Voy a dejar que el destino haga su trabajo, que el viento empuje mi sombra hasta tus brazos o que la marea escupa tu cadáver en mis orillas (nuestras lágrimas son la lluvia que ahora empapa a las hormigas). Voy a jugar a la ruleta rusa con mis miedos, a contemplar cómo fallecen los que nunca tuvieron la suerte de su lado, víctimas de un azar cruel y enrabietado (¿cuántas campanadas necesitas para desaparecer sin dejar rastro?). Voy a caminar desnuda sobre el alambre de una posibilidad que aún no se ha inventado, a hacer piruetas en un milímetro cuadrado, a bailar claqué entre los intersticios de los huesos de tu costado desdentado (jamás podremos recordar aquello que no hemos olvidado). Voy a reír cuando todos lloren, a hablar cuando todos callen y a zurcir mis labios cuando todos griten las mentiras que sus abuelos vomitaron (el silencio no mata, pero hiere de soslayo). Voy a demostrarte que el azar no existe, que todos los incendios son, de alguna manera, provocados, que todas las muertes tienen sentido, aunque no se lo encontremos a primera vista (no son las hojas secas las que crujen a cada paso que dudamos, son nuestros huesos los que gimen a cada minuto malgastado). Voy a aceptar lo que he perdido, a decapitar mi orgullo y lamer la sangre del vencido (vuelve, hasta que termine de aceptar que ya te has ido).
Blog en el que buceo en universos paralelos distantes y distintos encerrados en el centro de un protón del núcleo del átomo de mi existencia.
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miércoles, 8 de marzo de 2017
martes, 25 de junio de 2013
Derrotas (V)
Tratas de espiar la pequeña arritmia que rige los latidos de mi corazón, pero por mucha información que recopiles sobre las fuerzas y debilidades de mis ventrículos, nunca sabrás qué hay de mentira y de verdad en lo que escribo, ni lo que esconden los puntos suspensivos de todo lo que digo. Tomarás fotografías equívocas de la máscara que oculta mi auténtico rostro y mi sonrisa más secreta. Pensarás que lo comprendes todo, aunque nada entiendas y tratarás de hundirme sin darte cuenta de que respiro mejor debajo del agua que en la superficie. Te perderás entre los datos objetivos que dibujan mi perfil, sin darte cuenta de que sólo mi cambiante sombra es un reflejo de mi alma oscura. Creerás que me conoces, que puedes predecir todos y cada uno de mis pasos. Intentarás minar mi camino, sin ser consciente de que son mis pies y no mi cabeza quienes deciden mi destino. Sobreviviré a tu Hiroshima y Nagasaki. Ninguna de tus bombas atómicas rozará su objetivo. Fracasarán todos tus planes maquiavélicos. Impotente e ignorante revisarás tus precisos cálculos econométricos, convencido de que detectarás con facilidad el error de tu modelo, sin darte cuenta de que hay personas que no se inclinan ante el poder de la Estadística. Continúa intentándolo. Puede que algún día aciertes por AZAR, pero será sólo una bala perdida que se estrella en la diana, un fallo del sistema que nunca serás capaz de racionalizar y, burlándose de ti, incluso mi cadáver te habrá vencido.
lunes, 13 de mayo de 2013
Derrotas (IV)
Pienso en todas las derrotas anteriores, en el dolor y las lágrimas que provocaron. Querría que desaparecieran, pero sé que si no hubieran existido no estaría aquí. Algunos creen que soy fuerte. Otros que extraordinariamente débil, frágil, vulnerable. Ninguno de ellos tiene razón, porque ninguno sabe lo que cuesta, lo que escuece, lo que hiere. Sé que me levantaré de ésta, siempre lo hago, por difícil que parezca, incluso cuando deseo que mi cara permanezca pegada al asfalto, respirando el sudor de los vencidos, algo tira de mí, irguiéndome, empujándome, espoleándome. No quiero seguir luchando, pero, si me rindo, ellos habrán ganado.
jueves, 28 de febrero de 2013
Derrotas (III)
Las llamadas de madrugada, los naufragios en el borde de tu cama, esta historia que no se acaba, de princesas enamoradas de ranas y de príncipes azules teñidos de grana. No me llames, no me toques, no me busques ni me encuentres. No juegues tu último as. No soportaría que, una vez más, me ganaras la partida.
martes, 9 de octubre de 2012
Derrotas (II)
La artillería pesada no fue disparada. La falta de munición no fue causa de rendición. El fuego del ruego. El juego del ego. El velo del duelo. Los cadáveres de la fosa común son untados con betún. Camuflaje para empezar el viaje a ninguna parte. No eres tú el que falleces, soy yo la que se muere, sin que ningún médico sin fronteras acierte a detectar el origen de la herida. Terminó la guerra sin que consiguiéramos ganar ninguna batalla. Apunta, suelta la lanza y corre como las balas. Si no oyes el grito es que has errado el tiro. Sangre y arena. La multitud abarrota el circo, pero esta vez no hay vencedores ni vencidos. Sólo los leones llenan la barriga. Mi estómago se encoge mientras se dilata mi lengua. No me digáis que no sirvió de nada. Prefiero que las hormigas recorran mi cara a vivir cien años sojuzgada.
lunes, 11 de junio de 2012
Derrotas (I)
La información más sesgada del mundo llega hasta tu oreja desde los labios más hipócritas del universo. Tú te la crees y piensas que tu mayor enemigo es tu mejor amigo, que el desinformador nato es tu íntimo confidente, que el traidor más abyecto es tu más fiel vasallo. Caminas seguro y confiado, sin pies de plomo, en línea recta y con paso firme. Te crees libre y omnipotente, victorioso general romano, emperador recién coronado, campeón invicto que jamás ha hincado la rodilla ante nada ni ante nadie. Y mientras avanzas desfilando frente a tus súbditos no puedes ver los gruesos barrotes de la cárcel móvil que te cobija, ésa que te rodea y encierra aunque te creas libre, la que enmarca una derrota que sólo tú ignoras, trampa mortal que no supiste evitar, cepo que atrapa e inutiliza tus garras de león, bozal que limita la apertura de tus fauces, correa que estrangula tu cuello cuando quieres ir demasiado lejos de ese amo que aún no reconoces como tal. Cazador cazado. Vencedor vencido. Estúpido prepotente convertido en mendigo. Cadáver herido. Casi muerto, apenas vivo.
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