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martes, 9 de mayo de 2023

Desastres (XVI)

Eres la regla de todas mis excepciones.

miércoles, 3 de mayo de 2023

Desastres (XV)

¿Y si su nombre no fue más que una profecía del tuyo?

martes, 13 de diciembre de 2022

Desastres (XIV)

Era una vida extraña, plagada de curvas que sólo podían tomarse invadiendo el sentido contrario. O, tal vez, era yo la rara y revirada, sinuosa ese sin principio ni final. Anhelaba caminos rectos, pero lo cierto es que siempre me adentraba en los senderos más tortuosos que encontraba. Así fue como nos conocimos. También como nos perdimos, prófugos sin éxito, atrapados en alambre de espino, Cristos sin corona ni cruz, pero igualmente heridos hasta el hueso. Soltaste mi mano antes de que el dolor me arrebatara el grito y yo caí en la anestesia de tu indiferencia más brutal. No supe digerir el duelo, sino que vomité nuestra historia entre convulsiones etílicas y lágrimas de rabia. Nadie entendió realmente de qué hablaba. Ni siquiera tú, siempre empeñado en utilizar prismáticos para estudiar lo que tienes más cerca. Y continué caminando, marcando mi ruta hacia el cadalso con migajas de mi carne. Y bailé bajo las ramas del desastre. Y morí desangrada entre tus dedos, en lugar de víctima del miedo.

miércoles, 21 de septiembre de 2022

Desastres (XIII)

Mi insomnio tiene tu nombre.

miércoles, 23 de marzo de 2022

Desastres (XII)

Barajo desastres, sin terminar de decidir en cuál de todos ellos precipitarme. Es hermoso el sonido del silencio, la ausencia de guía, la falta de pistas. En un momento dado, te hago daño, sabiendo que te estoy haciendo daño, pero sin querer hacértelo. Es un acto reflejo, un parpadeo inevitable o, tal vez, sólo el campo magnético que ata a la polilla a la luz (yo, la llama; tú, el insensato insecto). Trato de liberarte del destino al que te condenan las leyes de la física, pero tú te empeñas en fallecer abrasado por el calor de la proximidad de un cuerpo marcado a hierro candente con las iridiscentes letras de otro nombre. Perdóname. Así, con todas las letras y alguna que otra lágrima de arrepentimiento. En realidad, tú eres la luz y yo el insecto, pero la atracción funciona en el sentido equivocado. Busco palabras que enderecen el error, pero las matemáticas no mienten y el alcohol sólo subraya mis silencios. Hay noches que no recuerdo, misericordes amnesias tartamudas que me absuelven de mis pecados más nítidos. Te encierro en una de ellas y tiro la llave al río en el que navegan todos mis secretos. Era necesario a la par que deleznable. Te debo un poema en versos endecasílabos y una explicación desnuda de metáforas, pero sólo te doy otra huida asmática y absurda. Me consuelo con la idea de que, en realidad, nunca me has querido; porque yo, en verdad, soy todo aquello que tú no sabes de mí. Pero, ¿acaso puedo adivinar lo que tú intuyes?

lunes, 19 de julio de 2021

Desastres (XI)

Juego a olvidarte cada día. Siempre pierdo. Es una derrota que me crispa a la par que reconforta; porque, en este mundo donde todo cambia y nada permanece, necesito saber que hay algo eterno, aunque ese algo me asfixie a cada aliento.

miércoles, 3 de febrero de 2021

Desastres (X)

Me queda el consuelo de tu duda, de ese instante en que, por un momento, creíste que yo era un error que merecía la pena cometer y de esa vida que, más temprano que tarde, te golpeará con saña en la boca del estómago hasta hacerte vomitar sangre. Me queda el alivio de mi libertad, de mi navegación sin lastre ni brújula y, al mismo tiempo, de mi rumbo agitado por la brisa del destino. Me queda la esperanza de tu naufragio en alta mar, de tu Waterloo sin exilio y tu Stalingrado sin posibilidad de retirada. Pero, sobre todo, me queda el recuerdo de tus ojos taladrando mis pupilas, penetrando hasta el fondo de mi alma, violando mis más recónditos secretos, descartando mi luz, para quedarse con mis sombras. Sí, tú te enamoraste de mi abismo, gemelo del que anida en el centro de tu pecho, hogar de tus miedos más cervales y tus deseos más oscuros, guarida de monstruos legendarios y demonios policéfalos. Sí, tú me quisiste. También me odiaste. Igual que yo a ti. Es ésta una realidad incómoda que nos persigue con el tesón de un sabueso a punto de alcanzar a su presa. Algún día pereceremos triturados en sus fauces. Mientras tanto, vivamos, siempre a medias, nunca completos, siempre anhelantes, nunca despiertos.

martes, 6 de octubre de 2020

Desastres (IX)

Te echo de menos de formas que aún no se han inventado.

domingo, 2 de febrero de 2020

Desastres (VIII)

Trato de entendernos, de determinar quién apretó el gatillo, de separar tu sangre de mi herida, mis fragmentos de los tuyos, de individualizar cada una de las esquirlas que laceran las palmas de nuestras manos. Trato de olvidarnos, de fingir que no existimos, ni en pasado ni en condicional, ni como amantes ni mucho menos como enemigos. Trato de sembrar la duda en nuestras tripas, de confundir a nuestros estómagos, de colmar de humo el vacío que siempre ha llenado nuestros cuerpos. Pero no puedo. Y es esta incapacidad la que me está matando, este fracaso recurrente que no logro exorcizar. Y quisiera saber si todo lo que fue y, especialmente, todo lo que no será también te está matando lentamente cada día o si, por el contrario, yazco anestesiada en tu neurona más próxima a morir. Pero hace tanto tiempo que no hablamos, que no nos vemos, que nadie nos pregunta por el otro... Te imagino, a veces, tan torturado como cuando nos conocimos; casi siempre, feliz, ahora que, por fin, has conseguido despegar mi sombra de tu cuerpo. Sueño tu sonrisa, límpida, radiante, desintoxicada de mi sempiterna tristeza vespertina. Me miro en el espejo y sigues ahí, quitándole importancia a las ojeras que afean mi reflejo, escondiéndome el maquillaje, por juzgarlo innecesario. Nunca te hice caso entonces, pero hace meses que ninguna brocha colorea mi cara. No sé si ya no necesito ocultarme o si es que finalmente he comprendido que, por más que me exponga, nadie sabrá verme realmente (ni siquiera tú, que tanto atisbaste, sin ser capaz de digerirlo). Y juguetean mis dedos con el aire que rozaste, tratando de asirte en el vacío. Y contemplo la lluvia en los cristales, intentando prever la trayectoria de las lágrimas que no resbalaron por nuestras mejillas, que se nos atascaron para siempre en el silencio de aquella fría tarde de domingo. "No saldrá bien, pero qué importa", deberías haber dicho. "Prefiero equivocarme contigo que acertar con cualquier otro", te habría contestado yo. Ninguno de los dos abrió la boca, seguramente porque era demasiado cierto como para convertirlo en realidad. O, tal vez... Tal vez sea otra la respuesta.

jueves, 12 de septiembre de 2019

Desastres (VII)

Ya no habito mi cuerpo. Nunca viviría en un lugar en el que no pudiera encontrarte.

viernes, 9 de agosto de 2019

Desastres (VI)

Hay silencios que retuercen las entrañas y otros que protegen de la lluvia. Tú siempre has pertenecido a ambas categorías.

miércoles, 20 de febrero de 2019

Desastres (V)

Algún día volveremos a coincidir en el espacio, pero nuestros tiempos jamás llegarán a sincronizarse.

jueves, 31 de enero de 2019

Desastres (IV)

A veces nuestro mundo se derrumba y la única manera de mantenernos en pie es fingir que no estamos rodeados de escombros.

martes, 29 de enero de 2019

Desastres (III)

Te enamoraste de todo aquello que jamás me atreví a confesar y yo odié todas las palabras que no me obligaste a pronunciar.

lunes, 14 de enero de 2019

Desastres (II)

Te odio, como sólo se aborrece aquello que se anhela. Me odias, como sólo se detesta aquello a lo que se renuncia por propia voluntad.

miércoles, 7 de marzo de 2018

Desastres (I)

No voy a mentirte. Fue la decisión correcta. Necesitábamos un culpable y lo encontramos. El Destino sólo existe para que los cobardes no tengamos que asumir la responsabilidad de nuestros actos y omisiones (sobre todo, de nuestras omisiones). Hay problemas que no tienen solución. Tú. Yo. Otros que nadie osa siquiera tratar de resolver. ¿Nosotros? Era duro no tener que desnudarme, pero era más jodido aún compartir todos y cada uno de tus monstruos. El chicle que no llegó nunca a mudar de boca. Las serpientes de tus dedos, enredadas en otras zarzas distintas de las mías. Esa ducha tibia aquella tarde de lluvia. Mi corazón gruyère. El vino de tus lágrimas. Abrázame. Sólo una vez más. Deja que mi tabique torcido se hunda en el lado izquierdo de tu cuello, que respire tu calor, antes de enfrentarme al frío de esta madrugada pegajosa. Aprieta fuerte, hasta dejarme paralítica, incapaz de seguir el rastro que conduce al origen del desastre. Y, luego, abandóname, como se abandonan los sueños de la infancia, como se descartan las posibilidades imposibles de realizar. Dime, ¿cómo se enhebran los reproches que nos hacemos a nosotros mismos?