Me emborracho de ti.
Bebo todas y cada una de tus palabras.
Sorbo poco a poco todos y cada uno de tus besos.
Recuerdo el suave tacto de tus largas manos.
El modo en que recorres mis nalgas y, a continuación, mis piernas.
El momento en el que introduces tu dedo índice en mi ombligo y el escalofrío que recorre mi espalda en ese instante.
Me pierdo en el mar infinito de tu mirada.
Me engancho a tu pícara sonrisa.
Dejo que cuentes todos y cada uno de mis lunares.
Comienzo a marearme cuando muerdes el lóbulo de mi oreja.
Cierro los ojos y los abro justo cuando suena el despertador.