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martes, 13 de mayo de 2014

Envolvente (IV)

A veces desnudo mi vergüenza para desprenderme del abrigo de mi bochorno. Expongo al mundo aquello que sonroja las partes más inseguras y acomplejadas de mi mente disléxica y cruzo los dedos para que nadie se dé cuenta de lo humillantes que resultan ciertos actos, sentimientos, pensamientos y pactos. Sé que tú sí distingues la verdad oculta entre cien mentiras. Por eso permanezco vestida en tu presencia. Si me quito una sola prenda, si te enseño la millonésima parte de un centímetro cuadrado de piel, serás capaz de adivinar todas y cada una de las cicatrices de mis venas y la falta de pericia de los zurcidos de emergencia que perpetré a la luz de las velas, para evitar que se desgarraran mis arterias. Los demás no serían capaces de encontrar las marcas de mi debilidad ni con la ayuda de todos los mapas de los mejores cartógrafos del universo, aquéllos que dibujaron las líneas que unen los puntos de las constelaciones que tatúan nuestros sueños. Es difícil que un topo alcance la salida de un laberinto de hormigas sin destruir todos los túneles horadados por las negras liliputienses.

miércoles, 5 de febrero de 2014

Envolvente (III)

Contemplo el teléfono, pero no suena. Mis dedos dibujan sobre la mesa los trazos que componen las letras de tu nombre. No debería ser así. Tú no eres Él, pero la angustia de no tenerte es la misma. Compruebo el buzón de entrada de mi correo electrónico. Nada. Al menos, nada que tenga que ver contigo. Durante el resto de la tarde, lo actualizo de manera sistemática cada dos minutos. Es una forma de perder el tiempo tan estúpida como otra cualquiera. Quisiera saber lo que me espera tras las esquinas de esta noche, que se avecina más insomne que nunca. Tu sombra es sólo la sombra de la sombra de su recuerdo. El abismo bajo mis pies sigue siendo igual de inmenso. El vacío revolotea a mi alrededor y me abraza por la espalda. Extirparte y extirparle sin bisturí ni otro tipo de instrumento quirúrgico resulta casi tan imposible como creer que mañana será mejor que hoy. Mi inamovible fe en la omnipotencia del Desastre no me permite cerrar los ojos y avanzar guiada por el perro lazarillo de la Providencia. Creer o no creer no es lo que importa. La única diferencia entre ellos y yo es el dolor que me provoca esta apnea, de la que ellos ni siquiera son conscientes. Dicen que la única forma de exorcizar a los demonios es hablar de ellos, pero no se dan cuenta de que, al hablar, otorgamos entidad a cosas que, de otra manera, carecerían hasta de nombre o, al menos, de forma y descripción. Y de madrugada confundo su nombre con el tuyo y mezclo vuestras caras y vuestros cuerpos, creando un Golem aterrador, que amenaza con devorar hasta la última migaja del sudor que humedece mi colchón enfebrecido. No son suspiros los sonidos que abandonan mi garganta, sólo los crujidos de los huesos de los muertos que comienzan a resucitar en mis entrañas.

viernes, 3 de enero de 2014

Envolvente (II)

Tenemos miedo de deshacer el lazo, de quitar el envoltorio y descubrir que la caja está vacía, que no tenemos alma, que nuestros cuerpos no cobijan más que huesos, vísceras y sangre, que somos vainas huecas, muñecos de trapo, robots a los que un día se les acabará la pila. Pero nos equivocamos. Tratamos de ver algo que, por definición, es invisible y, cuando nuestros miopes ojos se enfrentan a la nada, no nos damos cuenta de que la hoja no está en blanco, sino que basta con un poco de vapor para hacer aflorar las palabras aparentemente inexistentes, las que explican todo lo inexplicable. Ten fe. Créeme. Aunque no lo percibas, hay algo eterno debajo de esta piel.

domingo, 11 de noviembre de 2012

Envolvente (I)

Odio las aglomeraciones, salvo que tú seas la masa que empuja y estruja.