Es fácil predecir la trayectoria de una rata. Sólo hay que liberar los instintos más básicos de la pequeña alimaña que todos llevamos dentro. Pensar como ellas, sentir como ellas, desear como ellas. No se trata de adivinar a dónde queremos ir, sino de determinar a dónde nos gustaría llegar y, después, imaginar el camino más fácil para alcanzar nuestra meta, ignorando siempre la molesta voz de nuestra remilgada conciencia. Corretear entre la basura sin ningún tipo de escrúpulo, morder a cualquiera que se interponga en la senda que conduce a nuestro objetivo, arañar hasta encontrar una salida. Todo vale. Nada importa. Sé lo que vas a responderme: tú no deseas ser una rata, pero yo no te pido que te conviertas en una. Sólo debes aprender a predecir su trayectoria para poder así evitar ser roído por sus inmisericordes dientes envidiosos. Hay que conocer al enemigo, no ya para matarlo, sino para no morir a sus manos. Estamos en guerra y, aunque no te des cuenta, perdemos la partida. No quieres acercarte a ellas, mucho menos ponerte en su pellejo, pero es la única forma de que no nos transmitan la peste. Míralas. Están convencidas de que son las amas y señoras de este podrido imperio de miserias. Para eliminar sus escondites no es suficiente con limpiar toda la mierda. Tendremos que sembrar de trampas las cloacas y luego recoger sus cadáveres y quemarlos antes de que se descompongan y siembren la tierra con su veneno de ultratumba. No es ponernos a su nivel. Podremos ser mejores. Seguramente acabaremos siendo mucho peores. Pero nunca, escúchame bien, nunca seremos como ellas.
Blog en el que buceo en universos paralelos distantes y distintos encerrados en el centro de un protón del núcleo del átomo de mi existencia.
Mostrando entradas con la etiqueta Ratas. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Ratas. Mostrar todas las entradas
jueves, 19 de febrero de 2015
jueves, 29 de enero de 2015
Ratas (II)
Hoy es uno de esos días en los que todo duele, incluso lo que no tiene forma de puñal. Cada vez estás más lejos, a un número indeterminado de kilómetros del suelo. Ya casi no puedes verlos, pero sabes que están ahí, clavando su mirada en el horizonte equivocado. Quieres gritar, decirles todo lo que piensas, pero sabes que no serviría de nada. Son sordos o, peor aún, completamente estúpidos. Flotas, como un globo de helio con forma de dibujo animado, pero no te atreves a cortar el hilo que te une a esta tierra de salvajes. Introduces tu cabeza entre las nubes y tratas de dormir, creyendo firmemente que es posible olvidar el ruido de las ratas que corretean en las cloacas. ¡Insensata! ¿Por qué no temes sus mordiscos? Piensas que sólo las aves pueden hacerte daño. Siento contradecirte, también hay alimañas en el cielo.
sábado, 16 de marzo de 2013
Ratas (I)
Aunque no lo creas, te veré caer, incapaz de que tus desplumadas alas negras te alejen del suelo. Tratarás de arrastrar tu proyecto de cadáver hasta el hospital más próximo, pero yo pisaré tu cabeza de serpiente y machacaré la parte de tus tripas que aún no haya reventado como consecuencia del golpe. Sí, aunque no lo creas, acabaré contigo, no porque sea más lista que tú, sino porque he leído a Delibes y sé cómo se cazan las ratas.
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)