Sueño contigo, incluso aunque me duerma pensando en otro. Me miras, ufano, sabiéndome tuya, aunque los demás lo ignoren. Yo tampoco era consciente hasta ese fatídico abrazo (el tiempo sólo se detiene en honor a la reunión de dos pedazos de la misma Alma). ¿Qué he hecho desde entonces? Nada y Todo, al mismo tiempo. Rezar para que Todo pase, sabiendo que Nada lo hará. Trato de ahogarme en otros ojos más transparentes que los tuyos, pero se trata de un mar oleoso, que me repele al intentar sumergirme en él; justo al contrario de lo que me ocurre con la arena movediza de tu mirada, que me engulle hasta el centro de tu pecho y me ancla al punto más profundo de tu tórax. Vivo allí, incluso cuando, aparentemente, estoy en otro sitio. Yo ya no soy yo, sino una parte de ti, que fantasea con ser amputada, sabiendo que ni la espada más afilada podría separar mi aliento de tu viento. Me siento idiota. ¿Cómo he podido tardar tanto en entender algo que tú comprendiste a la velocidad del rayo? Debería ser al revés. Yo soy la que se supone que intuye, pero contigo he estado ciega hasta que el elefante creció tanto que no dejó ni un milímetro de habitación sin ocupar. Te ríes. No sé si ante mi ignorancia o si por la rabia que aprieta mis mandíbulas. Supongo que todas esas conversaciones no eran tan triviales como a mí me habría gustado, como yo las forzaba a ser. Tenían intención a la par que dirección. Y, sin darme cuenta, bailé al ritmo que tú marcabas. Yo, titiritera experta, convertida en mera marioneta de tu divina voluntad. No, no tendría que soñar contigo, pero lo hago y cada noche es más difícil no confundir mi deseo con el tuyo.
Blog en el que buceo en universos paralelos distantes y distintos encerrados en el centro de un protón del núcleo del átomo de mi existencia.
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jueves, 23 de abril de 2026
lunes, 16 de mayo de 2022
Nocturno (IX)
Las ardientes lágrimas de la vela caían sobre mis botas. Yo contemplaba cómo se solidificaban sobre la negra piel, creando una hermosa constelación de diminutas lunas llenas. En el cielo, el satélite terrestre engordaba por momentos, ahíto de las soledades más feroces. Mi corazón sangraba al compás del silencio de la noche. "¿Dónde estás? ¿Por qué no te siento?" Caminaba bajo el fuego del recuerdo de ese pasado inaprensible que, aún hoy, continúa acuchillándome de costado. Cuánto dolor para tan poca herida. "¿Dónde estás? ¿Por qué no te siento?" rumiaba febrilmente entre mis labios, como un mantra incapaz de salvarme, pero sí de anestesiar la angustia. "¿Dónde estás? ¿Por qué no te siento?", "¿Dónde estás? ¿Por qué no te siento?", mi oscuridad interna siempre más densa que la externa, petróleo emocional encharcando mis pulmones. Cerré los ojos. Traté con todas mis fuerzas de regresar allí, a esa otra noche huérfana de consuelo, pero preñada de esperanza. Naufragué, sin embargo, en una orilla bien distinta. Grité tu nombre. Sólo el eco respondió. Abrí los ojos. Dejé que me abanicara el aleteo de los murciélagos. "Todo irá bien, por muy mal que parezca ir". No me creí, pero me equivocaba.
sábado, 13 de julio de 2019
Nocturno (VIII)
La casa a oscuras, el cuerpo encendido, tus dedos en guerra alrededor de mi ombligo. Sé que quieres y no quieres seguir avanzando, explorar las grutas que horadaron mineros menos dignos de encontrar una veta dorada. Algunos dicen que tenemos lo que merecemos, otros lo que nos atrevemos a tener, pero tú y yo sabemos que, la mayor parte de las veces, hemos de conformarnos con las migajas que el Azar esparce sobre el mantel. Esta noche es igual que aquella otra noche y, al mismo tiempo, completamente distinta. No llueve ni hace frío, pero las dudas siguen congelando los instintos. Te digo que no importa, que tal vez en la próxima vida... Pero ambos sabemos que no es cierto, que siempre habrá un cepo que aborte nuestra libre carrera por el bosque. Somos dos ciervos que, a diferencia de Endre y Mária, tendrán que contentarse con retozar sobre la nieve en un sueño compartido. O, tal vez, no. Quizá podamos rebelarnos una vez, sólo hoy, bajo el aleteo de los murciélagos de la culpa indebida. ¿No los oyes? Chocan contra el techo, tratando de buscar una salida; pero no hay ventanas abiertas, ni puertas que habiliten la huida, sólo paredes y rejas que aprisionan nuestras manos condenadas. Quiéreme del todo, antes de que el sol tatúe en nuestra piel la quemadura del error. Deja que tus labios surfeen sobre el sudor que resbala por mi espalda erizada. Maullemos con rabia, lamamos con saña, rasguemos el velo del deber que amortaja. Cierra los ojos y descerraja tu pecho, que el dolor que te ahoga me sirva de oxígeno, igual que la primera vez que tus brazos sitiaron mi cuerpo y tus lágrimas fueron preludio del llanto que, desde entonces, anega mis huecos. No quiero pensar, sólo actuar, disolverme en la noche, bañarme en la luna, cantarte desastres que los cuerdos no entienden, besarte, amarte, odiarte. Odiarte. Odiarte. Dime, ¿cuántos más años fingiremos? ¿Cuántos otros días moriremos?
lunes, 16 de febrero de 2015
Nocturno (VII)
La gente bebe, la gente habla, la gente ríe, tú sólo callas. La noche es fría e indolente a tus deseos, pero la tentación se enrosca en torno a tus tobillos con la insistencia de una gata en celo. ¿Por qué no ceder? ¿Por qué resistirte hasta que revienten todas las compuertas? ¿Por qué no puedes ser como ellos? Éstas que ahora escribo son palabras huidas que cacé en el medio de su fuga. Algunas consiguieron escapar definitivamente de mis labios. Poco importa. Que torturen a otros sus secretos. Un terrón de azúcar se hunde silenciosamente en una amarga taza colmada de café. Tú hueles a ropa recién sacada de la lavadora. Yo a cera aplastada entre tus dedos. La luz fallece. Los adoquines son trampas mortales para los tacones de las Cenicientas que tratan de alejarse de sus príncipes. El cristal se quiebra con un grito de murciélago. El miedo rebota contra las paredes de un callejón sin salida. La luna se esconde entre las nubes, sembrando de tinieblas esta esquiva madrugada. Nuestras bocas son estrellas que ya no producen luz. Nos morimos en la titilante distancia que separa nuestros cuerpos, pero nadie se decide a enterrar nuestros cadáveres. Se les da bien camuflar el hedor de la putrefacción.
jueves, 27 de noviembre de 2014
Nocturno (VI)
La luna que resplandece en tus pupilas es la misma que pestañea entre mis párpados. La noche huele a metáfora granulada con estrellas fugaces. Los caminos que acortan la distancia que ahora separa nuestros cuerpos se evaporarán al llegar al alba. Corre. Volemos como murciélagos desbocados. Dejemos que nuestros gritos reboten en las paredes de sus jaulas. Quebremos el cristal de la urna bajo la que se marchitan las rosas más salvajes. Deslicemos nuestras lenguas entre los barrotes que aprisionan nuestros labios. Cantemos. Bailemos en la oscuridad, como Björk, como las hadas que nacieron en las tinieblas que envuelven el corazón. Entre el primer y séptimo latido duermen los secretos que me atan a tu voz.
domingo, 6 de abril de 2014
Nocturno (V)
Tus dedos, manchados de la tinta de tus versos, tamborilean con desgana sobre el papel en el que viertes tus insomnios. Mis pupilas revolotean al compás de sus rítmicos movimientos, calculando el número exacto de usos indecentes que podría dar a tu índice, a tu corazón, a tu anular, a tu meñique y a tu pulgar. Cuando pierdo la cuenta, vuelvo a empezar, girando en círculos obsesivo-compulsivos en torno a la idea de que lo único que deberías (des)escribir es el contorno de mi cuerpo. Un nuevo estúpido concepto cruza tu mente divergente y retomas la pluma para tratar de dar forma a algo que, de por sí, carece de ella. Millones de palabras prohibidas cuelgan del techo de este cuarto comprimido, cárcel de las almas y los cuerpos que aún no han sido liberados de los grilletes del contrato social. El silencio de la madrugada secuestra un último suspiro. Nunca sabremos cuál de los dos no se atrevió a emitirlo.
jueves, 30 de enero de 2014
Nocturno (IV)
A pesar de tanto tiempo, aún hay pedazos de tu cuerpo que recuerdan el destierro. Olvidaste el momento en el que emitiste el último lamento. Escribes a oscuras, imaginando que una tinta blanca y fluorescente rasga la negrura del techo de tu cuarto. Tus manos atadas al borde de la cama ya no hablan, sólo callan. Tus labios balbucean excusas que nadie entiende ni comprende. Cuando se encienda la luz habitarás el reino de las sombras. Ahora no. Ahora que las tinieblas se enroscan alrededor de tus tobillos duermen todos tus miedos. Dicen que la mayor parte de los ciegos son valientes, pero tú sólo temes lo que ves, no lo que permanece oculto. En la sexta estantería de esta noche interminable se apolilla un libro que sólo puede leerse con el metrónomo de una mecedora junto al fuego. Allí se esconde el código de seguridad que evita la apertura de las puertas del infierno. En contra de lo que todos piensan, yo ya no te quiero, pero mi lengua lame la pintura plástica de las paredes que coloreaste, tratando de envenenar el curvilíneo deseo que desboca mis caderas. Cuando el sol viole el cristal de mis ventanas, yo cerraré los ojos para no ver los peligros que me acechan. El fantasma de tus dedos es alargado y retorcido. El viento murmura maldiciones entre las hojas de los tilos.
martes, 23 de julio de 2013
Nocturno (III)
Quiero morderte de un bocado, apresarte entre mis dientes, triturarte despacio en la rueda de molino de mis muelas, hasta que no quede nada de ti, tan sólo un puñado de polvo y un exiguo reguero de sangre. Quiero reducirte a la nada y, una vez que nada seas, moldearte a mi imagen y semejanza, dotándote de la unicidad y singularidad que ahora te falta. Quiero sentirnos solos en este mar lleno de peces, ser incapaces de comprender a los que nadan a nuestro alrededor y que ellos sean incapaces de entender nuestro enigmático sistema respiratorio. Quiero quedarme quieta y dejar que sólo tú orbites entorno a mí, ambos suspendidos en estas aguas cenagosas en las que todos fingen saber a dónde van, aunque, en realidad, avancen a tientas. Quiero estar segura de que, contra viento y marea, permanecerás a mi lado, pero dudo a cada instante, dejando que mis lágrimas se ahoguen entre la espuma de la resaca nocturna de las noches sin luna.
lunes, 6 de mayo de 2013
Nocturno (II)
Hueles a sexo y yo a cansancio. Demasiadas noches en vela, imaginando, palpando, soñando, saboreando, jugando con la idea de apretarte entre mis piernas. Mis manos no me dejan dormir. Te sienten dentro de mí. Me derrito, aunque no estés aquí. Tu piel, tus ojos miel, el lunar izquierdo de tu sien. Tus dedos sosteniendo medio cigarrillo, más apagado que encendido. Tus labios, succionando la poca nicotina que le queda, reactivando la lumbre, resucitando el humo. Tu saliva lamiendo el filtro. Tus manos amasando el aire. Tu media sonrisa de James Dean. Tus pupilas enfebrecidas. Tu frente fruncida. Tu entrepierna reprimida. Mi gemido suicida. Un callejón sin salida. Huelo a sexo y tú a cansancio. Demasiadas horas observando, esperando una señal, un cambio de luces que te permitiera pasar, una bajada de bandera que te incitara a acelerar, un sí claro y rotundo, que no dejara resquicio a la duda, que desatara la locura, que asaetara la cordura. Un revolcón de madrugada. Un polvo de mañana. Una siesta fuera de la cama. Olemos a sexo y a cansancio. La dilatación de nuestros cuerpos sobrepasa las fronteras del colchón. Sudor. Saliva. Semen. Sudor. Saliva. Semen. Sudor. Saliva. Semen. Sudor. Saliva. Semen. Pisamos un suelo profilácticamente enmoquetado hasta llegar al baño. El agua no nos calma ni relaja, ni siquiera enfría los pedazos de dos almas ancladas a unos cuerpos que al unirse se han partido. Suena un teléfono que despierta las alarmas. No debí mentirle, pero hay cosas que es mejor no decirle. Se acaba el juego. El ruego lo dejas para luego, para cuando sea inapelable la necesidad de volver a encender el fuego. Reptas entre los postigos de la ventana de mi dormitorio. La literalidad de las palabras no sirve para explicar ciertos desastres. La verdad sólo se intuye a través de las metáforas. Escribo sin comprender nada de lo que digo. Me pongo el abrigo. Te busco entre mis amigos. Cuando te encuentro, respiro. La noche tamiza mi retahíla de suspiros. Es duro no tocarte. Es imposible no besarte.
miércoles, 18 de enero de 2012
Nocturno (I)
La noche se hace eterna. El deseo atrapado entre las piernas. Oscuridad sin linterna. Ansias sempiternas. La espera que desvela. El deseo suspendido entre las piernas. Tu boca de linterna. Mi corazón en tu entrepierna. Recuerda. No fue una noche eterna. La pena sempiterna. Ya no hay vida en mi entrepierna. La soledad es mi única linterna.
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