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domingo, 24 de mayo de 2015

Ensayo sobre la Niebla

Éste es un país de ciegos, de gente que no ve porque no quiere ver, de personas que piensan que algo es mejor que nada y que no se dan cuenta de que la nada tiene más entidad que ese algo completamente vacío que nos venden en las revistas y en las noticias. Callar. Callar porque tenemos suerte, porque podría ser peor, porque no somos Grecia, aunque acabaremos siéndolo, pero incluso entonces no hay que quejarse. Una vez más, podría ser peor. No somos África, ni lo seremos nunca. Merkel no lo permitiría. De África no se puede sacar nada, pero de nosotros sí, porque callamos y otorgamos, permitimos que continúe la sangría, porque tenemos miedo de rasgarnos las venas si tratamos de arrancarnos la jeringuilla. Callamos y miramos hacia otro lado, esperamos a que acabe el infierno y regresen las vacas gordas, pero nunca lo harán, porque ya no quedará hierba que comer, ni siquiera paja. Reímos. Al mal tiempo buena cara. Fingimos que no nos importa que nos jodan. Sólo las putas de lujo lo hacen. Las de la calle Montera son más dignas. Cuando te pagan cuatro perras puedes limitarte a no gritar mientras te dan por culo. Sólo las damas de compañía de mil euros la hora dan las gracias al autor de un desgarro anal. Sí, se trata de palabras políticamente incorrectas, pero dada la incorrección de la política actual no creo que importe demasiado. Además, ¿acaso alguien leerá estas frases? Éste es un país de ciegos, de gente que no ve porque no quiere ver, de analfabetos que saben leer, de dóciles animales de granja que prefieren someterse al gobierno de los tiránicos cerdos antes que ser explotados por el hombre, de cobardes deseosos de perder la libertad, porque sólo los esclavos carecen de responsabilidad y ningún español ha sido jamás capaz de asumir el peso de su culpa. Rezamos en las iglesias o nos ahogamos en los bares, para poder luego maldecir al Dios que no nos escucha o al alcohol que nubla el entendimiento que jamás hemos tenido. Botamos, en lugar de votar y, cuando todo se derrumbe, aclamaremos al primer Dictador que vuelva a proporcionarnos pan y circo a cambio de la amputación de nuestras lenguas. Pero, para entonces, España ya no tendrá ningún Unamuno que se duela por ella, porque Augusto Pérez murió sin tener más hijos, dejando a este estúpido país huérfano de juicio.

jueves, 10 de octubre de 2013

Niebla (I)

La niebla puede ser más blanca que la nieve, más densa, más espesa, más consistente, incluso más fría. Lo sé bien. Una vez me vi atrapada en ella. Durante días y noches, durante noches y días, traté de desprenderme de su envolvente abrazo de anaconda. Nunca lo conseguí del todo. Una mínima parte de su blancura helada permanece adherida al tuétano de mis huesos, me hace temblar con 40º a la sombra, impide que mi piel se broncee en el Caribe y nubla mi vista cuando el cielo no está encapotado. Son también estos jirones nebulosos los culpables de mis despertares de madrugada, gritando con desesperación el nombre de Ret Butler, justo igual que Escarlata O'Hara, segura de que habrá un mañana, aunque no se trate de otro día, sino de la eterna y circular repetición de esos errores que provocan arrepentimiento incluso antes de ser cometidos. Estamos abocados al desastre. Tú y yo. Hijos de un Dios mayor, que fulmina con sus rayos a quienes trepan a los árboles para divisar el final del horizonte. Una vez me vi atrapada en una niebla más blanca que la nieve, más densa, más espesa, más consistente, más fría. No fue fácil escapar de su crujido de cristal. Es difícil cerrar los ojos y avanzar a tientas. Hay que aceptar la cruda realidad de que, a veces, nuestros pasos los guía únicamente el azar. No te logré encontrar. Ése es el hielo que me impide respirar, una niebla tentacular que, más tarde o más temprano, me ahogará. Sé que te da igual. Hace tiempo que me convertiste en un recuerdo naufragado en el fondo del mar, devorado por pirañas asesinas y otros peces carroñeros pendientes de clasificar.

miércoles, 13 de febrero de 2008

Una gran verdad (especial San Valentín)

"Probablemente no nace el amor sino al nacer los celos; son los celos los que nos revelan el amor. Por muy enamorada que esté una mujer de un hombre, o un hombre de una mujer, no se dan cuenta de que lo están, no se dicen a sí mismos que lo están, es decir, no se enamoran de veras sino cuando él ve que ella mira a otro hombre o ella le ve a él mirar a otra mujer en el mundo".

Unamuno dixit.