Copos aterrizando en los tejados, nieve que se convierte en agua, agua que se transforma en llanto, llanto que fluye como un río. Una ráfaga de viento me hiela para siempre el corazón. Sólo tu aliento podría derretirlo, pero tus labios recitan ahora versos muy lejos de mi pecho, versos que dejan de ser poesía para mutar en anodino ruido cotidiano, palabras que cualquiera podría pronunciar, desnudas de belleza y de verdad. Ya no sé si tú eres tú o sólo un reflejo de quien solías ser; pero yo ya no soy aquélla a quien conociste, sino esa otra que existía antes de ti, la que sobrevive a cualquier tipo de naufragio y bomba nuclear, la que muda de piel, que no de esencia, la que corre desnuda entre los cadáveres, siempre herida, pero nunca moribunda. Un manantial de tinta brota de cada uno de los huecos que horadaste con tus dientes. Escupiste mis pedazos a medio masticar y dejaste que los buitres devoraran partes de mí que jamás seré capaz de recuperar. O puede que no, que sólo les entregaras trozos de mí que nunca me definieron, que sólo lograrían confundirlos, haciéndoles creer que poseían lo que ni siquiera tú llegaste jamás a tener. A veces te vislumbro, a pesar de la distancia. Un océano de tristeza continúa anegando tu mirada y es tanta la pena que flota en tus pupilas de pizarra que no sé si son tuyas todas las lágrimas que no te atreves a derramar o si robaste algunas de las mías en el medio de una de nuestras noches de alquitrán. Aún me quema tu dolor en las palmas de mis manos. ¿Sigue mi susurrante grito taladrando tu tímpano izquierdo? Este frío ya no ralentiza mis latidos, pero continúa raspando mi garganta al respirar. Copos esquiando en mi laringe, nieve sucia que tizna mi boca de reproches, reproches que resecan mis labios, labios que muerdo hasta hacerlos sangrar, sangre que se convertirá en barro, barro que sólo se transformaría en vino si pudiera volver a emborracharte con mi sed.
Blog en el que buceo en universos paralelos distantes y distintos encerrados en el centro de un protón del núcleo del átomo de mi existencia.
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lunes, 5 de febrero de 2018
viernes, 27 de febrero de 2015
Invierno (II)
Tratamos de anestesiar el rugido de los monstruos, pero es imposible acallar el quejido de la piel rasgada por sus garras. Sabes que nuestro dolor es idéntico, aunque se manifieste de diferente forma, pero te empeñas en fingir que el origen de tus lágrimas se sitúa a miles de kilómetros de la fuente de las mías. Tu deseo trepa la cordillera de mis pestañas, sólo para poder afirmar que no ansías sumergirte en el petrolífero lago de mis pupilas de pizarra. Tu desprecio de tiza tatúa versos de nieve sobre mi mirada de niña abandonada. La lluvia cae torrencialmente sobre mis mejillas, sin que tus manos sirvan de paraguas a mis pechos. Hay tumores que, aunque las pruebas médicas se obstinen en afirmar lo contrario, nunca pueden ser benignos.
lunes, 4 de marzo de 2013
domingo, 24 de febrero de 2013
sábado, 8 de diciembre de 2012
Invierno (I)
Se helarán las puntas de tus dedos y se gangrenará el extremo más atrevido de tu lengua. Por eso no debes tocarme. Por eso no debes besarme. La hipotermia no es dulce. La muerte por congelación duele. Quien diga lo contrario es que nunca ha estado tres días perdido en el Himalaya. Pero yo sé de lo que hablo. Para sobrevivir tuve que vender mi alma al Invierno. Sólo me perdonó la vida con la condición de que le ayudara a alcanzar a quienes no aspiran a convertirse en alpinistas. Por eso pude volver de las alturas. El precio no me pareció grande. Nunca me ha gustado que nadie se me acerque demasiado. Si mantengo una distancia adecuada con el resto de mis congéneres nadie sufrirá daño. Pero ahora tú quieres saltarte la barrera y derribar la empalizada. Aprecio demasiado tu existencia como para permitir que te suicides de una forma tan absurda. Mi piel no es tan suave ni mis labios tan sabrosos como para privar al mundo del caleidoscopio de tu mirada. Aléjate. Vete de aquí. No mires atrás. Incluso verme te puede llegar a matar. Hay nieve en mis pestañas y estalactitas bajo mi párpado inferior. Si nuestros ojos se cruzan el tiempo suficiente mi hielo apagará tu fuego y solidificará tu sangre. Hazme caso. No mires atrás. Estatua de hielo. Estatua de sal.
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