descender hasta el Averno que envuelve nuestras vidas de algodón. Lo veo de pasada. Una mancha oscura en el lienzo de la impoluta blancura de sus vidas presuntamente perfectas. Él tampoco debería estar aquí, aunque su excusa sea bastante más evidente que la mía. No me detengo excesivamente en la incongruencia que representa. Resulta demasiado auténtico como para que pueda interesarme. Es él el que me mira, el que detecta el error que supone mi existencia en este planeta completamente alienígena para ambos. Finjo que soy otra ameba más de esta charca de espíritus unicelulares, pero no logro engañarlo. Sé que él ve todos los universos que laten bajo mi piel y esa desnudez no pretendida me provoca náuseas, porque me acuerdo de aquella otra vez en que ese otro imbécil desveló el mayor de todos mis secretos. No nos engañemos, siempre hay alguien que nos mira cuando creemos que nadie lo está haciendo.

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