martes, 28 de julio de 2015

¿Tú, Artax, y yo, Atreyu?

Mi poesía no tiene versos, porque un verso es una metáfora troceada en contra de su voluntad y yo no quiero amputar ningún pedazo de la forma primigenia en la que se manifiesta la belleza innominada. Mi poesía no tiene rima, tan sólo ritmo y asonancias divergentes, porque mis palabras no desean desmayarse víctimas del tenaz abrazo de un corsé asfixiante. Mi poesía es sólo aire, que flota moribundo entre los intersticios del humo que escupen tus labios homicidas sobre la miopía que vela mis ojos. Mi poesía es sólo agua, que cae en cascada sobre tu espalda, hasta desembocar en mi fatídica nada, inundando de interrogantes todas las certezas científicas. Mi poesía es sólo bruma, que nubla el verano hasta convertirlo en invierno perusino, contagiando el frío, escarchando el hueso. Mi poesía es sólo fuego, que quema por dentro, sin reducir a cenizas tu caótico cuerpo. Mi poesía es sólo cieno, ¿tú, Artax, y yo, Atreyu?

lunes, 20 de julio de 2015

11 de septiembre

Somos dos torres gemelas que se derrumban ante el ataque del primer avión que atenta contra nuestra felicidad. El amor nunca es eterno, pero así es como lo soñamos para poder dormir. Nuestras vidas se desploman cubriendo de polvo a todos los que nos rodean. Resulta imposible calcular el número de heridos, pues todos tratan de maquillar los daños, creyendo que el dolor sólo existe cuando se materializa en un quejido. Finjamos que no existen los finales, que el odio es siempre transitorio y que, algún día, seremos capaces de perdonarnos, sino al otro, al menos, a nosotros mismos. Asistamos a clases de teatro para aprender a actuar como autómatas civilizados. Dejemos de pronunciar palabras de colmillos afilados, limpiémonos la sangre que ahora colorea las comisuras de nuestros labios y, sonrientes, deseémonos buena suerte, con la convicción de quien siempre obtiene lo contrario de aquello que querría. Abracemos la libertad de la soledad, antes de que los monstruos que se esconden bajo nuestras uñas desgarren la última esperanza de una futura reconciliación.

domingo, 19 de julio de 2015

El círculo


Tratamos de romper el círculo, pero el círculo es imposible de romper, así que seguimos girando, con los ojos cerrados, intentando contener la náusea, rezando para que descarrile el tren, liberándonos de la carga de aplastar nuestros propios pasos por caminos en los que las suelas de nuestros zapatos no pueden protegernos de las piedras que apuñalan el corazón.

sábado, 18 de julio de 2015

La cárcel

Los cordones de tus zapatos ahorcan mis ganas de salir corriendo, de poner tierra de por medio, de caminar sobre océanos de hielo y explorar tierras de fuego. Me quedo contigo y bailamos valses desdentados sobre sierras despuntadas, esquivando cuchillos escupidos por faquires bulímicos e imberbes. Sellas mis ojos con besos lubricados con la sangre de tus labios agrietados. Los pecados que atascan tus arterias me susurran atenuantes que ningún jurado celestial tendrá en cuenta. Huelo tu voz, crujiendo entre los muelles de mi colchón, encendiendo barricadas en el patio de la prisión. Saboreo el humo de sus convencionalismos homicidas reducidos a cenizas. Palpo el algodón de las ideas dormidas entre las nubes, esperando a que un soñador las despierte y las haga descender hasta la tierra. Por más que intenten solidificar nuestros misterios, tú y yo somos etéreos y nuestros sueños desbocados surfearán sin miedo sobre la próxima ola de viento huracanado. El infinito es sólo un ocho acostado sobre el suelo de arena de un castillo que será devorado por la marea.

martes, 14 de julio de 2015

The twilight zone

Hay cosas que no sabes, que no puedes adivinar, porque yo tampoco las sé, ni siquiera las intuyo. Hay una sombra crucificada en cada poro de mi piel, oscureciendo mis contornos, hasta diluirme en las tinieblas de esta noche alérgica a la luz. Hay dudas que se ahorcan en las ramas de mis pestañas, dibujando interrogantes en la diana de mi mirada. Hay ríos de alquitrán que se mezclan con la sangre de mis venas, inyectando tinta en los ventrículos de mi corazón de papel. Hay canciones sinuosas, como serpientes en celo, reptando silenciosamente por los recovecos de mis laberintos auditivos. Hay un secreto inconsciente emparedado tras cada neurona sin utilizar. Hay deseos que duermen acurrucados en la recámara de la paciencia, esperando ser disparados en persecución de la próxima estrella fugaz que se suicide de la pizarra del firmamento. Hay polvo de tiza en la punta de mis dedos, pero ya no recuerdo ninguna de estas palabras que acabo de escribir y que, por mucho que me esfuerce, ni tú ni yo terminaremos jamás de comprender. Hay un silencio inabarcable o, tal vez, unos puntos suspensivos que…

jueves, 25 de junio de 2015

Puzle (I)

Arráncate la piel. Desnuda el hueso. Sorbe la sangre. Escupe el tuétano. Conviértete en un pulido esqueleto de marfil y cuélgate de la pared del aula de ciencias del colegio que no logró enseñarte nada. Deja que otros niños incapaces de aprender puedan estudiarte, preguntándose quién fuiste alguna vez y qué serás dentro de un tiempo. Comprueba que ninguno de ellos podrá nunca adivinarte, por más que te desprendas de todo lo accesorio. Permite que te desmiembren y que construyan una nueva tú a partir de una errónea combinación de tus articulaciones. Observa tu recién estrenada figura. La sombra del ciprés es alargada, pero no tanto como la tuya. Sé que cerrarás los ojos, tratando de no ver lo que ellos son incapaces de apreciar. Y rezarás, deseando, con todas tus fuerzas, volver a convertirte en puzle; pero, por más veces que traten de encajar tus partes, siempre habrá una pieza imposible de ubicar.

viernes, 19 de junio de 2015

Lanzarote

Te dije que me esperaras en la boca del volcán y así lo hiciste, aún sabiendo que yo nunca reuniría el valor para acercarme a la fuente de la que mana el fuego que habita en las entrañas de la Tierra. Tus ojos queman, me dijiste una madrugada de diciembre y algo se derritió dentro de mí. Entiéndeme, nunca pensé que serías capaz de hacerlo y, al mismo tiempo, estaba convencida de que yo acabaría subiéndome a aquel avión. Tengo miedo de perderte, te dije desde el otro lado del cristal y tú me contestaste que lo que debería preocuparme no era eso, sino la posibilidad de no volver a encontrarnos nunca. Levanto la vista y un cielo azul plagado de algodonosas pecas blancas me guiña un rayo de sol, obligándome, por un momento, a cerrar los párpados. Es entonces cuando te veo, tumbado sobre la arena, antes de ascender hasta el cráter coronado de humo. Pareces dormido, pero sonríes. ¿Acaso sueñas? ¿Con qué? Pero, sobre todo, ¿con quién? Sé que debería estar allí, pero es aquí donde me encuentro, mis manos manchadas con la sangre que mana de esta herida, que se abre un poco más a cada paso que apuñala la distancia que ahora separa nuestras bocas de lava enfebrecida. Juré que no lo haría, que jamás moriría por ti, pero mi réquiem está escrito en el pentagrama de tus dedos, poco importa el momento en el que sea interpretado. Y sigues allí y yo aquí, esperando ambos a que comience la erupción que consagre la fama de Pompeya; pero nada ocurre, ni siquiera en nuestro interior, porque el magma aún está frío y, mientras permanezcamos alejados, nunca entrará en ebullición.
 

miércoles, 17 de junio de 2015

La verdad es un vampiro

Tu cama es una tumba de silencios que huyen, asustados, de la luz. Sólo en la oscuridad de la noche adquieren sentido sus susurros, pero ellos se empeñan en exponerlos a los rayos del sol. Dicen que así te liberarás de su mordaza, sin darse cuenta de que, en cuanto amanezca, se convertirán en cenizas y esas cenizas sepultarán, hasta ahogarlo, tu asmático corazón. Creen que debes exorcizar todos tus demonios, pero ellos no saben que la verdad es un vampiro que drena tu sangre poco a poco. Aléjala de ti. Si no lo haces, pronto no quedará ni una sola gota circulando por tus venas. Finge. Siempre fuiste buena actriz. Rodea tu secreto de una frondosa ristra de ajo. Engáñate a ti misma para ser capaz de confundirlos a ellos o, mejor aún, deja que la verdad acabe contigo, exprimiendo hasta el último centímetro de tu mortecino cuerpo. ¿Ves? Ya lo has hecho, así que duerme tranquila, mientras ellos entierran tu cadáver sin sospechar que, en cuanto las tinieblas envuelvan el cementerio, toda tú despertarás de entre los muertos, afilados los colmillos, sedienta de mentiras que no hacen daño a quien las vomita sobre el suelo. Y podrás volver a mirarte en los espejos sin que ningún pálido reflejo te acuse con el dedo. Y todos gritarán despavoridos ante la ausencia de tu sombra, sin ser conscientes de que ellos y todas sus estúpidas verdades son los monstruos que pueblan las pesadillas de los niños más valientes.

domingo, 14 de junio de 2015

El amor

El amor no tiene nada que ver con lo que cuenta ese niñato que se cree Salinger. ¡Salinger! ¡Por Dios Bendito! El muy imbécil piensa que para ser Salinger basta con espolvorear "puto", "gilipollas", "cojones" y "mierda" de manera aleatoria a lo largo de sus edulcorados textos sin alma. Pero NADIE podrá NUNCA parecerse mínimamente a Salinger, porque NADIE quiere ser señalado como culpable de la muerte de Lennon, aunque sepa más que de sobra que no es responsable de la misma. Y ya que estamos, ¿de verdad puede alguien pensar realmente que los psicópatas que matan en nombre de "El guardián entre el centeno" han leído siquiera la primera página del libro? ¡Ah, sí! ¡Se me olvidaba! El mundo está lleno de imbéciles, de idiotas que creen que el amor consiste en adorar a una chica perfecta y en acosarla sin descanso una vez que ella les ha mandado a la mierda, tratando en vano de recuperar una historia que sólo fue maravillosa en la obsesiva e inmadura mente de uno de los protagonistas de la película. Pues no, no es cierto, el amor no es eso, ni la vida está llena de rocambolescas casualidades que te hacen naufragar en los brazos de tu alma gemela, ni todas las canciones de todos los putos discos narran tu insulsa vida de mierda. El amor es algo que no cabe dentro de un papel, por más que los poetas traten de encerrarlo en una jaula de etéreas metáforas radiantes. El amor es algo que oprime el pecho hasta reventarte el esternón, que hace temblar tus piernas hasta provocar tu caída, que electrifica tu columna vertebral hasta cortocircuitar tu cerebro, que anega de lágrimas tu mirada hasta desbordar tus ojos. El amor no tiene lógica, sino que nos encadena a seres imperfectos, que muchas veces nos sacan de quicio, pero por quienes somos capaces de hacer cosas que jamás haríamos por nosotros mismos. El amor nos salva y nos condena, sin que podamos de determinar el motivo o la razón de nuestros heroicos pequeños actos de suicidio. El amor es hacer nuestro el sufrimiento ajeno y celebrar las victorias externas con mucho más entusiasmo que las que nos hemos ganado a pulso en soledad. El amor es un cicatrizante abrazo en el tanatorio, un guiño cuyo significado nadie más entiende, un llanto contagioso, una sonrisa que alegra el corazón de una boca cenicienta, un grito que exterioriza la angustia de otro estómago, un apretón que otorga fuerzas a una mano desfallecida, un suspiro que desobstruye la garganta ajena, un beso que ilumina la más negra oscuridad. El amor nunca aprieta, ni ahoga, ni coarta. El amor hace que nos crezcan alas con las que poder sobrevolar precipicios que creíamos insalvables. El amor es aquello que une a dos personas que la vida se empeña en separar. El amor no es exclusivo, ni excluyente, ni tiene principio, ni tendrá nunca final. El amor es aquello que nos unía antes de conocernos y que nos seguirá atando mucho después de que nos hayamos muerto. El amor no está escrito en las estrellas, ni en las canciones que escuchamos los días en que no para de llover. El amor es una fiera que nos muerde las muñecas regulando los latidos de nuestro destartalado corazón. El amor es esto y no aquello. O puede que no, que el amor no sea nada de lo que he dicho, porque el amor no cabe en un pedazo de papel, por más que nos empeñemos en constreñirlo en metáforas que jamás serán capaces de hacer justicia a su bella imperfección.

miércoles, 10 de junio de 2015

Carrera de obstáculos

Ésta es una carrera de obstáculos en la que sólo ganará quien esté dispuesto a dejarse las rodillas en el camino. He caído tantas veces que no quiero volver a levantarme, pero mis manos hacen de nuevo fuerza contra el suelo, izando mi cuerpo de este lecho de barro y polvo mortecinos. Mis pies corren otra vez, convencidos de que, en el próximo intento, conseguirán elevarse sobre la valla, aterrizando con gracia al otro lado. Muy bien. Sigamos. Finjamos que aún me quedan fuerzas para perseguir la meta. Obviemos las lágrimas, el dolor, la sangre. Respiremos por la nariz y expulsemos el aire por la boca. Rítmicamente. Sin prisa, pero sin pausa. Pero el camino está lleno de montañas imposibles de salvar, de fosos en los que sólo se puede naufragar. Y, aún así, mi cuerpo se niega a darse por vencido, desobedeciendo, una y otra vez, mi voluntad de permanecer inerte junto al resto de derrotados en el campo de batalla. ¿Por qué? ¿Por qué ese empeño en acabar aquello que nunca debí empezar? Míralas. Ahí están, diciéndome adiós en la distancia. ¡Volved a mí! ¡No me abandonéis! Pero mis rodillas se encuentran ya demasiado lejos para escuchar mis desesperados ruegos. Y sigo avanzando, mutilado reflejo de quien una vez fui, arrastrándome entre los cadáveres de los vencidos, a punto de alcanzar una victoria que sólo mis avariciosas manos deseaban.