jueves, 12 de mayo de 2016

Cold to see clear



No puedo escribir nada sincero. La verdad es una espina de lenguado atascada entre los dientes, horadando poco a poco las encías, hasta hacer sangrar la raíz de los colmillos. Mastica. Traga. Luego, devuelve. La honestidad nunca ha sido una virtud de fácil digestión. Veo tu cara en todas partes, omnipresente aparición que, por un segundo, detiene los tartamudos latidos de mi corazón. Mis venas están vacías, sin necesidad de corte que seccione su circulación. Cierro los ojos y tus palabras adquieren forma en la pantalla de cine de mis párpados. No quiero volver a ver esta película. Todas mis lágrimas están teñidas de añil oscuro, casi negro, o negro claro, casi añil (¿aprenderemos alguna vez a modificar el orden de los factores sin que se altere el resultado?). Mejor despertar antes de que el sueño arañe las pestañas, furibundo e indeciso Morfeo, que no termina de decidir si es mejor que permanezca alerta o inconsciente. Pero mi conciencia es perezosa y engañosa, siempre presta a confundirme, ¿es esto real o imaginado?, ¿es esta electricidad reflexiva o refractaria? Irracional, en todo caso. Tratamos de comprender lo que, por naturaleza, no puede ser comprendido. Amor y muerte, muerte y amor y tantas otras cosas que orbitan en la frontera de lo imposible. Márchate antes que yo o quédate hasta mucho después de que me haya ido. Reza a quien nunca te escuchó. Tal vez, con un poco de suerte, tampoco ahora haga caso a la plegaria. Dime cómo se pierde la batalla y no me importará poner fin a esta infructuosa guerra; pero mis manos permanecen ancladas a la espada, mientras tus labios ensalzan las hazañas de Aníbal sin su Himilce. Yo también quisiera encontrar la forma de atravesar cualquier cordillera que se interpusiera en mi camino, pero, no sé por qué, los elefantes siempre me han temido. Los pies tatúan huellas en la nieve que la ventisca borrará en pocas horas, así que, antes de que sea demasiado tarde, trazo el mapa de sonidos que podrían conducirme hasta tus brazos; pero tengo miedo de levantar la tapa y que la caja de música, por primera vez, calle para siempre.

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