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miércoles, 21 de mayo de 2025

Serpientes (III)

He vuelto a soñar contigo, a enhebrar mi risa entre tus labios, a ser presa de una idea que no es idea, sino certeza ambigua, locura espuria, delirio invertebrado, profecía elíptica y capicúa, que ni sé ni quiero evitar. Repto entre los pliegues de la noche, esculpiendo desastres a los que nadie más se atreve a dar forma. Los robé de la zona más clandestina de tu cerebro, ésa en la que no dejas entrar a nadie, pero que yo allano de madrugada, cuando tú yaces víctima del mazazo de Morfeo. No, no me asusta lo que hay allí, porque tus demonios son idénticos a los míos, aunque menos agresivos. Me miran, curiosos, pero no me atacan. Sólo me acarician, melifluos, hasta que yo les devuelvo el gesto y, entonces se enroscan en torno a mi antebrazo derecho y guían mi mano sobre el papel, dando vida a todo lo que llevas dentro, sin ser siquiera consciente de ello. Despierto. Te siento, tan adentro y, a la vez, tan lejos. El deseo es una trampa que nunca he sabido cómo esquivar. Hurgo en cada uno de mis huecos. Encuentro espectros, retazos de las vidas que desdeñé por no ser lo que buscaba. Regreso al centro, a ese faro que palpita justo debajo de mi ombligo. Me dice que espere. Que el momento se acerca, pero aún no ha llegado, que no estamos preparados para encarnar todo lo que hemos imaginado, aquello por lo que descendimos de las nubes, todo lo que la Mariposa tatuó en nuestras neuronas de alabastro. No sé qué hacer con todo esto, así que yo también lo entierro, rezando para no presenciar nunca la resurrección de todos nuestros muertos.

sábado, 10 de noviembre de 2018

Serpientes (II)

Escóndete, no dejes que te encuentren. Tú, la escurridiza; ellos, las serpientes. ¿Cómo explicarle lo que sientes a los reptiles de sangre congelada? Tu corazón, hervidero de metáforas volcánicas; el suyo, reloj suizo insensible a las altas temperaturas. Y, aún así, es la nieve tu única amiga y la helada escarcha de primera hora de la mañana, tu amante más voraz. Es tan extraño como cierto, tan contradictorio como lógico. Y sueñas que algún día mute el curso de los astros y deje la luna de influir en las mareas de tu tristeza, pero sabes que hay cosas que nunca cambian y pesadillas que no terminan de desvanecerse con la aurora. Y tratas de salir de tu escondrijo, sin darte cuenta de que también él es un autómata programado para razonar en contra de los designios del destino. Y duele más la forma en que te mira que la manera en que vuelve la vista en la dirección equivocada. Y, aún así, te queda el consuelo de saberte única ganadora de esta historia derrotada, no porque traspasaras ninguna meta, sino porque, a diferencia de él, tú siempre quisiste perder(te).

domingo, 1 de julio de 2012

Serpientes (I)

Ya no eres capaz de soportar el peso del mundo sobre tu espalda. Por eso te arrastras sobre la tripa, besando el suelo, arañando el barro con la punta de tus dedos. Para otros es fácil. Para ti no. No tienes alma de serpiente, ni sabes mudar de piel. Sólo tu lengua bífida te asemeja al resto de reptiles que te rodean. Y, aún así, no eres una de ellos. Ni siquiera los lagartos son tus primos hermanos. Nunca tuviste escamas y no aprendiste a camuflarte ni en la selva ni en el desierto. Siempre se te ha visto demasiado, a pesar de tus deseos de ser invisible. Quizás algún día lo consigas. Desaparecer. Evaporarte. Sumergirte en ninguna parte. Mientras tendrás que seguir pegada al suelo y cruzar los dedos para que tu estómago no reviente aplastado por el peso que curvó tu espalda.