lunes, 11 de marzo de 2013

domingo, 10 de marzo de 2013

Desconocidos que corren por el metro

A veces confundo tu cara con la cara de esos desconocidos que corren por el metro. Sé que es absurdo. Tú nunca corres, ni siquiera para evitar perder el último tren del día. Prefieres caminar despacio, contemplando pausadamente la aceleración del mundo. Dices que nada que vaya tan deprisa puede ser eterno. Por eso te paras y esperas a que la Gloria tropiece contigo. Por eso hace tanto tiempo que no nos vemos. Yo también corro demasiado. Ése es el motivo por el que confundo tu cara con la cara de esos desconocidos. Sus difuminados rasgos podrían ser los tuyos y, sin embargo, sé que no lo son. Debería pararme y esperar a que choques conmigo. Pero no tengo tiempo. No puedo dejar escapar este metro. El siguiente tardará cinco minutos. Acelero el paso y llego a tiempo. Me subo en un vagón atestado y, al cerrarse las puertas y arrancar, me parece ver tu cara en el último banco del andén. ¿Por qué no ralenticé el paso? Hay trenes que es mejor perder.

Semana Santa linarense


sábado, 9 de marzo de 2013

miércoles, 6 de marzo de 2013

Semana Santa linarense


Marzo (I)

Marzo es el mes de las flores muertas una semana después del día de los enamorados, el mes de las flores podridas que realizan chantaje emocional para no ser enterradas en el cubo de la basura, debajo de tres cáscaras de plátano y una cabeza de pescado con los ojos reventados. Marzo es el mes del viento que trae el olor a muerto y a destierro, ese destierro con el que sueñan las rosas que no son del desierto y los niños sin padre ni madre que los rieguen de besos y abrazos por las noches. Marzo es un mes más sombrío que frío, umbrío, lleno de hastío. Marzo es el mes en el que espero que se detenga este tiempo acelerado que no me concede ni un segundo para echar de menos el pasado. Marzo me muerde las entrañas y me arritmia el corazón. Marzo me duele, pero tú, no.

lunes, 4 de marzo de 2013

Fotografías del invierno (II)


Nieve (III)

553,15 km nos separan. Casi el doble si no consigo trazar una perfecta línea recta. Parece una gran distancia, pero hace tres noches el abismo insalvable era mucho mayor. Me gustaría ser capaz de correr descalza para llegar hasta ti sin que me oyeras, pero la planta de mis pies es demasiado frágil para soportar el roce despiadado de la arena del camino. No, no sucumbiré a la tentación de buscarte en los troncos huecos de los árboles de la Selva Negra. Gastaré los últimos szlotis que me quedan y huiré hacia el Norte, en busca de luces boreales que tiñan de rosa mi existencia, huyendo de las risas de los cucos de los relojes que miden el tiempo que no pasaremos juntos, recitando con vehemencia los salmos suspendidos en el aire agitado por las campanas más vetustas de Praga. Lo siento, pero ahora eres parte de este Sur cuyo recuerdo me hiere a cada instante. Si alguna vez quieres encontrarme, llama al timbre de la verja que separa el Círculo Polar Ártico de ese mundo de amantes cuyos nombres no son capicúas. Si no quieres volver a verme, cuenta ovejas mientras duermes.

domingo, 3 de marzo de 2013

Harakiri

Ayer lo volví a hacer. Abrí de nuevo la caja de Pandora y descubrí que lo que quedaba dentro no era la esperanza, sino los rescoldos de un amor que nunca ha sido agua pasada. Contemplé una a una todas tus fotos y volví a sonreír de la misma manera en la que te sonreí a ti cada vez que me tapabas los ojos por la espalda y me susurrabas secretos de madrugada. Me torturé durante más de dos horas, como sólo los chinos son capaces de atormentar a sus enemigos. No sirvió de nada. Ni estoy en Japón ni tengo una espada.