Rómpeme. Quiebra cada uno de mis huesos. Para desmontarme no se necesitan instrucciones. Sólo una alta dosis de instintos homicidas y algo de invidente tacto hambriento. Me desmorono, como un castillo de arena en una tarde de lluvia tibia, pero sé que mi destrucción siempre será efímera, que, cuando las nubes dejen de escupir sobre nosotros, aprenderemos a reformular el barro, esculpiendo nuevas estatuas que ni el más embravecido de los mares será nunca capaz de erosionar. Aléjate, como la espuma de las olas que en invierno no nieva sobre mis pies. El viento de marzo nos corta la cara con sus ráfagas cleptómanas, deseosas de hurtar hasta el último milímetro del rubor que ahora colorea nuestras avergonzadas mejillas encendidas de deseo. Si te pierdo, ¿podré acaso ganarte en otra vida? La ruleta continúa girando en sentido contrario a mis apuestas, pero ya no me importa que mis números estén siempre equivocados. Tu recuerdo estrangula mis muñecas, atándome a un pasado que no termina de pasar. Retrocedamos los relojes, hasta que tu minutero y mi segundero se alineen con la hora del destino. A tu adiós siempre le faltó un punto y aparte para ser definitivo...
Blog en el que buceo en universos paralelos distantes y distintos encerrados en el centro de un protón del núcleo del átomo de mi existencia.
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miércoles, 29 de marzo de 2017
viernes, 6 de febrero de 2015
Marzo (VII)
Sopla el viento, aullando monstruos detrás de cada esquina, resucitando muertos que hace tiempo creías enterrados. El frío trepa entre tus piernas, gangrenando sueños, esculpiendo estalactitas debajo de tus párpados. Los días son montañas imposibles de escalar. Las noches, avalanchas de nieve que te sepultan a orillas del mar. Eres una estatua de hielo cuyos pies se hunden en el fango de una primavera que sólo quieres postergar. El cielo escupe granos de sal que derriten tu piel entumecida. El dolor, en carne viva, ya no tiene manta bajo la que cobijarse. Tu sonrisa es sólo la herida tras la que se esconde tu boca desangrada. Él se fue y tú no estás. La ventisca golpea con fuerza las ventanas de tus ojos. Las gaviotas gritan desde las rocas, pero no entendemos la advertencia. Marzo espera al final del túnel de febrero y, aunque intentemos esquivarlo, esta vez, acabará por devorarnos.
sábado, 30 de marzo de 2013
Marzo (VI)
Hay noches en las que la lluvia duele y el viento escuece. Noches de escarcha y adioses, de ceniza y trombones, de lágrimas que se deslizan por los cristales de las ventanas y palabras de vidrio que se quiebran al rayar el alba. Noches en las que disparo flashes desde la azotea más alta del pueblo, sin importarme su corto alcance, porque no pretendo iluminar a nadie más que a mí misma, cruzando los dedos para que me encuentres y me salves de esta noche de lobos y ogros, de brujas y runas, de infinita negrura y honda espesura, de tambores sin sones y autodestructivas canciones, de recuerdos y olvidos, de fidelidad y traición, de rojos oscuros y columnas de humo. Esta noche sólo mi razón duerme. Yo trato de cerrar los ojos y fingir que no siento el helado tacto de la nada ni el rayo láser de tu mirada. Desde la seguridad que otorga la distancia, disparas, aciertas, me matas.
martes, 26 de marzo de 2013
Marzo (V)
La luna está llena y mi corazón menguante. Cada latido bombea menos sangre. Aprieta mis manos azules, besa mis labios violáceos, acaricia mis mejillas exangües. Aúlla mi muerte al resplandor de la noche inerte. Seré fuerte. Aunque ya no estés dentro, mi cuerpo aún te retiene.
lunes, 18 de marzo de 2013
Marzo (IV)
Un haz de luz alumbra tu espalda, convirtiéndote en la estrella polar de los pies de mi cama. Aprietas el interruptor y cierras la puerta del baño, volviendo a sumir en tinieblas nuestra existencia. Nunca se me dieron bien los polvos de madrugada, pero contigo es fácil palpar la noche y retrasar la aurora. No quiero volver a ver los mundanos contornos que nos rodean. Sólo quiero sentir tu respiración entre mis piernas y tu lengua en mis entrañas, saber que, por primera vez, no me he equivocado ni de tiempo ni de lugar, aunque todos opinen lo contrario. Recorrer esta carretera desierta sin extrañar la ausencia de vida. Que tu saliva calme mi sed. Que tus dientes se hinquen en mi piel. Rezar un puñado de rosarios para agradecer este milagro. Darnos cuenta de que Dios nos ha mirado y aprobado, porque yo salí de tu costado y tú eres un dibujo de su mano. Soñar con la fuerza del viento y la celeridad del tiempo, que anuncian la llegada de una primavera helada, desangelada, despoblada y desflorada. Saber que, aunque todo pasa, algo queda. Tus pestañas en mi almohada. Mis gemidos en tu mirada. Nuestro amor en la pantalla.
domingo, 17 de marzo de 2013
Marzo (III)
Tres hormigas zopas recorren mi espalda, mientras una mariquita coja se posa en el azul celeste de la media que envuelve mi rodilla. Huele a césped mojado y suelo enlodado. Sabe a agua apresada y almendros en flor. Palpo el asfalto mullido. Respiro. Suspiro. Me levanto del suelo con cuidado, lentamente, sin hacer ruido. No quisiera perder a ninguno de los miembros de mi ejército de insectos tullidos. Intento caminar lo más dignamente posible, como si aún hubiera un esqueleto que diera forma a mi piel, pero no es cierto. Aquel golpe pulverizó todos mis huesos. Lo que ves es sólo un envoltorio vacío y, por mucho que me esfuerce, sé que no tardaré en volver a desplomarme sobre el polvo del camino. Tres hormigas zopas me harán cosquillas en la espalda. Una mariquita coja acariciará el centro de mi pierna. No me rendiré mientras me sostenga el aliento de los más débiles.
martes, 12 de marzo de 2013
Marzo (II)
No quería romperte, pero dejé que te deslizaras hasta el suelo y te pulverizaste sobre el asfalto. Era tan hermoso ver cómo te escurrías entre mis dedos que no me paré a pensar en las consecuencias de mi inacción. Traté de encajar tus piezas, pero nunca tuve paciencia para armar un puzle. Abandoné tus pedazos sin denunciar tu desaparición, fingiendo que nunca habías existido. Habría sido fácil si tu fantasma no hubiera llamado a mi puerta de madrugada. Tu propósito de año nuevo era vengar tu muerte. El mío era volver a verte. Ambos cumplimos nuestro objetivo. El viento de marzo ya no parece tan frío.
miércoles, 6 de marzo de 2013
Marzo (I)
Marzo es el mes de las flores muertas una semana después del día de los enamorados, el mes de las flores podridas que realizan chantaje emocional para no ser enterradas en el cubo de la basura, debajo de tres cáscaras de plátano y una cabeza de pescado con los ojos reventados. Marzo es el mes del viento que trae el olor a muerto y a destierro, ese destierro con el que sueñan las rosas que no son del desierto y los niños sin padre ni madre que los rieguen de besos y abrazos por las noches. Marzo es un mes más sombrío que frío, umbrío, lleno de hastío. Marzo es el mes en el que espero que se detenga este tiempo acelerado que no me concede ni un segundo para echar de menos el pasado. Marzo me muerde las entrañas y me arritmia el corazón. Marzo me duele, pero tú, no.
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