Mostrando entradas con la etiqueta Pasajero. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Pasajero. Mostrar todas las entradas

miércoles, 25 de marzo de 2015

El Reino de los Sueños (I)

Nieve efímera, que se cuela entre los rayos de este sol que no calienta tus insomnios matutinos. Cada parpadeo es un apagón de luz, que te transporta hasta el Reino de los Sueños. Él es sólo una sucesión de fogonazos disparados con una Polaroid anterior a la era digital. ¿Y tú? ¿Qué eres tú para él? Mejor no preguntar. Nunca has querido aceptar la incorporeidad de tu esencia. Las nubes vuelven y tú te escondes bajo la mesa, confundiéndolas con terremotos japoneses. No vuelvas a cerrar los ojos. No trates de enterrar su ausencia detrás de una cortina de carne transparente. ¿Por qué duelen tanto los inviernos? ¿Por qué el hielo no desaparece al principio de la primavera? Tus manos son un mar de dudas, que siempre se enfundan los guantes equivocados. El viento aúlla tus errores, mientras arropas el vacío de tu cama con una nana de lana que hace tiempo oíste a algún mendigo. Los relojes callan. Es necesario suspender este momento.
 
 

martes, 24 de febrero de 2015

Canibalismos (IV)

Quiero plegarme entre tus labios, hundirme en las marismas de tu boca, dormir sobre el colchón de agua de tu lengua, ondular ingrávida bajo el cielo de tu paladar, hasta que un tsunami de saliva ahogue para siempre mis ansias de ti. Quiero que me estrujes con rencor, exorcizando todos los silencios que no nos atrevemos a dinamitar, ordeñando hasta la última gota del dolor que ahora oprime las gargantas. Quiero que penetres mis defensas, que arañes los pedazos más esquivos de mi piel, que muerdas mi carne cenicienta, resucitando el hambre que trato de adormecer bajo el edredón de la soledad más absoluta. Somos dos mitades imposibles de reconciliar, que se abrazan bajo el eclipse alcohólico de esta noche plagada de fantasmas. Tu sudor me envuelve con el regusto de una marea de cianuro con sal. Quiero morir o, tal vez, matar. Ahorco un grito con forma de buitre, mientras una sinfonía de gemidos amordazados trepa decidida las paredes de mi femoral. No quiero dilatar la eternidad. Tampoco concretar lo abstracto. Sólo quiero cerrar los ojos y que tus dedos dibujen con esmero la silueta del deseo.