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viernes, 14 de febrero de 2014

Imposibilidades (X)

No se me dan bien las declaraciones de amor, por eso nunca las hago. Prefiero que creas que te odio a que sepas que se me derriten el corazón y las entrañas cada vez que te aproximas (a veces, también cuando estás lejos). Yo, que siempre me reí de Bécquer, entiendo ahora sus palabras. "Hoy la he visto, la he visto y me ha mirado. Hoy creo en Dios", "Por una mirada, un mundo. Por una sonrisa, un cielo. Por un beso... yo no sé qué te diera por un beso" y tantas y tantas otras rimas que ponderan el valor de una mirada. Sí, Gustavo Adolfo tenía razón. Hay ojos omnipotentes, capaces de mover montañas y vencer ejércitos, de derribar murallas y resucitar muertos. Puede que los tuyos no pertenezcan a tan poderosa especie; pero, cuando tú me miras, todo lo demás carece de sentido. Y, aún así, tienes algo más turbador que tu mirada y es esa sonrisa de niño travieso de seis años, justo después de cometer su última trastada. Eso es lo que acabará conmigo. Esa ligera elevación de tus comisuras y simultáneo achinamiento de unos ojos más brillantes que nunca. Y, sin embargo, tú no lo sabes. No tienes ni idea de que cuando te vuelvo la cara es para no quedar petrificada, hipnotizada por esos labios que se curvan tan lejos de los míos, idiotizada por unos ojos que ni Bécquer habría sabido loar adecuadamente, herida de muerte por la espada de la imposibilidad de un amor más imaginado que real.

martes, 16 de julio de 2013

Imposibilidades (IX)

Nadie entiende tus palabras, porque el tuyo es un idioma tan imposible como arcaico. Sólo tú conoces el significado de tus frases. Los demás sólo adivinamos tus emociones a través del grado de apertura de tus labios. Esta noche, tu boca es la más negra de todas las cavernas y yo sólo quiero introducirme dentro, habitarla algunas horas, buscar las sombras que describía Platón o el oso que hiberna en su interior. Ríes y, de repente, por fin, comprendo lo que sientes. No hay salida ni ruta de regreso. Si decido sumergirme en su helada oscuridad renunciaré a todo lo que hay fuera. Oigo cantos de sirena y el batir de las olas contra el casco de un barco hendido por un iceberg errante. Quiero saltar al mar o a la saliva que escupes cuando hablas con vehemencia. Quiero saber que tú también ardes en las llamas de este infierno. Quiero recoger los pedazos de tus estructuras semánticas más afiladas, ensamblarlos poco a poco, construyendo Torres Eiffeles inclinadas como en Pisa. Quiero que traduzcas simultáneamente mis silencios y que leas en Braille los deseos más ocultos de mi cuerpo. Quiero callar cuando te acerques y dejar que mi voz perezca a manos de tu lengua más vernácula. Quiero ser sin ser y hablar sólo un instante, antes de que ya no quede nada más que decir.

miércoles, 10 de julio de 2013

Imposibilidades (VIII)

Brindemos por los días que no pasaremos juntos, por el final de esta Era de abundancia y el inicio de la noche más oscura, por la persistencia de esta mancha que enturbia la primera luz del día, por el grito que atenaza la garganta y las frases calmadas, altas, seguras y claras que lo disfrazan, por la felicidad perdida, por los ecos fantasmales que reverberan en las cuatro paredes de este cuarto, por los condenados a la muerte del olvido y los malditos que portan el cetro de la Gloria, por los niños que no lloran y los recién nacidos que aún no han aprendido a reír, por los ilusos que aún piensan que, si tienes un motivo, encontrarás la forma de vivir.

martes, 1 de enero de 2013

Imposibilidades (VII)

Eres el más vicioso de mis círculos y yo la más interminable de tus historias. Destruye la rueda. Vacía el reloj de arena para impedir el traspaso del tiempo desde tus manos a las mías y luego de nuevo hasta tus garras. Yo, por mi parte, dinamitaré el concepto de infinito, haciendo trizas los más importantes teoremas matemáticos, reduciendo a cenizas los mayores avances de la ciencia. Es la única forma de cortar el lazo. Es la única manera de que no vuelvan a entremezclarse nuestros labios.

martes, 18 de diciembre de 2012

Imposibilidades (VI)

Me escuecen tus células debajo de las uñas o puede que fuera al revés. No me acuerdo bien. Se me olvidó al subir al tren. El error de hacerte el amor desembocó en mil y una súplicas de perdón. No te dejé decir que no. No te di ninguna opción. No tuviste elección. Lo digo sin convicción, pero es la única forma de que vuelvas a aterrizar sobre mi colchón.

lunes, 3 de diciembre de 2012

Imposibilidades (V)

Soy un producto que no podrás vender. Úsame y tírame. A largo plazo, no te serviré. Por mucho que me entrenes, no competiré. Esto que ves no es un best seller. En el metro nadie leerá las palabras que escribí ayer. Anónima e ignorada falleceré. No te apenes. Seré lo que tenía que ser.

sábado, 20 de octubre de 2012

Imposibilidades (IV)

No debería decirte toda la verdad. Siempre es conveniente guardarse un as en la manga, pero necesito poner boca arriba todas las cartas. Comprobar si, efectivamente, he ganado la partida. Sé que no es así. En realidad, lo único que necesito es certificar mi derrota, verte con ella y no conmigo, saber que son sus manos las que te proporcionan abrigo. Ironías del destino. Justo cuando claudicaba, tropiezo contigo. Y ahora que sé que existes, ¿cómo corto el cordón que me une a tu ombligo?

domingo, 26 de agosto de 2012

Imposibilidades (III)

Deja que me desmaye, que me desvanezca sobre tus manos. Construye un cuenco con tus palmas. Llénalo de agua. Deja que flote si soy una bruja o que me hunda y ahogue si no lo soy. Da igual que no esté atada a ninguna piedra. Ni siquiera las meigas son capaces de desafiar las leyes de la física.

lunes, 23 de julio de 2012

Imposibilidades (II)

¿Cuántos sueños olvidados yacen en el fondo de tu cama, anclados a los muelles de tu colchón, entretejidos en el algodón de tus sábanas? Eso es lo que soy yo, un sueño olvidado encerrado a cal y canto en un cajón de tu mesilla de noche. Tal vez alguien encuentre la llave que abre la caja de Pandora y hasta la esperanza será esquiva al tacto de tu mejilla. Ven, siéntate en la silla y léeme el libro de las mil y una maravillas, moldéame con arcilla a través de la mirilla que separa tu boca de mi pantorrilla, mezcla mi barro con tu saliva y crea un nudo indestructible que me ate por siempre al cinturón de tu trabilla. Conviérteme en tu mejor pesadilla y, cuando despiertes, estrangúlate entre los agujeros de mis medias de rejilla. Sólo cuando te falte el aire estarás a más de mil millas del pantano de mi retina.

martes, 5 de junio de 2012

Imposibilidades (I)

Puedes creer en ti. Puedes creer en mí. Pero no creas en nosotros. Nunca tuvimos ninguna posibilidad de existir.