Puedo mentirme, decir que no recuerdo la luz de tu risa (tampoco el calor de tus lágrimas bañando mi cuello). Puedo juzgarte, llamarte cobarde, calificarte con mil y un adjetivos que cuestionen tu honor. Puedo fingirme libre del eco del abrigo de tus brazos, extranjera en la meseta de tu pecho, peregrina que jamás se ha dirigido hacia la cruz de tu esternón. Puedo culparte, depositar en tus hombros un nuevo fardo de responsabilidad que no te corresponde, condenarte por todos los pecados que me han conducido hasta este infierno. Puedo tratar de ocultar la lluvia de abril tras un par de flamantes gafas de sol, pero las gotas continuarán repicando tras los cristales, llamando a difunto, reblandeciendo la tierra del cementerio. Puedo acusarte de crímenes de lesa humanidad, de genocidio en masa y actos terroristas perpetrados con nocturnidad y alevosía, pero ¿cómo calcular el número de víctimas cuando las mismas no han sido aún engendradas? O, tal vez, podría enfrentarme al espejo, mirarme a los ojos y reconocer la ausencia de amnesia, la nitidez con la que continúo visualizando todas y cada una de las escenas que protagonizamos juntos, la felicidad y el dolor, la herida aún en combustión. También podría llamarte, verbalizar el error del amor y la inverosimilitud del olvido, el aguijoneante deseo que aún escuece bajo la piel. O, quizá, lo único que necesitemos sea otorgarnos el perdón, porque ambos fuimos coautores del crimen, del puto homicidio por omisión y, aun así, ¿habríamos podido sobrevivir a las consecuencias de la acción? Y recorremos los mismos lugares en momentos tan distintos como inciertos. Y dejamos que el viento agite los silencios y que el tiempo horade la roca del orgullo, pero la erosión es siempre demasiado lenta y el corazón enervantemente proclive a fallecer por falta de oxígeno. Todo se reduce siempre a lo mismo: hace frío y tú no estás.
Blog en el que buceo en universos paralelos distantes y distintos encerrados en el centro de un protón del núcleo del átomo de mi existencia.
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martes, 3 de septiembre de 2019
martes, 29 de julio de 2014
Neguri (V)
Pienso en ti. Todo el tiempo. Sin metáforas que maquillen la imposibilidad de cauterizar la herida. La magnitud del desastre sólo subraya la debilidad de mi cambiante voluntad. Conozco la solución, pero me niego a admitir el problema. Mirar al Norte. Conducir sin pausa, desdeñando esta página plagada de tachones que no consiguen ocultar tu nombre. Negar el canto del gallo para no admitir que te negué más de tres veces. Caminar descalza sobre la playa equivocada. Sólo el mar que purifica mis tobillos es correcto. Girar la cabeza y enfocar la mirada en objetivos inalcanzables, incluso para los que no son miopes. Temblar de frío, tal vez de miedo. Susurrar plegarias agitadas por el viento. Rezar al sol que parpadea tras las nubes. Romper las rocas en busca del calor depositado en su interior. Dos niñas construyen castillos de arena sin importarles que las olas puedan derribar su magna obra. Las bombas estallan. Los rascacielos caen. Es imposible reconstruir una ciudad cuyos cimientos son de barro, pero tú continúas tratando de edificar sobre aguas pantanosas. No hay prisa, dices, mientras repican las campanas de las once.
lunes, 10 de marzo de 2014
Neguri (IV)
Intentaré no verte en la espuma de este mar mordido por una jauría de enloquecidos perros rabiosos. Intentaré no oírte en el graznido de las gaviotas que anuncian mi naufragio en la costa del Cantábrico. Intentaré no olerte en la sal que petrifica mi piel desnuda sobre la orilla de esta playa invernal. Intentaré no saborearte en los granos de arena que mastico sin tragar, mientras decido qué es mejor, si precipitarme en el mar o esperar hasta que las olas me vuelvan a centrifugar. Intentaré no palpar tu recuerdo en las fantasmagóricas sombras de esta prematura tarde de diciembre. Tal vez este viento huracanado logre finalmente borrarte de mi mente, antes de que todo mi ser salga dinamitado por los aires. No hay cometas en el cielo. Nadie practica kitesurf en Nochebuena.
viernes, 31 de mayo de 2013
Neguri (III)
Llevas la inmensidad del mar encerrada en tu pecho, tu aliento destila sal y la espuma de las olas enmarca tu iris y tu pupila. Dices que echas de menos la costa, sin darte cuenta de que todo lo que añoras está dentro de ti. Y yo, tan difícil de retener y de contar como la arena, me quedo a tu lado, esperando que laves mis costados y compactes mi materia, que me moldees a tu gusto y deseo, que me destruyas y me rehagas a tu antojo, sabedora de que, aunque lo intente, no podré escapar del abrazo de tu resaca nocturna.
jueves, 20 de diciembre de 2012
Neguri (II)
Te quiero, como se quieren las cosas que no se tienen. Te bebo, como se beben las drogas que no se deben. Te lloro, como se llora el tiempo que no se detiene. Te elimino, como se eliminan las cosas que nos repelen. Te excito, como excitan las mujeres que no se tocan. Te enfado, como enfadan los niños cuando alborotan. Te engaño, como engañan las putas cuando la chupan. Huyo, como huye una presa delante de un puma. Me escondo, como se esconde la luna detrás de la bruma. Me ahogo, como se ahoga Alfonsina entre la espuma.
martes, 11 de diciembre de 2012
Neguri (I)
El vaivén de las olas en tu mirada. La sal. La arena. Hace frío, pero, al mismo tiempo, hace calor, a pesar de que hoy, como ayer, no brille el sol. Mis piernas se convierten en barro al entrar en contacto con tu saliva. Sé que es sólo un recuerdo, un espejismo, un placer reflejo sin acento circunflejo. Cierro los ojos y respiro este conato de huracán que amenaza con elevarme por encima de las nubes, allí donde sólo habitan los dioses de la mitología clásica. Volver al lugar del crimen es la única manera de provocar la repetición del asesinato. Abro los ojos y miro a mi alrededor. Ningún hito marca el lugar exacto en el que yace mi cadáver. Me gustaría poder encontrarlo, recogerlo, recuperarlo, pero sé que no seré capaz de hacerlo. Mi alma enterrada bajo tierra grita. Mi cuerpo, sordo y vacío, confunde ese grito desgarrador con el graznido de las gaviotas. Lloro, pero no soy yo la que llora. Son otros los ojos que derraman mis lágrimas. El vaivén de las olas en tu mirada. La sal. La arena. Todo lo demás no es cierto.
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