domingo, 7 de marzo de 2021

Campanadas a medianoche

Bebo para recordarte, para revivir aquellos días en que anochecía pronto, hacía frío y sólo el alcohol y el amor mantenían la sangre circulando por nuestras venas. Pero no era amor, sólo deseo o, tal vez, nada más que anhelo (de aquello que fue, pero nunca tuvimos). Un bar ahumado, una huérfana bufanda, un chiste tan absurdo como genial. Todo parece ahora tan lejano, que sólo adquiere consistencia entre los vapores etílicos de esta cálida noche de una primavera prematura. Si supiera que volveré a verte no necesitaría esculpirte en estas líneas. A veces te invento en escenarios que no pisamos juntos y, otras, te borro de lugares que fueron testigos de nuestra simultánea coexistencia en el tiempo y el espacio, cuando no eras mío ni necesitaba que lo fueras. Hay abismos que no se salvan con palabras, sino con miradas, lustros teñidos de sangre que moldearon el carácter de los cautivos y la voluntad de los oprimidos. Tañen las campanas, sin que resuciten los muertos, pero avivando a los fantasmas. Y trago aquello que me hiere, pero que nunca termina de matarme. Y te escupo la forma, pero no el cuerpo. Y bebo, para recordarme sin obviarte.

miércoles, 3 de febrero de 2021

Desastres (X)

Me queda el consuelo de tu duda, de ese instante en que, por un momento, creíste que yo era un error que merecía la pena cometer y de esa vida que, más temprano que tarde, te golpeará con saña en la boca del estómago hasta hacerte vomitar sangre. Me queda el alivio de mi libertad, de mi navegación sin lastre ni brújula y, al mismo tiempo, de mi rumbo agitado por la brisa del destino. Me queda la esperanza de tu naufragio en alta mar, de tu Waterloo sin exilio y tu Stalingrado sin posibilidad de retirada. Pero, sobre todo, me queda el recuerdo de tus ojos taladrando mis pupilas, penetrando hasta el fondo de mi alma, violando mis más recónditos secretos, descartando mi luz, para quedarse con mis sombras. Sí, tú te enamoraste de mi abismo, gemelo del que anida en el centro de tu pecho, hogar de tus miedos más cervales y tus deseos más oscuros, guarida de monstruos legendarios y demonios policéfalos. Sí, tú me quisiste. También me odiaste. Igual que yo a ti. Es ésta una realidad incómoda que nos persigue con el tesón de un sabueso a punto de alcanzar a su presa. Algún día pereceremos triturados en sus fauces. Mientras tanto, vivamos, siempre a medias, nunca completos, siempre anhelantes, nunca despiertos.

viernes, 15 de enero de 2021

Resaca de Año Nuevo

La nieve se derrite poco a poco. Todo es tan bello que duele saber que no durará para siempre, que ya ha comenzado, lentamente, a desaparecer, como todo aquello que me importa. El Apocalipsis de algunos es mi Paraíso y, al revés, muchos sólo aspiran a mi Infierno. No puedo o no quiero terminar de olvidarte, pero sí he renunciado a ti, porque tú nunca fuiste quien yo inventé para enamorarme de ti, el eco de aquel con quien aún no he logrado colisionar en esta vida, porque en las otras... en las otras siempre hubo un puto Big Bang. Camino despacio, no para evitar una caída, sino para prolongar el placer de ese sonido indescriptible, el crujido blanco bajo mis pies. Me pregunto de qué pensarán que escribo realmente aquellos que me lean y me contesto que, aunque nunca lo sepan, lo sentirán. Eso es lo importante. Anochece pronto, pero el síndrome de Stendhal no se apaga. Te echo de menos, aunque prefiera no volver a verte. Nunca. Hace frío, pero, en lugar de herirme, la escarcha me abriga el corazón. He perdido el miedo y eso es un problema, porque implica libertad y la libertad conlleva responsabilidad. Ya no tengo a nadie a quien culpar. Ni siquiera a mí, porque conozco y entiendo las razones que me llevaron a hacer todo lo que hice y a no hacer todo aquello que omití. No necesito perdonarme porque no hay pecado que arañe mi conciencia, sólo paz y silencio. También dolor, pero he aprendido a amarlo, porque forma parte de mí y, aunque si fuera otra persona, nunca elegiría ser yo, siendo yo, jamás optaría por ser otra persona. Todo lo que he perdido me ha hecho ganar. Todo lo que me ha herido me ha enseñado a sanar. Todo de lo que he huido ha dejado de asustarme. Soy quien soy porque quiero serlo. Pago el precio cada día. Tú eres sólo una mínima parte de la cuenta. Respiro el hielo y sé que todo irá bien, por muy mal que vaya.

martes, 13 de octubre de 2020

Apocalipsis (VII)

Ahora que el miedo corroe las entrañas y que el mar sólo entiende de naufragios es cuando los versos abortados resucitan de entre los fetos destrozados, amalgama de carne putrefacta y sangre desbocada. El apocalipsis trepa entre mis piernas, embarrando mi piel con la tinta regurgitada por todos los poetas que arrojaron su talento a los pies de un tren enfurecido. Me violan las metáforas que les impidieron conciliar el sueño. Me desgarran cada uno de sus gritos famélicos, hambrientos de libertad, justicia y belleza, sedientos de huracanes que despeinen los falsos paraísos que amordazan la verdad. También a mí me cuesta respirar cada vez que abro la boca para fingir (que todo irá bien, que no es el final, que el sol brillará cuando las nubes levanten el vuelo). Y disfrazo el dolor de melancolía invertida. Y te echo de menos como si realmente esperase que fueras a volver. Y sueño con desconocidos que me abrazan como tú, salvavidas humanos que me mantienen a flote en contra de mi voluntad. Vivir siempre fue más difícil contigo que sin ti y aun así...

martes, 6 de octubre de 2020

Desastres (IX)

Te echo de menos de formas que aún no se han inventado.

lunes, 14 de septiembre de 2020

Inception

I'm still there, my heart frozen in the very instant when the earliest beam of light started to caress your unshaven sleeping face. I wanted to melt into the sun, to be part of it, so that I could reach you and brighten your sorrows; but I couldn't dissolve myself into the air and my corporeality kept me away from you. No one's to blame but the immutability of the flesh. I cannot tell how long that transcendental moment lasted. Time was no longer running, not even walking. Clocks momentarily ceased to kill us and the Parcae put off our execution. At some point you opened your eyes and I closed mine, pretending that oasis of truth had never existed. I felt the warmth of your gaze or, maybe, I just made it up. What if it never occurred? What if I just dreamed you? But then I also must have dreamed me. Is that even possible? When did we wake up? Am I awake now? Because I'm still there, always there, my heart moved by the tenderness with which the sun kissed your vulnerable silhouette; my body craving the release of your touch; yours, petrified, so close to me and, at the same time, so fucking away as now.

sábado, 12 de septiembre de 2020

England (I)

Hay cosas que no pensé, pequeños cataclismos que devinieron en desastres, un cotidiano rosario de dolorosas lentas formas de morir. Recuerdo la noche, la lluvia, el sabor de la cerveza en tu boca, la certeza del adiós acuchillando mis ojos, volviéndome ciega, desbocando el instinto, desnudando el deseo, despellejando la carne hasta llegar al hueso. Todo lo demás no importa, se desvanece al regresar a casa y no tener más remedio que enfrentarme a la realidad del espejismo. Inventamos motivos que nos hicieron perder la razón. Diseñamos laberintos en los que perdernos. Esperamos eternamente en el bullicioso hall de aquel gris aeropuerto. Fingimos que jamás fuimos a la guerra, por más que nos desmientan las cicatrices que troquelan nuestros torsos. Vendamos las heridas, ignorando la sangre que tintaba nuestras ropas. Evitamos el cementerio, pero no el hospital en el que fallecieron nuestros sueños. El tiempo pasa, pero la hemorragia no se detiene. Te busco en cada beso que no doy, en cada posibilidad que estrangulo entre mis manos, en cada charco solitario que no dinamito de una patada, pero su fondo nunca custodia tu reflejo, porque tú ya sólo existes en la retina de mi recuerdo, congelado en ese instante prehistórico en el que nos limitamos a ser sin pretender, tus dedos tatuados en el hueco de los míos, tu angustia diluida en mi ansiedad, mil millones de secretos que no necesitábamos confesar...

jueves, 3 de septiembre de 2020

Big

Todo sigue igual, por más que parezca que ha cambiado: yo, buscando excusas que me acerquen a ti, con el inconfesable deseo de que tú no permitas que se acorte demasiado la distancia; tú, reduciendo los espacios, seguro de que seré yo la que acabará por alejarse. No hay pérdida ni ganancia, sólo dolor, soledad y falsa pertenencia a cuerpos que no albergan el alma adecuada. ¿Adecuada para quién? ¿Para nosotros o para las musas? Leo a Pizarnik como quien se chuta heroína. Supongo que ella escribía de la misma forma, aunque lo explicase de una manera mucho más bella. El tiempo sigue detenido y yo anclada a un momento mucho anterior al del colapso; sólo que ese momento no es único, sino fragmentado, diluido entre los diversos escenarios que presenciaron el suicidio del amor. ¿Sabes que volví a allí? Bueno, no a allí exactamente o, mejor dicho, no a todos los allís. Me creía fuerte e invencible. Esta vez nadie se equivocó al predecir mi futuro, pero yo debería haber adivinado cómo acabaría todo aquello. Ahorrémonos los detalles. Ya escribí sobre eso en alguna otra parte. Dime, ¿has dejado ya de odiarme o aún lo haces a escondidas, cuando nadie te ve y donde nadie nos oye, en el centro de este bosque que circunda las palabras suspendidas en los labios y las caricias amortajadas en la punta de los dedos? Yo lo hago, me detesto con todas mis fuerzas, sobre todo, cuando el viento ulula en mi ventana y el mar me reclama desde orillas de piedra y musgo. Alejandra lo habría expresado mejor, pero no de modo más sincero. El miedo a que sea lo que tiene que ser y a perderme en el intento. El horror de la certeza. La imponderabilidad de los planes del azar. La esperanza de que, alguna vez, acertemos por error.

martes, 14 de julio de 2020

Mayo (I)

A veces, la vida se detiene. Ya no hay palabras. Sólo imágenes discontinuas adheridas a la cara interna de los párpados: el agua derramada precipitándose lentamente hasta el suelo, gota a gota, plof, plof, plof; la oscuridad rasgada por el ronquido del enfermo; la lluvia resbalando en el cristal del autobús, desdibujando los olivos y las chimeneas de las minas; el rojo de la sangre que se escapa de las venas y el que colorea las manos irritadas; la angustia, el miedo, la duda, el anhelo en cada gesto, en cada cara, en cada cuerpo ceniciento. ¿Cómo hemos llegado hasta aquí y, sobre todo, cómo evitaremos el desastre definitivo? Te quiero, aunque no sea suficiente, aunque el amor, probablemente, no alcance a encontrar la forma de salvarnos. Y, sin embargo, hay veces en que sólo una mano ajena es capaz de taponar la herida, de detener la hemorragia, de cauterizar el tajo que hiende la carne. Supongo que en eso consiste la fe: en creer que una caricia bastará para retener todo aquello que se nos escurre irremediablemente entre los dedos.

jueves, 9 de julio de 2020

Auschwitz

Resurgirá la vida y el amor en el centro de mi pecho, cuando la tierra digiera la sangre de las víctimas y el espectro de tu nombre deje de tatuarse en la cara interna de mi antebrazo izquierdo. Querían convertirnos en cadáveres andantes, pálidos reflejos de los hechiceros que invocaban a los dioses las noches de luna llena. Muchos sucumbieron a las llamas del odio inveterado, del miedo a lo distinto, de la lacerante ausencia de empatía. Otros nos escondimos en lo más profundo de los bosques y allí nos sorprendió el gélido abrazo del invierno, sin Prometeo que nos entregara un puñado de fuego. Aún sigo allí, paralizada bajo la nieve de tu abandono, las manos manchadas de la tinta de todas las verdades que no fui capaz de confesarte, mis labios congelados en la súplica que no acerté a enhebrar en mi último hálito fugaz. Algún día todos seremos juzgados: los verdugos y sus cómplices, los muertos y las estatuas de sal. ¿Cuál es tu coartada? Yo ya no tengo excusas, sólo propósitos de enmienda que fallecerán a manos del primer rayo de sol que derrita las lágrimas que jamás osaste derramar sobre mi cuello. Y aun así no pierdo la esperanza de que seamos algún día, cuando los cuervos callen y sólo se oiga el rumor de las hojas agitadas por el viento, cuando el vodka incendie nuestros esófagos y vomitemos por fin todo aquello que ahora arde en el crematorio de nuestras tripas. O puede que no, que sólo uno de los dos sobreviva al holocausto. ¡Qué más da! Bailaré sobre tu tumba o dentro de la mía. ¿Acaso importa cuántos metros nos separan del infierno?