sábado, 7 de octubre de 2023

El dolor

El dolor ataca cuando se siente atacado, te apuñala cuando tratas de extirparlo, si intentas silenciarlo, te retuerce las entrañas hasta arrancarte el grito. Lo único que puedes hacer para combatirlo es aceptarlo, no resistir su embate, entregarte a él hasta que, creyéndose vencedor del duelo, relaje la saña con la que se ancla a tu carne. He tardado mucho en entenderlo; toda mi vida, para ser más exactos. Por eso pasé años llorando ríos de sangre a la orilla de tu ausencia, mi pena transmutada en vino deseoso de abrirse paso entre tus labios, sin Jesucristo capaz de convertirme de nuevo en agua. Aunque, llegados a este punto, supongo que debería pedirte perdón por ser incapaz de mostrarme ante ti sin el parapeto de una metáfora imperfecta; pero es que, si te soy sincera, tú nunca me has importado ni la millonésima parte de lo que (d)escribo. ¿Mentía antes o lo hago ahora?, te preguntarás, con toda la razón del mundo. Acepta mi consejo: no te fíes nunca de una escritora; especialmente, si finge no serlo. Las palabras siempre engañan, provocan guerras, rompen amistades, pulverizan corazones incautos. Saberlo no previene el daño, pero hace su digestión menos pesada. ¿Cuántas veces regurgitaremos el error antes de que sea capaz de absorberlo el intestino? Mírame bien: soy la mujer que danza desnuda bajo la luna, pero también la beata que ora afligida en el primer banco de la iglesia colmada de fieles. La verdad es el puente que une todas nuestras contradicciones. Recórrelo de punta a punta, una y mil veces, hasta que el suelo se abra bajo tus pies y el abismo te engulla de un bocado. Encuéntrame allí, entre restos de ilusión y brumas, esqueleto en ruinas, fantasma de carne y hueso que atormenta tus sueños. Yo soy el dolor y mi fuerza reside en tu negación.

jueves, 31 de agosto de 2023

B.

Hay ciudades que me persiguen, calles que se adhirieron a mi corazón adolescente y que, más de dos décadas después, abrazaron todos mis desastres. Escribo recurrentemente sobre una de ellas y, de vez en cuando, su fantasma me tiende una emboscada desde la pantalla grande. No, nunca es B., pero siempre se le parece tanto... El corazón se me acelera, se constriñe mi respiración y toda yo tiemblo, como hoja zarandeada por el viento, como mujer ante el hombre que supo desentrañar los secretos más oscuros de su cuerpo. Trato de convencerme de que no es B., sé que no lo es; pero, al mismo tiempo, necesito creer que sí, volver por un instante a su reumático muelle, a su feria cenicienta, a sus gaviotas roncas de anunciar a los incautos la falibilidad de Zoltar. B. es casa, pero también la prisión que encierra mi destino, oráculo de Delfos que me dejó entrever lo que me aguardaba a la vuelta de la esquina, velando todo aquello que aún no estaba preparada para aceptar. Pude escuchar allí la llamada de la lira, sentir sobre mis hombros el reconfortante manto de tristeza que siempre ha coronado mi existencia y el abrazo violento de la soledad inquilina perenne de mi corazón; pero sólo intuí la proximidad del Holocausto que zarandearía mi micro y macro cosmos desde el estreno de esta nueva década plagada de doses. Soy el fruto de la devastación de mi existencia, el cadáver andante que se niega a exhalar su último aliento, la cabeza cercenada que no termina de desprenderse de su cuello. Soy la sangre que tiñe la nieve, el grito que reverbera en las paredes de la caverna de Platón, la lengua deshidratada que lame sedienta la arena del desierto. Soy todo esto que nunca vi antes de tiempo, pero que reconocí en cuanto lo tuve frente a mí, por más que tratara de negarlo ante los otros. Mírame, ahora que por fin estoy desnuda. ¿Me ves o sólo atisbas mis contornos? Me habría gustado ser barro maleable entre tus manos y no este bloque de mármol condenado a convertirse en Dafne a golpes de cincel de mi Bernini...

jueves, 20 de julio de 2023

KO3

Entrégate al caos. Baila un vals entre sus brazos. Cierra los ojos. Respira. La muerte y la vida. Cada palabra y cada silencio. Sus sonrisas de esparto. Tu llanto de amianto. No trates de entenderlo. Sólo, siéntelo. Tu corazón es el centro del universo, pero también cinturón de estrellas de su borde más lejano. En medio, el agujero negro que amenaza con engullirlo todo. Sortéalo. No dejes que te atrape entre sus fauces. Pero, si lo hace, no te resistas. Dilúyete en él hasta que sea imposible determinar quién ha absorbido a quién. No, Milena Busquets se equivoca. Todo esto no pasará. Sólo volverá con otra forma. También tú. Negarlo lo hará más evidente. Es hora de salir del escondite. De quitarnos la máscara y exorcizar el maquillaje. De ser sin ver, hasta que todos crean. Gira sobre tus pies y entre sus dedos. No dejes que el viento enhebre tus desvelos. Eres el polvo que cruje bajo la suela de tus botas, pero también la nube que siembra su sombra sobre el ardiente barro de tu cuerpo. Moldéate a tu imagen y semejanza y, luego, destrúyete; pues sólo tu fin alberga tu principio.

miércoles, 31 de mayo de 2023

Profecías (I)

Volverá la noche y con ella el ulular del viento, los murciélagos del miedo, el lento descenso hacia el infierno. Pero, esta vez, será distinto: no me resistiré a beber el veneno, porque sé que el mismo forma parte de mí y que, en vez de matarme, apagará mi sed. Sí, hay alquitrán en lugar de sangre fluyendo por mis venas, pero se lo he negado tantas veces a los demás, que estuve a punto de creérmelo yo misma. ¿Cómo recuperar el centro cuando el mismo se halla a tantos metros bajo tierra? Era hermoso idolatrar el espejismo, mantener mis entrañas dentro del abdomen, no sentir el maremoto bajo mis pies. Pero este año es impar y el próximo bisiesto y mi cuerpo será desmembrado en el potro de tortura del invierno más negro.

miércoles, 17 de mayo de 2023

Los otros

Hay cadáveres sobre mi colchón. Me miran, con los ojos vacíos, colmados de ausencia, huecos de amor. ¿Y yo? ¿Sobre qué camas permanezco muerta mucho después de haberme ido? Oigo voces, murmullos de ultratumba, roce de sábanas, tintineo de cadenas contra el suelo. ¿Son ellos o soy yo quien los profiere? ¿Quién habla a través de mis labios cuando sólo la luz de la luna llena alumbra los trazados de mi mano? Hay espíritus que me son ajenos, pero que tocan el xilófono de mis costillas cada madrugada. Mi corazón late al ritmo de su melodía. Quisiera desacompasarlo, pero no sé cómo hacerlo. Soy la caja de resonancia del más allá, órgano oxidado de iglesia, tambor destemplado de Viernes Santo. A veces veo tu fantasma en la penumbra. Se ríe de mí y de mis vanos intentos de atraparlo en unas líneas que trasciendan el olvido. O puede que no, que la burla proceda del espejo, que tu espectro me deshabitara hace ya demasiado tiempo y que esto que me ronda no sea más que una sombra de mi sombra.

martes, 9 de mayo de 2023

Desastres (XVI)

Eres la regla de todas mis excepciones.

domingo, 7 de mayo de 2023

Mayo (II)

El sol oculta la luna. Grado 15 de Escorpio. Te suelto a ti, en lugar de a mi miedo.

Despierto, si es que llegué a dormir en algún momento, el mar oleando en mis simas, tu mirada burbujeando en mi piel.

Hay heridas que sólo la sal de tu lengua podría cicatrizar, pero el escozor que me provocaría el contacto con tus labios me frena.

Quiero y no quiero todo esto. Huyo con la esperanza de que me persigas. Me paro, cruzando los dedos para que me des alcance.

Vuelvo al origen, al error que no caduca, a la voz que dio forma a mis desvelos. Me columpio en sus metáforas. Me abrazo a sus aristas. Dejo que mi piel se rasgue en direcciones contrarias. Soy la asesina que llora sobre un cadáver acuchillado con mis propias manos.

No distingo tu sangre de la mía. Ambas encharcan el suelo. Ninguna coloreará de grana nuestro tísico recuerdo.

Mi esencia es el grito, la náusea, el aullido. Lo niego, porque sé que es cierto. Trato de engañarlos a ellos, ya que no sé mentir a mi reflejo. ¿Qué ves tú? ¿La verdad o la careta? Nunca me había asustado tanto una respuesta...

Disparo y espero y el tiempo muere entre mis dedos. Habito el espacio que flota entre estos párrafos. Me enamoro del vacío que los colma.

Te digo que no, que nunca estuvimos tan cerca del desastre como el año que nada turbaba nuestro sueño.

Sonríes y el universo es menos hostil que hace un instante y sé que, la próxima vez que colisionemos, mi cuerpo no hallará razones para poner tierra de por medio.

miércoles, 3 de mayo de 2023

Desastres (XV)

¿Y si su nombre no fue más que una profecía del tuyo?

miércoles, 26 de abril de 2023

Meet me at Montauk

Me equivoqué. No debí apartar del fuego las yemas de mis dedos. Tuve miedo de ser otra vez bruja en la hoguera, sin darme cuenta de que hay mujeres que sólo SOMOS entre las llamas. Te dejé ir, tratando de convencerme de que era por el bien de los dos. Tú merecías ser feliz, aunque no fuera conmigo. No te costó aceptarlo. Te odié por ello, sin ser consciente de que, para dejarme atrás, habías tenido que amputar una ciudad entera de tu vida. ¿Has podido volver o aún sigue siendo tu Chernóbil? Yo regresé mucho antes de lo que me juzgaba capaz. Nada había cambiado, pero todo era distinto. Caminaba orgullosa entre las minas, la cabeza bien alta, convencida de que, por fin, había logrado extirparte de mi sistema nervioso; hasta que, el último día, todo saltó por los aires (la bomba atómica habita en los detalles, mi pecho es Hiroshima y también Nagasaki). El cielo ardía y tu mirada de lluvia ya no se licuaba junto a mí. Me juré que no volvería a pasar, pero tu nombre aún es una bala que silba junto a mi sien. ¿Dónde me escondo yo? ¿En la brisa preñada de sal que corta tu cara poco antes de Navidad? ¿En la copa de vino que apuras de un trago antes de volver a tu asiento? ¿En cada tren que no llega a tiempo? ¿Cuál es el gatillo que dispara mi recuerdo?

miércoles, 19 de abril de 2023

The pull of you

Volveremos a encontrarnos. El día más inapropiado de nuestro maldito calendario. En la ciudad menos calcinada de esta tierra agostada por el sol. Ambos fingiremos que no nos hemos visto. Caminaremos unos pasos. Dudaremos. Como antes. Como siempre. Entonces, nos daremos la vuelta. Nuestras miradas colisionarán antes de tener la oportunidad de arrepentirnos y, sin que podamos hacer nada por evitarlo, volveremos a estar allí, atascados en un coche bajo la lluvia, el mismo sobre el que, unos años después, cantará Matt Berninger, sólo que nosotros callaremos todo aquello que deberíamos haber dicho y ese silencio será el ataúd que garantice el descanso eterno de nuestro amor. Sí, regresaremos allí y nuevamente decidiremos no despegar los labios, el agua se precipitará errática por el limpiaparabrisas y ambos pensaremos lo mismo, sin atrevernos a verbalizarlo. No, no se trata de corregir el error, sino de habitarlo, de convertirlo en abrigo y hogar, en faro que nos resguarde de la tormenta. Pero, algún día, quizá, yo decida abrir la puerta, salir al exterior y gritar mientras me empapo bajo el aguacero del único país al que amo y odio con la misma intensidad que al propio. Y, tal vez, tú también consideres que ha llegado el momento de dejar que la tempestad sacuda tus más firmes cimientos. Ambos ataques transitorios de locura se evaporarán al contacto con el primer rayo de sol, como vampiro al despuntar la aurora, como el sudor de quien por fin ha dejado de correr tras un imposible. Tú me preguntarás "¿Qué tal? ¡Cuánto tiempo!" Y yo mentiré: "Muy bien. Y tú, ¿qué tal?" Y todas las palabras que no significan nada inundarán de vacío nuestras bocas, mientras la verdad que jamás osaremos afrontar nos revienta desde dentro: "Te quiero, siempre te he querido y siempre te querré".