jueves, 12 de septiembre de 2019

Desastres (VII)

Ya no habito mi cuerpo. Nunca viviría en un lugar en el que no pudiera encontrarte.

martes, 3 de septiembre de 2019

Neguri (VI)

Puedo mentirme, decir que no recuerdo la luz de tu risa (tampoco el calor de tus lágrimas bañando mi cuello). Puedo juzgarte, llamarte cobarde, calificarte con mil y un adjetivos que cuestionen tu honor. Puedo fingirme libre del eco del abrigo de tus brazos, extranjera en la meseta de tu pecho, peregrina que jamás se ha dirigido hacia la cruz de tu esternón. Puedo culparte, depositar en tus hombros un nuevo fardo de responsabilidad que no te corresponde, condenarte por todos los pecados que me han conducido hasta este infierno. Puedo tratar de ocultar la lluvia de abril tras un par de flamantes gafas de sol, pero las gotas continuarán repicando tras los cristales, llamando a difunto, reblandeciendo la tierra del cementerio. Puedo acusarte de crímenes de lesa humanidad, de genocidio en masa y actos terroristas perpetrados con nocturnidad y alevosía, pero ¿cómo calcular el número de víctimas cuando las mismas no han sido aún engendradas? O, tal vez, podría enfrentarme al espejo, mirarme a los ojos y reconocer la ausencia de amnesia, la nitidez con la que continúo visualizando todas y cada una de las escenas que protagonizamos juntos, la felicidad y el dolor, la herida aún en combustión. También podría llamarte, verbalizar el error del amor y la inverosimilitud del olvido, el aguijoneante deseo que aún escuece bajo la piel. O, quizá, lo único que necesitemos sea otorgarnos el perdón, porque ambos fuimos coautores del crimen, del puto homicidio por omisión y, aun así, ¿habríamos podido sobrevivir a las consecuencias de la acción? Y recorremos los mismos lugares en momentos tan distintos como inciertos. Y dejamos que el viento agite los silencios y que el tiempo horade la roca del orgullo, pero la erosión es siempre demasiado lenta y el corazón enervantemente proclive a fallecer por falta de oxígeno. Todo se reduce siempre a lo mismo: hace frío y tú no estás.

domingo, 1 de septiembre de 2019

Ni Romeo ni Julieta

Rota de amor, despellejada viva, palpitante pedazo de carne latiendo entre tus manos. Cuerpo dormido, exhausto de deseo, pacífico cadáver pasajero. Entiérrame en el ataúd de tu caja torácica. Respírame. Tatúa mi olor en tu pituitaria. Luego, escúpeme y amortaja mis restos entre tus sábanas. Detén este nuevo amanecer. Ahorquemos al gallo y a la alondra después. Convirtamos esta habitación en un eterno eclipse de sol (y de luna también). Estoy harta de mendigarte entre la luz, de buscarte tras la niebla del día devastador. Arde tu aliento en mis senos, hierve tu sudor en mi piel, escuece tu saliva en las grietas de mis labios. Y te escribo para recordarte cuando pierda la razón. Y te lloro al darme cuenta de que hace tiempo que dejaste de existir. Y te invento, ahora que tu espectro se desdibuja entre mis dedos. El pasado es un tumor maligno obturando la garganta y yo el doctor que decide no operar.

jueves, 22 de agosto de 2019

The shadows of the Greeks

We had it, but we let it slip away, so fucking silently that we could never be aware of the elephantine loss. It was too good to be real, so we tried our best to prove it a shadow. Plato would have been proud of us. We were outside the cave and forced ourselves into it. We watched the movie and cursed the scriptwriter. Fuck, writers are just sadists, you know? But, what if we have some influence, no matter how tiny it may be, over the next scene of our lives? Yes, I know, it's safer to think the contrary, not to take any responsibility for the slow assassination of what should have been. But we are murderers and no jury could absolve us of all the little omissions that brought us here. Is "here" a place or just a state? I no longer have a clue. I only know that I know nothing. There you go. The Greeks again. Speaking of the devil, wouldn't it be easier if we could drown all our fears in the Aegean Sea?

viernes, 9 de agosto de 2019

Desastres (VI)

Hay silencios que retuercen las entrañas y otros que protegen de la lluvia. Tú siempre has pertenecido a ambas categorías.

sábado, 13 de julio de 2019

Nocturno (VIII)

La casa a oscuras, el cuerpo encendido, tus dedos en guerra alrededor de mi ombligo. Sé que quieres y no quieres seguir avanzando, explorar las grutas que horadaron mineros menos dignos de encontrar una veta dorada. Algunos dicen que tenemos lo que merecemos, otros lo que nos atrevemos a tener, pero tú y yo sabemos que, la mayor parte de las veces, hemos de conformarnos con las migajas que el Azar esparce sobre el mantel. Esta noche es igual que aquella otra noche y, al mismo tiempo, completamente distinta. No llueve ni hace frío, pero las dudas siguen congelando los instintos. Te digo que no importa, que tal vez en la próxima vida... Pero ambos sabemos que no es cierto, que siempre habrá un cepo que aborte nuestra libre carrera por el bosque. Somos dos ciervos que, a diferencia de Endre y Mária, tendrán que contentarse con retozar sobre la nieve en un sueño compartido. O, tal vez, no. Quizá podamos rebelarnos una vez, sólo hoy, bajo el aleteo de los murciélagos de la culpa indebida. ¿No los oyes? Chocan contra el techo, tratando de buscar una salida; pero no hay ventanas abiertas, ni puertas que habiliten la huida, sólo paredes y rejas que aprisionan nuestras manos condenadas. Quiéreme del todo, antes de que el sol tatúe en nuestra piel la quemadura del error. Deja que tus labios surfeen sobre el sudor que resbala por mi espalda erizada. Maullemos con rabia, lamamos con saña, rasguemos el velo del deber que amortaja. Cierra los ojos y descerraja tu pecho, que el dolor que te ahoga me sirva de oxígeno, igual que la primera vez que tus brazos sitiaron mi cuerpo y tus lágrimas fueron preludio del llanto que, desde entonces, anega mis huecos. No quiero pensar, sólo actuar, disolverme en la noche, bañarme en la luna, cantarte desastres que los cuerdos no entienden, besarte, amarte, odiarte. Odiarte. Odiarte. Dime, ¿cuántos más años fingiremos? ¿Cuántos otros días moriremos?

viernes, 31 de mayo de 2019

La madeja roja

Vuelve a mí. Abrázame fuerte. No permitas que reincida en el error de dejarte marchar. Ancla tus brazos a mi espalda y tu pecho a mi esternón. Conviértete en lapa adherida, con saña y determinación, a cada centímetro de mi piel. Sorbe y escupe todo el veneno que ahora circula por mis venas. Quiéreme como no te atreviste a hacerlo ninguna de las madrugadas que naufragamos en la misma orilla del diluvio. Vomítame entre tus sueños y luego vuelve a tragarme de un bocado. Digiere todos mis defectos, especialmente aquéllos que comparten nuestras neuronas más atrofiadas. Deja que tu lengua garabatee tus secretos más inconfesables en el rincón más recóndito del cofre de mi boca de madera con incrustaciones de coral. Desinfectemos nuestras lacerantes yagas con saliva bendita. ¿Eres tú la llave que abre o la que cierra todas las compuertas? ¿Eres tú quien me salva o me condena? ¿El espectro que anuncia la proximidad del fin o el que advierte del peligro para poder eludirlo?

martes, 7 de mayo de 2019

Pulmonary fibrosis

I can't breathe without the oxygen bottle of your lips. Tell me, will you ever come back to bury my corpse within the coffin of your arms? Ours has always been a funerary love or maybe it is that we are funerary people. I only feel at home at cemeteries and life has forced you to learn to be at peace at funeral parlours. If the flesh is to resurrect at the end of times, what's the use in crying over its temporary loss? And yet, I can't stop this cutting sobbing over your intentional (eternal?) departure. Only grey crowy days ahead and a darker oily past behind. I long for any of our angry diatribes against anyone who's not us, but there's no "us" left. You're now part of the outer aching world and I have no partner to share my anger. Take a knife. Stick it into any of my sides. I need to let it all out before the sepsis conquers every inch of my stumbling disoriented body. I'd rather bleed than choke to death, but you would never dare to stab me. Don't you understand you will kill me either way? Chopin's piano still echoes in my head, while your last promise fades away.

domingo, 28 de abril de 2019

El útero del hedor

Quieres que deje de estar enfadada con el mundo, pero no le pides al mundo que deje de apestar. No es la primera ni la última vez que la víctima se convierte en acusado. Soy una mujer violada a la que se le reprocha no haber cerrado las piernas con más fuerza. Lo siento. No soy yo. Son ellos el origen de la náusea, el útero del hedor. No, no voy a calmarme, ni a almibarar con eufemismos las denuncias que a la sociedad no le interesa procesar. Sí, es cierto: odio, mucho, pero sólo porque amo con la misma intensidad. No voy a cambiar. No permitiré que me amputen el clítoris de mi libertad de pensamiento. La ablación de la palabra no extingue la idea amordazada. Podréis quemar a la bruja, pero no impediréis que el humo de su espíritu ascienda hasta las nubes. Su venganza tronará furiosa en las noches de tormenta y vosotros seréis lo suficientemente estúpidos como para creer que es Dios el que os ha enviado este diluvio. Moriréis lapidados por vuestro conspicuo narcisismo y San Pedro jamás os revelará el código de la puerta que custodia. Yo también me quedaré a la intemperie, pero por razones bien distintas, motivos que no vienen al caso, causas que no comprenderías, por más que te las tratara de explicar. Soy una irlandesa que flota mansamente en una piscina de alcohol, pero que se hunde sin remedio en un océano de tierra firme. También la pelirroja que combustiona en contacto con el sol. Soy el disfraz que todos confunden con mi auténtica piel, la máscara que besas cuando crees haber desmaquillado mi rostro, el titiritero y el guiñol, tu deseo y tu ficción.

sábado, 16 de marzo de 2019

El que no mira

Hace tiempo que no me encuentro en el lugar en el que estoy, siglos que te sueño a todas horas, eras geológicas desde que te marchaste. Últimamente observo mucho el cielo. ¿A qué distancia de la Tierra se hace visible el meteorito aniquilador? ¿Cuándo se dieron cuenta los dinosaurios de que iban a morir? ¿Qué tipo de organismos sobrevivirán al próximo cataclismo? La mayor parte de las respuestas científicas nunca aclaran nada. Ésta es la última vez que te pido una explicación. O, mejor dicho, la última vez fue la última vez. Esta vez no te pido nada, ni siquiera la mentira que te cuentas para poder dormir. ¿Por qué habría de querer zafarme del abrazo de mi insomnio? Hace tiempo que me cuesta concentrarme, siglos que confundo el pretérito perfecto simple con el imperfecto, eras geológicas que no vibro al son de sus canciones. Últimamente sólo tengo ganas de gritar, de patear todas las espinillas maleducadas que se cruzan, insolentes, en mi camino, de apuñalar paredes sin oídos ni memoria, sordas a los llantos vespertinos, indolentes a la soledad de los cobardes (a diferencia de Alain Delambre, yo siempre me he considerado una mujer violenta, aunque hasta ahora sólo haya dado rienda suelta a mis instintos más brutales en el ámbito verbal). Dime, ¿te has atrevido ya a ser cola de león o continúas contentándote con ser cabeza de ratón? ¿Por qué nunca me preguntaste mis motivos? ¿No te diste cuenta de que mi silencio era la única arma con la que podía volarte la tapa de los sesos? Y, sin embargo, fue mi sien la que acabó agujereada (tal vez debí haber averiguado el calibre de la bala antes de apretar el gatillo). Hace tiempo que no sé si mi cuerpo es real o tan sólo un espejismo, siglos que arrastro la carcasa de mi alma sedienta sobre la abrasadora arena del desierto de tu ausencia, eras geológicas que muero sin morir en ti. Últimamente me he dado cuenta de que no es más ciego el que no ve, sino el que no mira.