Ya no siento ningún orgullo patrio. Escucho el himno de España como quien oye una sintonía publicitaria. No celebré las Eurocopas. Tampoco fui a Cibeles a brindar por el Mundial. De hecho, me fastidió que la canción de La Habitación Roja dejara de hacer honor a su nombre. Debería aprender alemán o chino o sueco. Cualquier idioma que me facilite una emigración con la que sueño cada noche. Volar como las cigüeñas, pero al revés, huyendo del calor, sumergiéndome en el frío. Escandinavia. Otra vez los de L'Eliana. Quien pueda entender, que entienda. Quien no sepa ver, que lea entre las líneas de las nubes más oscuras. Si no grito, no es por falta de ganas. Es que no tengo suficiente saliva para denunciar todas las mentiras que susurran las esquinas. Rememorando a Unamuno, diría que me duele España, pero España ya sólo existe en los eventos deportivos.
Blog en el que buceo en universos paralelos distantes y distintos encerrados en el centro de un protón del núcleo del átomo de mi existencia.
domingo, 9 de noviembre de 2014
sábado, 8 de noviembre de 2014
El deseo es una planta carnívora
El deseo es una planta carnívora que devora los insectos de la razón, horadando huecos en los cuerpos que sólo ansían permanecer unidos, licuando la carne en ríos de lava enfebrecida, que calcinan la tierra que osa interponerse en su camino. Ya no me quedan motivos para no sumergirme en el nocivo aliento de la gruta de tus labios. Ya no puedes inventar excusas para no recorrer los untuosos peldaños de mi columna vertebral. Descendamos juntos a los infiernos de los que Orfeo no logró rescatar a Eurídice. Perezcamos carcomidos por las llamas y, reducidos a cenizas, contemplemos el lento ascenso de nuestra alma evaporada, dos mitades que vuelven a convertirse en unidad en las capas superiores de la atmósfera. Poco importan las consecuencias de nuestros actos. El deseo es una planta carnívora que ha devorado todos los insectos de la razón, horadando huecos en las neuronas que nunca llegaron a nacer, imprimiendo imágenes que jamás alcanzaremos a ver. No me pidas que me calle. No detengas mi lengua en carne viva. No refrenes tus manos clandestinas. No dejes que se pudran los esquejes que plantamos en el alféizar de la noche más oscura. Nuestros pies tantean el borde del precipicio y, asustados, resbalan sobre la grava. Dejarnos caer sería tan absurdo como tratar de sujetarnos a las aristas de las rocas. No hay salida. Tampoco entrada. No es la primera vez que pisamos en falso, ni la última que se quiebran nuestras rodillas al golpearse contra el suelo. El agua corre bajo la tierra, siempre huyendo del comienzo de su vida. Dos lágrimas se escurren entre mis apretados párpados. Yo sólo quiero enterrarte entre las cañas de mi barro y que tú arranques los juncos que circundan mis marismas, pero nos hundimos en océanos extraños de los que nadie será capaz de rescatarnos.
lunes, 3 de noviembre de 2014
Génesis (II)
La serpiente sonríe con bífida satisfacción, convertida en brazalete de la incauta, siempre dispuesta a clavar sus colmillos en las curiosas venas de las niñas desobedientes. Todos admiran la plata de la joya, sin ser conscientes del monstruo que se camufla bajo el brillo. Quisieras gritar, tratar de que no ocurra, pero la sangre se derrama sin que la víctima sea consciente de la herida. El horror obtura tu garganta, mientras el reptil enrosca su triunfo en las caderas que alumbrarán nuestras miserias.
miércoles, 22 de octubre de 2014
Naufragios (IV)
Tú tan lejos y yo tan cerca del desastre. Millones de luces titilan sobre la espuma de esta tarde moribunda. El último rayo de sol corta las cadenas de los monstruos, desatando la ira de la noche más sombría. Ruge el avión que te transporta por encima de las nubes. Los paneles del aeropuerto no se apiadan de mis manos, entrelazadas en una oración que nadie escucha. Un no te vayas convertido en telegrama. Cinco adioses tatuados en los labios. Un amor sin salvavidas zozobra en un océano sin nombre. Las sirenas ya no cantan ni recogen náufragos suicidas. Un estómago sin el confort de la Biodramina vomita en medio del Atlántico un no me dejes a mi suerte. Las velas se rasgan las vestiduras al ver tu sombra reflejada en la cresta de las olas. Tus promesas incumplidas su hunden como piedras en el fango de mi iris. Sólo tu voz permanece incólume. El resto de tu recuerdo es un cadáver devorado por los peces del olvido.
martes, 14 de octubre de 2014
Génesis (I)
Una manzana nos trajo hasta aquí o, mejor dicho, el deseo de una manzana. Algo tan simple y, a la vez, tan complicado como eso.
lunes, 13 de octubre de 2014
Tormentas (VI)
Cae la tarde y yo con ella, como un cometa herido por el rayo, fragmentado en mil partículas de luz que se extinguirán antes de rozar el suelo. Puñales de lluvia golpean el cristal de la ventana de mi cuarto. Las sombras me tienden una emboscada, me despojan de todas mis pertenencias, dejándome tirada sobre un lecho de mármol, desnuda y aterida de frío, herida en lo más profundo de mi ser. Truenos. Truenos y centellas depositan un sabor eléctrico en la punta de mi lengua. Yo ya no quiero seguir luchando. Yo ya no quiero seguir llorando. Yo ya no quiero seguir gritando. El eco de las enfurecidas nubes retumba en el centro de mi pecho, mientras se aleja poco a poco la ira de este cielo apocalíptico. Me arrastro a tientas hasta alcanzar el abrigo de la alfombra del salón, pero las chimeneas no se encienden solas. Necesito solidificar las dudas, que se evapore el agua, cincelando todas las estatuas de esta galería de fantasmas, que hasta el miedo adquiera forma. Pero las lágrimas continúan suicidándose a través de las goteras del techo y el moho trepa por las paredes de mis costados, toda mi vida convertida en charco. Colin y Chloé ondulan en la superficie, pero nuestro amor sólo es la espuma del vómito de un perro rabioso.
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domingo, 12 de octubre de 2014
jueves, 9 de octubre de 2014
Monstruos (V)
Tus garras tratan de atraparme, pero, como el agua, me escurro entre tus zarpas. Hasta ayer. Ayer lograste arañar mi piel, rasgar mi carne, derramar mi sangre. No fue una herida mortal. No podía serlo. Hay muchas más probabilidades de que yo acabe contigo que de que tú termines conmigo. Tres surcos abiertos laceran mi espalda. Un reguero rojo subraya mi huida. Siempre corro más que tú, porque tú no tienes piernas, tú eres un monstruo sin extremidades inferiores que, para caminar, necesita apoyarse en súbditos ciegos y mudos, siempre dispuestos a dejarse aplastar por el peso de tu mastodóntica necedad y exacerbada soberbia. Tus fauces abiertas muerden el aire que agito al alejarme de tu esfera de poder. No me asustan los monstruos. Sé de lo que son capaces y también de lo que no. Se alimentan del miedo de los que no creen en la magia de las hadas, pero yo sé que una casa de Kansas puede aplastar a la bruja más malvada y que un hacha basta para que un siervo corte sus propias cadenas. Ruges en la distancia, mientras tus esclavos caminan en la dirección equivocada. Si ignoran la forma de escapar de ti no pueden conocer la manera de llegar a mí.
miércoles, 8 de octubre de 2014
Ofelia
Debajo del agua se diluyen las formas, las palabras se convierten en burbujas y la piel que recubre nuestros huesos se apergamina, a la vez que ondula el deseo. Cierro los ojos. Trato de descifrar el amortiguado sonido del mundo que flota en la superficie, siempre por encima de mi cabeza, tan inalcanzable como inaprehensible. Abro los ojos y cuento hasta tres. Los latidos de mi corazón retumban ante la falta de oxígeno. No quiero volver. No puedo volver. Dejad que se arruguen mis labios y se ahogue mi orgullo. Dijiste que no sabías y yo que te creía. Todos los focos están encendidos, pero la luz no alcanza el fondo de la piscina.
lunes, 6 de octubre de 2014
De dioses y tumbas
La primera crisis deslizó a un lado la tapa del ataúd que custodiaba el cadáver de Pandora. La segunda crisis evaporó el olor a muerto, provocando náuseas a tu alrededor. La tercera crisis te convertirá en cazadora de gusanos carroñeros. Nunca conseguirás exterminar su especie, pero cada trofeo que te cobres aumentará las posibilidades de que tus palabras permanezcan incorruptas por los siglos de los siglos, amén. La eternidad es sólo la esperanza de que perdure el dolor de nuestra ausencia y el consuelo de la belleza de nuestras mejores imágenes lomográficas. Aunque no nos demos cuenta, las letras que bailan sobre nuestra tumba están torcidas y ninguna oración será capaz de enderezarlas.
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