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lunes, 31 de diciembre de 2012

Nochevieja

Esta noche no me hables. Lo que me susurra el silencio es demasiado importante. Huele el miedo. Mastica el grito. Millones de seres humanos están muriendo, pero tú sólo quieres satisfacer las necesidades de tus dedos, salvar la punta de tus manos, rescatar a tus huellas dactilares. Es egoísta e injusto. Es intolerable y arbitrario, pero toca mientras yo sigo pensando en el mendigo del supermercado, en la madre de 15 años y en el cabeza de familia parado. Dicen que el amor es la solución. Sé que no es cierto, pero todo duele menos cuando me derrito entre los pliegues de tus desvelos. Poco importa la moralidad o el egocentrismo de tu insomnio. Sólo me duermo envuelta por tu apego. Pero calla. Hay verdades que aún no he oído, desgracias que aún no he visto, dramas que aún no he olido ni palpado. Toca y calla. Esta noche, sólo la "Patética" de Beethoven puede evitar que se extingan nuestras llamas.

domingo, 30 de diciembre de 2012

Carne de trapo. Recuerdo de barro

Arrancas poco a poco las falanges de tus dedos, ésas que articulan el tacto de tus manos, las que descubrieron la blandura de sus labios. Luego, rellenas el flácido pellejo de serrín y gomaespuma. Carne de trapo. Recuerdo de barro.

sábado, 29 de diciembre de 2012

La grieta (I)

Sé que debería moverme, pero no lo haré. Me quedaré aquí, sola y quieta, de cara a la pared, buscando una grieta que me sirva de red.

jueves, 27 de diciembre de 2012

Incendios (I)

Me rozas. Te rozo. Salta la chispa que enciende la cerilla. Arde el papel. Arde mi piel bajo tu piel. Sopla el viento. Se esparcen las cenizas. Vuelan los restos del incendio. El calor del desierto. El olor a muerto. Un Ganges infecto. Fue duro el destierro. Ya no te siento. Me pudro por dentro. Durante tres minutos tañe la campana que anuncia mi entierro. No es la primera vez que te pierdo. Camino por el sendero de fuego. Recuerdo el incendio mientras me alejo de mi error más viejo. El eterno retorno, las lágrimas, las risas, las prisas, las cortapisas de quienes revisan las vidas menos lisas. Volver a empezar. Te equivocarás. Me borrarás de tu disco duro y me sustituirás por una copia barata de Sara Carbonero en pleno beso de Iker. Me equivocarás. Me obligarás a escoger a un falso holograma de Superman y Clark Kent y cuando todas las Chicas Pantene sean incapaces de levantar lo que antes se elevaba sin pensar y ningún superhéroe pueda rescatar a quien se propuso ayudar, volveremos a incendiar nuestros cuerpos agostados, sin miedo a tener que enterrar nuestras lenguas incapaces de pronunciar un te quiero que quema arrinconado en el cielo del paladar. Ya no hay marcha atrás. O me matas o te suicidarás.

miércoles, 26 de diciembre de 2012

Primavera (I)

En marzo o abril vendrás a por mí, me cogerás en brazos y borrarás mi carmín. Sólo el año es incierto. La estación no puede ser otra. El viento y la lluvia te conducirán hasta aquí y juntos floreceremos como un descolorido y desubicado alhelí.

sábado, 22 de diciembre de 2012

Apocalipsis (II)

Algunos creen que es mejor prever las malas noticias y que esa previsión te ayuda a afrontarlas mejor cuando finalmente tienen lugar, pero no es cierto. El anuncio de una muerte no hace que duela menos la ausencia del fallecido. La sospecha de tu adiós no evitó el derrumbamiento de mi mundo. Sabía que llegaría el día. Estaba escrito en tu mirada y en la manera en que me tocabas, pero pasaba el tiempo y continuabas a mi lado. Me repetía una y otra vez que me equivocaba, que veía fantasmas, sombras chinas, reflejos ondulantes en el agua. En el fondo, sabía que no era verdad, que la decisión estaba más que tomada y que la única indeterminación concernía al momento en el que se produciría la catástrofe. Pero esa intuición no me preparó para la punzada del armario vacío, el frío de la cama deshabitada o el silencio de una casa con un único habitante. En realidad, habría sido mejor que tu abandono me hubiera pillado de improviso, pues entonces habría sufrido una sola vez y no todos esos días que pasé a tu lado esperando a que ejecutaras la sentencia. Miro el televisor, lleno de parejas sonrientes y felices, de personas que permanecen unidas contra viento y marea, independientemente de lo mucho que el universo se esfuerce en tratar de separarlos y sé que es mentira, una gran mentira que nuestros padres nos cuentan cuando somos pequeños con la vana esperanza de que sólo lloremos cuando tengamos hambre, sed o sueño. La gente se evapora en cuanto el sol calienta más de la cuenta, huyen dejando atrás a los heridos, pisotean a los tullidos que bloquean su camino, devoran a los más débiles, se cagan en nuestros muertos, convierten las praderas en desiertos, siguen a los ciegos, entronan a los tuertos. Tiro a la papelera los noodles que me sobran. En el fondo de la basura yacen nuestras fotos, pedazos de una vida dividida por las tijeras de tus manos. Maldito Eduardo abandonado en la cima de una montaña solitaria. Vuelvo al salón y hago zapping hasta encontrar la solución, la anestesia nacional, lo único que puede hacerme olvidar, un paréntesis de 90 minutos, claramente insuficientes, pero que detienen transitoriamente la hemorragia de recuerdos. Cuando el partido termina no queda más remedio que volver la vista atrás. El futuro ya no existe.

jueves, 20 de diciembre de 2012

Neguri (II)


 
Te quiero, como se quieren las cosas que no se tienen. Te bebo, como se beben las drogas que no se deben. Te lloro, como se llora el tiempo que no se detiene. Te elimino, como se eliminan las cosas que nos repelen. Te excito, como excitan las mujeres que no se tocan. Te enfado, como enfadan los niños cuando alborotan. Te engaño, como engañan las putas cuando la chupan. Huyo, como huye una presa delante de un puma. Me escondo, como se esconde la luna detrás de la bruma. Me ahogo, como se ahoga Alfonsina entre la espuma.

miércoles, 19 de diciembre de 2012

Apocalipsis (I)

Es por ti, pero tú no te das cuenta. Me acerco. Me alejo. Río. Lloro. Imploro piedad a un Dios que se escondió tras el ficus de tu salón. Duele. Duele mucho más de lo que debe. ¿Por qué? No lo sé. Nunca lo he sabido. Nunca lo sabré. Arde la herida. Revienta el pulmón. Si tú no haces algo, tendré que hacerlo yo. Tapona las lágrimas. Pon fin al dolor. Desentierra la risa. Crucifica el adiós. Me miras y callo. Huyo a la velocidad del rayo. Me despeño por tus costados. Fallezco entre tus manos. Es por ti. ¿No te das cuenta? Si el viernes acaba el mundo puede que se enderece mi rumbo.

martes, 18 de diciembre de 2012

Imposibilidades (VI)

Me escuecen tus células debajo de las uñas o puede que fuera al revés. No me acuerdo bien. Se me olvidó al subir al tren. El error de hacerte el amor desembocó en mil y una súplicas de perdón. No te dejé decir que no. No te di ninguna opción. No tuviste elección. Lo digo sin convicción, pero es la única forma de que vuelvas a aterrizar sobre mi colchón.

domingo, 16 de diciembre de 2012

Los domingos

No tenía que haberte conocido en domingo. Los domingos siempre llevo pantalones que no me decido a tirar hasta que logro terminar de romper o reventar y camisetas pasadas de moda a las que no prendo fuego ni destierro de mi armario con la vana esperanza de que, algún día, volverán a ser lo más in del mercado. Los domingos tengo el pelo sucio y grasiento, producto de una larga noche de sábado de bar en bar y de pub en pub, de ambiente híper cargado, a pesar de la ausencia de humo. Los domingos restos de rímel coronan unas ojeras cada día más profundas y turbias, que marcan las horas insomnes de todos los fines de semana en los que no fui capaz de irme a la cama a una hora decente. Los domingos son días perdidos y aburridos, el epílogo de 48 horas lúdico festivas y el preludio de una semana de trabajo huracanado. Los domingos soy sólo un despojo de lo que puedo ser, un ser triste e inerte que vegeta en el sofá frente al televisor y cruza los dedos para que el hedor de la basura no termine de ahogar las pocas ganas que quedan de ser feliz, un animal herido que sólo sale a la calle cuando se requiere de manera imperiosa encontrar una tienda que, a pesar de abrir en festivo, no te arranque ambos riñones por su servicio de suministro de las provisiones que deben adquirirse ahora o nunca. Los domingos no estoy para nada ni para nadie, simplemente no existo. Maldita sea. No tenía que haberte conocido en domingo, pero habría sido imposible conocerte cualquier otro día.

martes, 11 de diciembre de 2012

Neguri (I)

 
 
El vaivén de las olas en tu mirada. La sal. La arena. Hace frío, pero, al mismo tiempo, hace calor, a pesar de que hoy, como ayer, no brille el sol. Mis piernas se convierten en barro al entrar en contacto con tu saliva. Sé que es sólo un recuerdo, un espejismo, un placer reflejo sin acento circunflejo. Cierro los ojos y respiro este conato de huracán que amenaza con elevarme por encima de las nubes, allí donde sólo habitan los dioses de la mitología clásica. Volver al lugar del crimen es la única manera de provocar la repetición del asesinato. Abro los ojos y miro a mi alrededor. Ningún hito marca el lugar exacto en el que yace mi cadáver. Me gustaría poder encontrarlo, recogerlo, recuperarlo, pero sé que no seré capaz de hacerlo. Mi alma enterrada bajo tierra grita. Mi cuerpo, sordo y vacío, confunde ese grito desgarrador con el graznido de las gaviotas. Lloro, pero no soy yo la que llora. Son otros los ojos que derraman mis lágrimas. El vaivén de las olas en tu mirada. La sal. La arena. Todo lo demás no es cierto.

sábado, 8 de diciembre de 2012

Invierno (I)

Se helarán las puntas de tus dedos y se gangrenará el extremo más atrevido de tu lengua. Por eso no debes tocarme. Por eso no debes besarme. La hipotermia no es dulce. La muerte por congelación duele. Quien diga lo contrario es que nunca ha estado tres días perdido en el Himalaya. Pero yo sé de lo que hablo. Para sobrevivir tuve que vender mi alma al Invierno. Sólo me perdonó la vida con la condición de que le ayudara a alcanzar a quienes no aspiran a convertirse en alpinistas. Por eso pude volver de las alturas. El precio no me pareció grande. Nunca me ha gustado que nadie se me acerque demasiado. Si mantengo una distancia adecuada con el resto de mis congéneres nadie sufrirá daño. Pero ahora tú quieres saltarte la barrera y derribar la empalizada. Aprecio demasiado tu existencia como para permitir que te suicides de una forma tan absurda. Mi piel no es tan suave ni mis labios tan sabrosos como para privar al mundo del caleidoscopio de tu mirada. Aléjate. Vete de aquí. No mires atrás. Incluso verme te puede llegar a matar. Hay nieve en mis pestañas y estalactitas bajo mi párpado inferior. Si nuestros ojos se cruzan el tiempo suficiente mi hielo apagará tu fuego y solidificará tu sangre. Hazme caso. No mires atrás. Estatua de hielo. Estatua de sal.

lunes, 3 de diciembre de 2012

Imposibilidades (V)

Soy un producto que no podrás vender. Úsame y tírame. A largo plazo, no te serviré. Por mucho que me entrenes, no competiré. Esto que ves no es un best seller. En el metro nadie leerá las palabras que escribí ayer. Anónima e ignorada falleceré. No te apenes. Seré lo que tenía que ser.

jueves, 29 de noviembre de 2012

Humo (I)

No eres más que humo, un humo negro y espeso que me nubla la vista y hace que tropiece más de mil veces en la misma piedra. La profundidad de tus ojeras es un fiel reflejo de la negrura que tiñe mi futuro más próximo. Me siento junto a ti y finjo que tú no eres tú y que yo no soy yo, sino tan sólo dos desconocidos anónimos sin nada que decirse. No funciona. Me miras y no necesitas abrir la boca. Cierro los ojos y entorno los labios, pero ningún suspiro huye de mi garganta. Un viento sibilante deposita en mi oreja izquierda una letanía interminable de motivos por los que debería mantenerme alejada de ti. Respiro el aroma a Ducados que desprenden tus manos. Un quejido se desliza entre mis dientes. Mastico el dolor de nuestra traición. Un columpio chirría de forma estridente el vaivén de tu aproximación y de tu huida. Al abrir los ojos, tu corazón sangra entre mis manos. Tu cuerpo sólo es una ráfaga de humo que se disuelve entre la niebla generada por la humedad que se evapora desde mis entrañas de piedra, una ráfaga de humo negro y espeso que me estrangula sin remedio.

miércoles, 21 de noviembre de 2012

Cadáveres (V)

El tiempo muere a cada segundo, mientras los seres humanos sólo perecen una vez en la vida. Algunos sobreviven hasta el momento en que claudica su cuerpo. Otros desaparecen mucho antes de que su carne y sus huesos comiencen a pudrirse. Sólo tú y yo somos como el tiempo. Fallecemos a cada segundo y resucitamos instantáneamente, en un círculo sin principio ni final, ajenos a cualquier axioma racional. Nuestro amor es un Ave Fénix que arde por combustión espontánea y que resurge de sus cenizas antes de que éstas se enfríen. Pero un día nos dispersará el viento y, por mucho que nos busquemos, no lograremos encontrarnos. Ocurrirá un 21 de diciembre. Tal y como predijeron los Mayas, será el fin de nuestro mundo. El de ellos seguirá girando, cruel e inhumano, intemporal, arcano. Nadie será consciente de la detención del tiempo, en huelga indefinida desde que no puede medir la cadencia de nuestros besos.

martes, 20 de noviembre de 2012

Cadáveres (IV)

Nos prometieron que tú y yo no moriríamos esta noche y los creímos. Volamos hasta el lado oculto de la luna. Contemplamos el sol. Reímos. Caímos. Heridos. Abrazados sobre el suelo, antorchas sangrantes, contemplamos las ardientes y mortales yagas. Incapaces de detener el cataclismo, fingimos que no veíamos lo que vimos. Nos mentimos. Y ahora que ya es tarde para evitar el fatídico final, rezamos a Dios, persiguiendo un perdón que nos es esquivo por falta de fe en este cielo que vierte lluvia ácida para apagar el fuego que nos consume, para ahuyentar el humo que nos envuelve y que nos une, para lavar esta sangre de hule, tan negra como la noche, tan venenosa como los escapes de los coches.

lunes, 19 de noviembre de 2012

Libertad. Ovejas. Lobos. Gallinas. Hambre.

La libertad no existe. Murió víctima de las graves heridas que sufrió en todas las revoluciones que se iniciaron en su nombre. La igualdad y la fraternidad perecieron de idéntica forma. Éste es un mundo de esclavos de los convencionalismos sociales. Ésta es una Tierra en la que el que tiene algo siempre es tratado de manera diferente al que no posee nada. La insolidaridad campa a sus anchas. El odio y la envidia gobiernan todos los corazones. Me dices que hay que luchar y yo te pregunto por qué. Repites consignas recitadas con anterioridad. Estás dispuesto a morir por unas ideas que alguien sembró en tu cabeza cuando tu cerebro era lo suficientemente maleable como para que enraizaran. Yo no quiero morir, pero estoy dispuesta a matar, no por ideas ni creencias, ni siquiera por defender una libertad que sé de sobra que no tengo. Un asesinato sólo tiene sentido si ha sido dictado por las tripas. Las ideas son falsas, pero los sentimientos ciertos. No creo en la injusticia, pero a veces la siento. Sólo entonces alzo la mano y tiro la piedra. Hay una gran diferencia entre tú y yo. Si tú yerras el tiro, no volverás a intentarlo. Las ideas cansan y aburren una vez que se apaga la llama que encendió su instigador. Pero si yo fallo el tiro, recojo la piedra, me acerco al condenado y le abro a golpes la cabeza. Cuando las tripas dictan tus actos no calibras bien los riesgos ni los costes de tus acciones. Por eso no hay que temer a un rebaño de ovejas enfurecidas. Basta con convencer al pastor para que cambie la diana sobre la que verter su ira. Son los lobos solitarios con los que debes tener cuidado. Cuando se entregan a sus instintos más básicos nadie es capaz de domesticarlos y, antes de que te descuides, acabarán con todas tus gallinas de los huevos de oro. El hambre sólo es peligrosa cuando se siente y no cuando se piensa.

domingo, 18 de noviembre de 2012

Canibalismos (I)

Al final todo se repite. Se pierde cualquier atisbo de originalidad. Sé que es difícil de aceptar, pero tú y yo también falleceremos víctimas del tedio y la ambigüedad de esta noche de pan sin sal. Tus dedos recorren el camino trazado mil veces con anterioridad y mi lengua lame los rincones que ya se ha cansado de memorizar. No hay novedad. Lo que teníamos que inventar lo inventamos ya. Por eso es hora de marchar. Si nos quedamos no habrá botellas que descorchar. No sabemos jugar. Somos animales de costumbres sin domesticar. Morder y gritar. Presionar y estallar. Hace más de mil días que debimos abortar esta misión suicida que nos aniquilará. Pero seguimos tratando de alcanzar la cima que nadie ha logrado coronar. Durmamos para olvidar que este canibalismo no habrá caducado al despertar.

viernes, 16 de noviembre de 2012

Australia (II)

Las manos le olían a eucalipto y él, que en otra vida fue un koala, se enamoró de ella.

miércoles, 14 de noviembre de 2012

14-N

14-N. Huelga general. Un país paralizado. Vaya novedad. España lleva más de tres siglos paralizada, tan concentrada en mirarse el ombligo, que aún no se ha dado cuenta de que ya no tenemos ningún imperio por el que levantar la cabeza con orgullo. El Absolutismo. La I República. El desastre del 98. La dictadura de Primo de Rivera. La II República. La Guerra Civil. La Postguerra. El Franquismo. La Democracia. Desde la Guerra de la Independencia, la historia de nuestro país no es más que un rosario de ignominiosas derrotas y silencios. Hay que tener talante, transigir, ser pacientes, dialogar, aguantar, apretar los dientes, ya volverán las vacas gordas y con ellas un futuro dorado. Pero no es cierto. En España los únicos animales gordos son los cerdos que nos gobiernan. No ahora. Ni hace seis años. El mal se prolonga mucho más en el tiempo, es endémico e incurable, porque nos empeñamos en no visitar al médico, haciendo alarde de una salud excelente. Negamos la evidencia y presumimos de todo aquello que nos falta: valor, arrojo, inteligencia, creatividad y un largo etcétera de cualidades que, en realidad, no poseemos, porque, si lo hiciéramos, no estaríamos como estamos. Hace algo más de un año, los jóvenes y los no tan jóvenes tomaron Sol. Querían cambiar las cosas. Un nuevo mayo del 68. Otra gran mentira. Cuando llegó el momento de cambiar el mundo, votaron lo de siempre, cada cual a quien estimaban menos chorizo, afianzando así este bipartidismo que se hinca de rodillas ante las minorías nacionalistas. La integridad de España está en juego, claman los más apocalípticos. Se equivocan. España falleció junto con la Constitución de Cádiz. Lo que vemos son sólo las cenizas de una tierra que contempló la primera derrota de Napoleón. No hay que salvar nada, si acaso reconstruirlo; pero, cuando no queden ni los cimientos, será imposible volver a levantar un rascacielos. Vayamos a la huelga. ¿Por qué? Porque tenemos que demostrar nuestro descontento, que el Gobierno se entere de que no aceptaremos más recortes, STOP a los desahucios, ¡BASTA YA! Más mentiras. Mentiras que encubren una única verdad. Nada cambiará. Los cerdos, una vez más, se salen con la suya. Menos dinero que pagar a final de mes. No os equivoquéis. No es a ellos a quienes señalo con el dedo, sino a vosotros y a mí. Leed "Rebelión en la granja" y luego decidme quién es el culpable aquí.

martes, 13 de noviembre de 2012

Faraones y poltergeists

Tu boca ya no me cura. Tu lengua sólo provoca amargura. Te momifico a la luz de la luna. Te entierro bajo la décima duna. Ninguna pirámide marca tu tumba. Faraón sin corte perdido en la bruma. Mancha de fruta disuelta en espuma. Mil noches sin ternura. Un grito en la espesura. Un silencio de angostura. Tu voz sin altavoz repitiendo que no hay Dios. Desintonizo el televisor. El poltergeist de tu imagen ya no vive en mi habitación.

lunes, 12 de noviembre de 2012

Un recién nacido que rompe a llorar, un moribundo clamando piedad

Mareada y agotada. Insomne suicida pendiente del borde de la cama. Saltar y morir. Dormir, soñar, vivir. No es tan fácil decidir. No todo depende de mí. Tampoco de ti. La luz de la mañana penetra entre las lamas de las persianas. No es el principio, tampoco el final, pero sigue costando respirar, igual que a un recién nacido que rompe a llorar, lo mismo que a un moribundo clamando piedad. Cierro los ojos y vuelvo a mirar. Si los abro no funcionará. Sólo las imágenes de detrás de mis párpados me pueden importar. Todo lo demás son sombras que nos quieren engañar, ilusiones equívocas que se desvanecerán antes de que nosotros las podamos apresar. Tu boca sobre otra boca es la losa que me aplastará. Ya no sé qué es mentira y qué verdad. Si sueño contigo es porque no me amarás. Deseos ocultos que no se harán realidad. Lava mis manos con lágrimas de mar. Abanica mis párpados con suspiros de sal. Construye castillos de barro en el arenal. Algún noble cangrejo los habitará. Otra vez vuelvo a delirar con noches de verano sin edad. Es la fiebre del oro que vuelve a atacar. La mina es el sol y tus ojos el pico que desbasta la piedra.

domingo, 11 de noviembre de 2012

Envolvente (I)

Odio las aglomeraciones, salvo que tú seas la masa que empuja y estruja.

miércoles, 7 de noviembre de 2012

Una pistola fracasada

Me miras desnuda. Estornudas. Te dan alergia mis dunas. Demasiada arena y poca espuma. Demasiado sol, ninguna bruma. El sudor en la cara. La sombra del alma. Si no disparas no sonará la alarma. Si no te mueves no es a mí a quien detienes. Es sólo un revólver sin balas, un arma descargada, una pistola fracasada. Una mirada sin cejas observa desde la nada. Fotografía tu espalda. Quiebra mi calma. La busco y la encuentro. La embisto y la entuerto. Se agitan los muertos. Aplauden con tiento. Salta sin miedo. No te asuste caer de rodillas sobre el hielo.

martes, 6 de noviembre de 2012

Saturno devorando a sus hijos

El tiempo me muerde la muñeca, desgarra mi carne, bebe mi sangre. Trato de liberarme de su cepo, pero no logro desabrochar el maldito reloj. Un, dos, tres. Transcurren los segundos. Se acerca el fin del mundo. Rompo la esfera y pisoteo los cristales. Arranco las agujas, las doblo, las retuerzo, las muerdo. Saturno devorando a sus hijos. Ahora lo entiendo. La sangre de mi muñeca, en realidad, es la sangre de mi boca. Acabo de masticarme a mí misma y ni siquiera me ha dolido. Suicidio colectivo. El mío y el de todos los incautos que tratan de exprimir al máximo el tiempo que les resta. Momo los contempla con prismáticos desde el viejo anfiteatro y chasquea la lengua. Ende se revuelve en su tumba. Los hombres grises controlan todas las flores horarias y la Emperatriz Infantil fallece al mismo tiempo que el nombre que le regaló Bastian. La única Hija de la Luna que ha sobrevivido al paso de los años es la canción de Mecano. Todo lo demás es vano. Tú y yo cogidos de la mano nos descalabramos, nos desnudamos, nos matamos. Dos cadáveres momificados desde tiempos ancestrales, esperando sin pausa ni causa que algún argentino dibuje nuestro cronopio sin fama. ¿Estamos muertos o sólo tuertos? Se acaba el día y sigo sin encontrar la salida del túnel del sueño eterno. Ni Bogart ni Bacall me sirven de ayuda. Ellos también se perdieron entre el blanco y el negro de las puntas de sus dedos.

lunes, 5 de noviembre de 2012

El otoño y la basura

Hojas llameantes suspendidas de árboles transparentes.

Ramas encendidas sobre raíces escondidas.

Polen amarillo y flores de mercadillo.

Musgo enrarecido y césped encanecido.

Brisa matutina y rumores vespertinos.

Si te pierdo no te ofendas por hacerlo a sabiendas.

El otoño ya dilata mi espíritu de gata.

Y frecuento callejones y sórdidos rincones.

Y busco en la basura tu alimento y mi cordura, tu sustento y mi cura, tu aliento y mi rotura.

viernes, 2 de noviembre de 2012

Crucifixión (I)

Nuestro amor es una sombra crucificada en la pared. De noche, espectro gimiente y moribundo. De día, fantasma invisible y mudo. Por eso odio el sol. Me impide ver los poco que queda entre tú y yo.

martes, 30 de octubre de 2012

Otoño sin Nueva York

Te ríes, tanto de mí, como conmigo. Y yo sonrío, porque tu risa me sirve de abrigo. Las hojas caen al otro lado de la ventana. El viento sopla de costado y amenaza con echarnos a un lado. No quiero morir sin ti, así que me abrazo a tu pecho, me pego a tu espalda, trepo por tus piernas y anido en tus brazos. Okupa sin casa, esta noche tú me servirás de cama. Tus ojos color avellana me miran con ganas. Agitas tus ramas y caigo al suelo. Desnudas mi tronco y deshojas mis dudas. Siembras semillas que no maduran y cortas las flores de mis temores. Oigo un crujir de tambores. Vuelan las almas de cien mil canciones. Tu aliento de humo envenena el aire que no consumo. Todo se muere y yo lo asumo.

lunes, 29 de octubre de 2012

La condena

Las manos de uno de los hombres se posaban en la garganta de K. Aún no había decidido si debía exprimirla hasta arrancarle la última molécula de oxígeno o si, por el contrario, merecía el indulto. Miró a sus compañeros. Sus pupilas, dilatadas y anhelantes, le instaban a apretar sin el más mínimo asomo de piedad. "Por favor, no lo hagas", clamó el condenado. "Dame un solo motivo para perdonarte la vida". "Si me matas, ¿qué será de todas las palabras que me contienen?" "De eso se trata. Si te eliminamos acabaremos con el karma y ninguno de nuestros actos tendrá consecuencias en esta vida ni en las siguientes", contestó el verdugo, mientras ejecutaba la sentencia. Tras el fallecimiento de la letra K, los hombres, creyéndose liberados de toda responsabilidad, actuaron sin tener en cuenta ningún precepto moral. Desgraciadamente para ellos, aunque ya no tuvieran nombre, las leyes del karma continuaban vigentes.

miércoles, 24 de octubre de 2012

Tus labios y mi lengua en modo acordeón. Tu lengua y mis labios en modo saxofón

Tus dedos me penetraron hasta el fondo. Hurgaron en mi corazón y en lo que no era mi corazón. Un gemido se me escapó. Mitad placer, mitad dolor. Se produjo la explosión. La pequeña muerte falleció. Un nuevo asesinato comenzó. Tus labios y mi lengua en modo acordeón. Un poco más de presión y habrá una nueva combustión. Mil millones de gotas de sudor salpican el colchón. Tu lengua y mis labios en modo saxofón. Dime qué tengo que hacer para borrar tu olor de las aristas de mi esternón.

martes, 23 de octubre de 2012

Las líneas 1 y 7 no se tocan

Las líneas 1 y 7 no se tocan, no existe conexión directa entre tu casa y la mía, entre tu vida y mi vida. Alguien debería diseñar un enlace, pero supongo que es más útil perder el tiempo en tareas más productivas. El tiempo es un ente informe que nos une y nos separa a través del espacio, que nos envuelve en un abrazo de anaconda y nos clava las uñas cuando intentamos ignorarlo. Aún así, por unas horas, logramos vencerlo, lo detuvimos en seco, lo suspendimos en el medio de la nada, lo encadenamos a la pared y le obligamos a contemplar nuestra infinita libertad. Nadie se dio cuenta del extraordinario fenómeno paranormal. Para los demás seguían corriendo los minutos. Sólo nosotros disfrutamos de la inmovilidad atemporal creada por la unión de nuestras almas a través de la yuxtaposición de nuestros cuerpos. Sí, nadie más sabe que somos tres horas y 17 minutos más jóvenes de lo que indica nuestra partida de nacimiento. Lástima que después de ese lapso volvieran a andar todos los relojes y que nuestros destinos no se hayan enlazado de nuevo. Estudio cada día las obras de mejora del metro. Sé que, cuando exista un punto de contacto entre el azul claro y el naranja, nuestras vidas volverán a tocarse, pero también sé que conectar la periferia con el centro es ahora lo importante. Demasiadas promociones inmobiliarias sin vender. El capitalismo a punto de fallecer. Poco importa que tú y yo nos muramos de sed en este desierto de distancia entre tu piel y mi piel.

lunes, 22 de octubre de 2012

Nzinga

Nzinga, en otra vida, fue una princesa polaca, de piel de porcelana y ojos transparentes, cuello de cisne y cabello de oro de blanco. La única preocupación de sus manos, de dedos infinitamente largos y uñas de diamante, consistía en evitar agrietarse con el frío. Por eso Nzinga no acepta esta nueva vida consagrada a horadar una tierra baldía, agostada por un sol de justicia que, a pesar de su injusta inclemencia, no calcina la gruesa piel de betún que le ha tocado en suerte. Nzinga sabe inconscientemente que es una princesa, poco importa si polaca o africana. Por eso se entrega cada noche sin protestas a esos demonios blancos, mucho más poderosos que los jefes de su tribu, también más crueles y arbitrarios. Piensa que, algún día, la devolverán a esa tierra donde la palabra invierno se escribe con nieve. Desgraciadamente, no recuerda el río de su noble sangre derramada sobre un mar de hielo. No todo el monte es orégano en las praderas donde, aún hoy, pastan los bisontes. En todos los continentes hay mujeres cuyas vidas son truncadas antes de los treinta. Algunas, desgraciadamente para ellas, sobreviven al desastre, a la aniquilación de su dignidad, a horrores imposibles de tolerar. Sólo unas pocas mantienen la cabeza enhiesta, conscientes de su regia fortaleza, sabiendo que únicamente un auténtico caballero podría destruirlas. Pero ya no queda ninguno. Sucumbieron bajo las llamaradas de dragones ya extinguidos. Los monstruos que ahora pululan por el mundo sólo se arrastran por el suelo, carentes de esa nobleza de espíritu necesaria para levantar el vuelo y escupir fuego. Ellos no lo saben, pero, más tarde o más temprano, perecerán pisoteados por las damas de ébano y marfil, morirán encogidos, asustados, humillados. Será entonces cuando el bien, finalmente, habrá triunfado.

sábado, 20 de octubre de 2012

Imposibilidades (IV)

No debería decirte toda la verdad. Siempre es conveniente guardarse un as en la manga, pero necesito poner boca arriba todas las cartas. Comprobar si, efectivamente, he ganado la partida. Sé que no es así. En realidad, lo único que necesito es certificar mi derrota, verte con ella y no conmigo, saber que son sus manos las que te proporcionan abrigo. Ironías del destino. Justo cuando claudicaba, tropiezo contigo. Y ahora que sé que existes, ¿cómo corto el cordón que me une a tu ombligo?

viernes, 19 de octubre de 2012

Monstruos (I)

La princesa del guisante yace entre mullidos cojines de plumón húngaro. Trata de conciliar el sueño, pero no puede. Libra un combate a vida o muerte con los monstruos que la retienen a medio camino entre esta vida y la que viene. Finalmente, cae al suelo inconsciente. Nadie sabe quién ha ganado la batalla. Completamente inmóvil duerme más de cien años sobre un duro lecho de piedras heladas y cortantes. Cuando despierta, nadie recuerda su nombre, ni siquiera ella misma. Sólo las rocas que acunaron su cansancio conocen el auténtico valor de sus actos. Los ogros derrotados siguen escondidos en sus armarios.

sábado, 13 de octubre de 2012

Mi última obsesión

No es eres más que mi última obsesión, un capricho pasajero, el parche con el que tapar todos los agujeros previos. En cuanto ingiera tres o cuatro ibuprofenos se me bajará la fiebre y se evaporará el espejismo de mi amor por ti. Fingiré que no eres TÚ al que llevo esperando más de media vida, que tus ojos no me queman, que tu sonrisa no calienta mis recovecos más fríos y que tu olor no obnubila la poca razón que alguna vez tuve. No, no puedes ser TÚ, es imposible que seas TÚ y, sin embargo, sé que fuiste TÚ desde el primer día que mis pupilas repararon en tu existencia. Y aunque esto no vaya a ninguna parte prefiero tener un accidente mortal a 300 por hora que a 20.

martes, 9 de octubre de 2012

Derrotas (II)

La artillería pesada no fue disparada. La falta de munición no fue causa de rendición. El fuego del ruego. El juego del ego. El velo del duelo. Los cadáveres de la fosa común son untados con betún. Camuflaje para empezar el viaje a ninguna parte. No eres tú el que falleces, soy yo la que se muere, sin que ningún médico sin fronteras acierte a detectar el origen de la herida. Terminó la guerra sin que consiguiéramos ganar ninguna batalla. Apunta, suelta la lanza y corre como las balas. Si no oyes el grito es que has errado el tiro. Sangre y arena. La multitud abarrota el circo, pero esta vez no hay vencedores ni vencidos. Sólo los leones llenan la barriga. Mi estómago se encoge mientras se dilata mi lengua. No me digáis que no sirvió de nada. Prefiero que las hormigas recorran mi cara a vivir cien años sojuzgada.

lunes, 8 de octubre de 2012

Mantequilla

Llevo un corazón de metal incrustado en la muñeca derecha. Ya no recuerdo a quién pertenecía, ni cómo ni por qué se lo robé. Sólo sé que me queda bien. Hace juego con mis uñas de acero y mi brazo de hierro, con mi sonrisa de aluminio y mi mirada de níquel, con mis dedos de plata y mis manos de oro blanco. Cuando se me acelera el pulso, parece que cobra vida propia, palpitando al compás del torrente sanguíneo que circula por mis venas. Cuando me relajo, él, víctima de un infarto, se para en seco. Por eso vivo acelerada. Me gusta observar cómo late. Creo que evoca a su ex dueño, aunque ya no recuerdo de quién se trataba. Alzheimer prematuro de quien opina que todo tiempo pasado fue peor. Aún así, hoy prefiero ignorar su existencia, así que me mezo tranquila en un columpio del parque de debajo de mi casa. De repente, sin causa aparente, mi muñeca revienta dinamitada por el empuje inexplicable del metálico músculo. Mientras me desangro sin remedio contemplo a un hombre que abre su pecho y sustituye un corazón de mantequilla a medio derretir por mi apreciado corazón de metal. No vislumbro bien su rostro. Los ojos se me cierran sin querer. Su voz es lo único que distingo con claridad.
 
- Ahora todo vuelve a estar en su lugar.
 
Poco a poco recuerdo lo que tanto me había esforzado en olvidar. Casi sin fuerzas, susurro:
 
- Sólo te lo arranqué porque no me quisiste dar una mitad.
 
- No te confundas. Tú me pediste un regalo después de negarme un intercambio. Si hubieras estado dispuesta a partirte en dos todo habría sido muy distinto.
 
- Es curioso. Siempre supe que, más tarde o más temprano, acabarías conmigo.
 
Un beso tapona la herida. Si sus labios permanecen ahí el tiempo suficiente se regenerará la sangre perdida.
 
En su día, yo también cautericé la herida que le causé. Nunca he sido tan cruel como me pinto, aunque el problema es que sé que cuando él muera yo moriré con él. Puede que a él le pase lo mismo y que siempre hayamos estado unidos por puro egoísmo.
 
Mientras me recupero lentamente, una lacerante idea se instala en mi cerebro.
 
- ¿A quién pertenecía tu corazón de mantequilla?
 
No contesta. Ahora mismo no puede hacerlo. Si lo hiciera se escaparían los pocos hematíes que me quedan.
 
Él calla. Yo lloro. Noto cómo su puño golpea mi pecho. Suena a hueco. Recuerdo. Una vez fui más blanda de lo que pensaba. En realidad, aún lo soy. Por eso me derrito sobre el asfalto.

martes, 2 de octubre de 2012

Tu nombre

Tu nombre tatuado en mi retina no me deja leer entre las líneas de tus frases más ambiguas. Esas diez letras son ahora todo lo que veo. Las leo incluso sin ponerme las gafas. Es fácil. Están ahí, tan cerca que me resulta imposible ignorarlas. No hace falta que me pare a contemplarlas. Me acompañan todo el tiempo, mientras camino y mientras duermo. Quisiera despegarme de ellas, pero no puedo. Tendría que arrancarme los ojos, pero me da miedo de que tu nombre sobreviva escondido en mi nervio óptico. Tal vez sea allí donde realmente resida. Prenderé fuego a mis neuronas, dinamitaré todo mi sistema nervioso y, convertida en un catatónico despojo de carne inmóvil, si no recuerdo cómo te llamas, tal vez consiga desprenderte de mi vida.

lunes, 1 de octubre de 2012

Insectos (II)

Te quiero, de esa forma que no desaparece con el tiempo, de esa manera que no se diluye con el transcurso de los días. A todo el mundo le ocurre una vez en la vida, pero no debería haber sido contigo. Traté de evitarlo y, luego, traté de negarlo. Curiosamente, ahora que lo acepto no duele tanto. Sólo tengo que concentrarme en luchar contra el impulso de arrojarme entre tus brazos. Todo lo demás no importa. Maldito karma. Demasiadas cucarachas asfixiadas en toneladas de Cucal. Seguro que alguna no se merecía la muerte y ahora soy yo la que se ahoga tan cerca y tan lejos de tus labios, sabiendo que no puedo ni debo derretirme entre tus dedos, esforzándome por amordazar este deseo que ya ni detengo ni contengo.

viernes, 28 de septiembre de 2012

Tormentas (I)

Llueve. Llueve tan fuerte que las gotas de lluvia se cuelan por el marco de la ventana y una gotera del tamaño de un puño nace en una esquina del techo de mi dormitorio. Truena. Truena y relampaguea. Se va la luz. Si fuera una chica normal gritaría y desearía tener un hombre grande y fuerte a mi lado al que poder abrazar con desesperación hasta que todo termine. Pero no soy una chica normal o, al menos, no busco ni deseo la protección de nadie. En realidad, no me asustan las tormentas y menos si son de verano, pasajeras, cálidas, efímeras. Contemplo a la luz de los relámpagos las gotas que caen del techo. Cierro los ojos y me concentro en su monótono repiqueteo. Tac, tac, tac. Es el mismo ritmo. Exactamente el mismo. Ya puedes decirlo. Tú, ilustre poeta, ya puedes recitarlo en tu próxima elegía a nuestro amor muerto. Tú y yo follábamos al compás marcado por el metrónomo de las gotas de lluvia que caían del techo de nuestro cuarto. Perdona. Se me olvidaba que no te gusta robar versos y mucho menos si son míos. Llueve. Llueve tan fuerte que ya no me acuerdo de lo mucho que te echo de menos. No sé si la cortina de agua será capaz de enmascarar la mentira. Está bien. Seré sincera. Siempre fuiste una tormenta de invierno.

lunes, 24 de septiembre de 2012

Donde habitan los orcos

Te ocultas entre las sombras, camuflada, aovillada, disfrazada, vigilante, expectante, anhelante de un mundo sin dolor ni signos de interrogación, de una tierra sin inventar, poblada de ángeles que no se cansan de entonar los himnos más excelsos que se pueden recitar. Pero, en contra de lo que todos dicen, aún no ha llegado el fin del mundo, así que tendrás que esperar para poder contemplar el Este del Edén y el Oeste del Arca de Noé. Sigue observando, sigue esperando a que el ardor se extinga por refrigeración espontánea. Cruza los dedos y reza para que el dueño del sueño no convierta en pesadilla las imágenes perdidas en tu inconsciente menos colectivo. Él se ha ido y tú hace tiempo que te has extinguido. No cierres los ojos. Detrás de tus párpados es donde habitan los orcos.

sábado, 22 de septiembre de 2012

Cambiando el mundo (II)

Le cortaron el micrófono, pero no se apagó su voz. El eco de su grito retumbó como el rugido de un motor a reacción. Después, él calló y un silencio eterno se extendió desde USA hasta Japón. No había nada más que decir. Bajó del estrado y empezó a construir los cimientos del mundo en el que quería vivir. Otras manos silenciosas comenzaron a ayudarle. Había demasiado que hacer para perder el tiempo con palabras que ya no edifican nada.

jueves, 20 de septiembre de 2012

Insectos (I)

Hay arañas y hormigas sobre mi cama. Las primeras quieren tejer sueños lo suficientemente hermosos como para que quiera quedarme eternamente atrapada entre sus redes. Las segundas sólo esperan a que muera de felicidad para devorar poco a poco mi cadáver. Me gustaría aplastarlas y dormir en paz, pero son demasiadas y, si asesino a una, las demás se reproducirán en progresión geométrica. Una mosca zumba cerca de la ventana. Quiere salir, pero no puede. La cerré antes de acostarme. La necesitaba como sacrificio. Mientras ella lucha por zafarse de la telaraña que nos envuelve, yo podré descansar plácidamente en los brazos de Morfeo. Lo siento, pero no tendré remordimientos. Era la mosca o mi vida y nunca me fié de quienes pudiendo volar prefieren alimentarse de la mierda que yace sobre el suelo.

miércoles, 19 de septiembre de 2012

Australia (I)

Creí que no te echaba de menos hasta que hablé de ti. Entonces me di cuenta de cuánta falta me hacías, de cómo necesitaba volver a verte y de cómo sería menos doloroso si nunca volviéramos a encontrarnos. Te llamé al llegar a casa. No me lo cogiste. Decidí borrarte de mi vida, pero ni siquiera fui capaz de eliminar tu número de mi agenda. Me pregunté cuánto frío haría ahora en Australia. Recibí un sms. "Sorry. No oí tu llamada. En un par de horas estoy en casa y hablamos por Skype. Hace un frío del carajo". Hay preguntas para las que sería mejor no obtener respuesta.

lunes, 17 de septiembre de 2012

El dolor es sordo

El dolor es sordo, no te oye. Por eso no se detiene, te va minando por dentro, poco a poco, sin que puedas evitarlo, sin que sepas controlarlo. Trataste de extirparlo una vez, pero fue inútil. Se escondió tan bien que creíste haber tenido éxito, pero continúa dentro de ti, silencioso, destruyéndote poquito a poco, sin prisa, pero sin pausa, más certero que una lanza. Respiras hondo mientras miras a través de la ventana, contemplando ese vacío que te llama, ese cielo que te abraza, esas voces que no callan. Sería tan fácil... Subir al alféizar y deslizarse en la nada, dejar que la fuerza de la gravedad te aplaste contra el suelo, reventándote por dentro. En unos segundos, todo habría acabado. Pero no puedes hacerlo. Tú no quieres morir, tan sólo quieres vivir sin tener que sufrir este dolor que nadie debería tener que asumir. Por eso te diriges a la cocina y blandiendo tu mejor cuchillo comienzas a buscar la guarida de este demonio que ya no te deja pensar. Nadie lo entiende. Nadie comprende por qué lo hiciste. Tendida en el suelo, flotando en un charco de sangre, mutilada y sonriente, nadie adivina la verdad, que no buscabas tu fin, sino el suyo. Lástima que para encontrarlo tuvieras que vaciarte completamente. Pero venciste, con tu último aliento hallaste su escondrijo y lo aniquilaste. Ya no torturará a nadie más. Por eso sonríe tu cadáver. Parece mentira, pero hay muertes que tienen algún sentido.

domingo, 16 de septiembre de 2012

Me gustaría ser como ellos, pero no lo soy

Me gustaría ser como ellos, pero no lo soy. Ellos se esfuerzan por hacer algo que yo me esfuerzo por no hacer. Ellos buscan la fama y la gloria, anhelan focos y titulares, persiguen elogios y cumplidos y recolectan billetes que ya no saben poner a buen recaudo. Yo sólo quiero ser anónima y morir en paz, que cuando desaparezca de este mundo nadie sea consciente de mi existencia, que ni siquiera una lápida ayude a localizar mi tumba, que cuando mis amigos mueran fallezca mi recuerdo, que el polvo de mis huesos se confunda con la arena del camino, que mis palabras se las lleve el viento. Ellos duermen apaciblemente por las noches sobre colchones viscoelásticos que acunan sueños dulces de un capitalismo sin rastro de crisis. Yo permanezco despierta, insomne y agitada, tratando de contener las palabras que se escapan por cada uno de mis poros cada vez que relajo mis músculos, intentando retener historias de apocalipsis cotidianos que devastan nuestras vidas, luchando cuerpo a cuerpo con personajes más reales que yo misma, acosada por pesadillas menos voraces de noche que de día. Cambiaría mi vida por su vida para saber lo que se siente sin sentir nada, para que no me duelan las pestañas, cansadas de abanicar a los que mueren abrasados por el fuego que consume estos días agostados antes de que haya llegado el verano, para no tener heridas que sangran a pesar de ser cosidas, para no verme obligada a esquivar esos cuchillos asesinos lanzados por enemigos escondidos entre las zarzas y los espinos. ¿Y qué si no duermo? ¿Y qué si me muero? ¿Y qué si, a pesar mío, sobrevivo al invierno de este infierno? Me gustaría ser como ellos, pero no lo soy. Ellos están muertos, aunque se piensan vivos. Yo estoy viva, aunque me crea muerta. Por eso no descanso. Ningún ataúd sirve de soporte a mi columna vertebral. Me gustaría ser como ellos, pero no lo soy. Escritores vivos, palabras muertas. Palabras que asesinan a quienes las escriben y resucitan a quienes las escuchan. Palabras que duelen más cuando se callan que cuando se pronuncian. Gritos que desgarran la garganta y parten en dos el paladar. Lamentos roídos entre los dientes. Lágrimas que verbalizan las frases de los muertos. Un cadáver que me mira desde el otro lado del espejo. Otra vez dudo de si vivo o ya he muerto. Me gustaría ser como ellos, pero no lo soy. Yo aún respiro y ellos ¿no?

jueves, 13 de septiembre de 2012

El borde del mundo y los cimientos del firmamento (I)

Cayó al suelo, exhausta, derrotada, agotada. Simplemente no podía más y, aún así, sabía que tenía que levantarse y seguir luchando por algo que jamás conseguiría. No tenía sentido, pero daba igual. Era demasiado cabezota para rendirse.
 
Contempló el azul de un cielo vacío de nubes. Sintió una leve brisa que enfriaba el sudor de sus sienes y de sus axilas. Cerró los ojos y respiró hondo. Sólo se oía el rumor del viento agitando las hojas de los árboles. Pensó que debería morir allí, en esa pacífica y solitaria pradera, apartada de todo y de todos, pero intuía que su final quedaba lejos. Inspiró profundamente una vez más y, casi sin fuerzas, apoyando las manos y las rodillas en la hierba, se irguió sin abrir aún los ojos.
 
Permaneció un rato quieta, dejando que un viento ligero acariciara sus mejillas. No, la guerra no había terminado. Despegó los párpados y dejó que su vista se perdiera en el infinito horizonte que se desplegaba frente a ella. Correr hasta llegar al fin del mundo, dinamitar todas las leyes científicas, encontrar el borde del precipicio y saltar a la nada. Nunca creyó en los círculos, mucho menos en las esferas. Daba igual que no lo encontrara. Sabía que existía. Correr. Correr hasta que tropiece con él. No es tan difícil. Según lo piensa, lo hace.
 
Los guardianes del borde comienzan a desplazarlo a la misma velocidad a la que ella se mueve. Ellos también están cansados, exhaustos, agotados. No pueden descuidarse ni un momento. No lo entienden. Desde la Edad Media hasta ahora casi no habían tenido trabajo, pero esta maldita cría es demasiado testaruda, no les deja relajarse ni un segundo. Se consuelan con la idea de que es sólo algo temporal. Cuando ella muera podrán descansar otros quinientos años.
 
Están tan concentrados en evitar que ella encuentre la verdad que no perciben el auténtico peligro, ese poeta tísico que al nacer se equivocó de siglo. Es la única persona de este mundo que, despierto, no se mueve. Por eso percibe el borde cuando se desliza junto a él y, antes de que los guardianes puedan hacer nada por evitarlo, salta, sumergiéndose en la nada.
 
Tiembla la Tierra. Estalla el cielo. Ella se vuelve y corre sobre sus pasos. Sin que aún hayan entendido lo que acaba de suceder, los guardianes, paralizados por el miedo, contemplan sin tratar de impedirlo el segundo fracaso de su eterna vida.
 
La nada ya no es la nada. La nada se convierte en algo, en un mundo en ciernes poblado por dos extranjeros que desafiaron al universo. Crujen todas las galaxias. Se convierten en polvo algunas estrellas. Nadie entiende el cataclismo.
 
Él la mira y lo comprende. Esos ojos serían capaces de demoler los cimientos del firmamento. Ella clava sus pupilas negras en el azul de su iris derecho. Da igual que fallezca el cielo. Si él vive sobrevivirá el color celeste.

miércoles, 12 de septiembre de 2012

Cambiando el mundo (I)

El papel está caliente, con la tinta aún fresca, recién salido de la impresora. Lees las letras que forman las palabras que construyen las frases que edifican el mensaje que querías transmitir. Asientes con la cabeza, orgulloso del resultado obtenido y, después, lo tiras todo a la basura. El mundo aún no está preparado para escuchar ciertas cosas, pero tú necesitabas comprobar que eras capaz de escribirlas. Satisfecho con el trabajo realizado, sales a la calle y caminas lentamente hacia tu casa. Todos piensan que el atropello es un accidente. Qué otra cosa podía ser. Nadie sabe realmente lo molesto que podrías haber llegado a resultar. Nadie excepto los que te vigilaban desde hace tiempo y ordenaron tu eliminación. Nadie excepto esa señora de la limpieza que, curiosa, se detiene a leer el papel arrugado, ya casi tan helado como tu cadáver. No termina de entenderlo, pero intuye su importancia. Por eso lo lleva a casa y se lo enseña a su hijo, que, anonadado, decide difundirlo por internet. Es curioso, incluso un muerto puede cambiar las cosas.

martes, 11 de septiembre de 2012

La defensa sin ataque

Entre tú y yo, la distancia nunca es la adecuada. Te siento lejos, inalcanzable, inaprehensible e inabordable cuando estás a mi lado y, sin embargo, cercano, cálido y accesible, casi casi hasta posible, cuando los kilómetros que nos separan superan las tres cifras. Tu presencia me duele demasiado como para desear reducir el aire que divide el espacio existente entre mi boca y tus labios. Sé que, por mucho que nos acerquemos, siempre existirá esa barrera que levantaste para impedir que penetrara hasta el centro de tu ombligo. También perdurará esta barricada que construí con los escombros de mi amor propio para protegerme tanto de mí como de ti. Por eso no podemos aproximarnos demasiado, porque si tu barrera se estrellara contra mi barricada, nuestras defensas volarían en mil pedazos y no tendríamos más remedio que aceptar que no existen fronteras entre la tierra de tus dedos y el agua que fluye entre mis piernas. Convertidos en barro, ni tú serías tú, ni yo sería yo. ¿Es eso lo que te asusta? Perdona, a veces se me olvida que soy yo la paralizada por el miedo, mientras tú sonríes indolente, no sé si más cínico que fuerte.

lunes, 10 de septiembre de 2012

La voluntad y la memoria

Me habría gustado dejar de quererte, pero dolías demasiado como para desaparecer con una caja de analgésicos. Traté de extirparte, pero estabas anclado a todos mis órganos vitales. Intenté convivir con la imposibilidad de superarte. No fui capaz. No tuve más remedio. Acudí al mercado negro de órganos y renové todas mis vísceras. Fue la mejor inversión de mi vida. Desgraciadamente, se me olvidó que aún quedaban rastros de ti adheridos a mi piel. Un día en la playa sin factor de protección fue suficiente para mudar de camisa como las serpientes. Ya no queda nada. Mejor dicho, casi nada. Permanece el recuerdo del dolor que me causaste, pero TÚ ya eres historia.
 
En otra parte del mundo un joven enfermo de Alzheimer se tatúa en el pecho las únicas 6 palabras que necesita recordar: "Aunque la olvide, aún la quiero".

domingo, 9 de septiembre de 2012

Desde las alturas

Hiere con sus tacones el parquet, mientras camina más erguida que nunca, segura de que esta vez llegará a su destino, orgullosa de todo lo que ha conseguido. Él la mira pasar e intenta calcular a cuántas personas habrá pisoteado para llegar hasta donde está. No se da cuenta de que ella se encuentra demasiado lejos del suelo como para poder aplastar a alguien.

miércoles, 29 de agosto de 2012

El baile que no bailamos

El baile que no bailamos es lo único que nos une. Tú te me quedaste mirando. No te atreviste a acercarte a mí, darme la mano y sacarme a la pista. Yo te frené con mis pupilas más gélidas. No hacía falta decir nada. Ambos sabíamos que, en el momento en que nos abrazáramos, ya no podríamos soltarnos. Yo no te convenía o puede que tú simplemente no me quisieras en tu vida. Y, sin embargo, ambos sabemos que teníamos que haber girado ese vals, fundidos dentro de una espiral de la que jamás habríamos sido capaces de escapar. Tarde o temprano el destino nos reclamará ese baile que no le dimos. Me aterra ese momento. Por eso siempre huyo de cualquier lugar en el que suene música. Me asusta que tú puedas estar allí. Me da miedo que tengamos que pagar nuestra deuda. Anoche soñé con un callejón sin salida. Oscuridad. Silencio. Sólo se oían un par de ratas royendo queso. Te acercaste decidido, me tendiste la mano, me abrazaste con fuerza y me obligaste a rodar esas vueltas que tanto he tratado de evitar. Te dije que no se puede bailar sin música. Seguiste girando. Traté de despertar. No recuerdo nada más, pero no soy capaz de abrir los ojos. La cama es ahora la que da vueltas y no quiero ver ese cuerpo que respira en mi oído izquierdo. El baile que no bailamos es lo único que nos une. Todo lo demás es sueño y tú no eres ni serás mi dueño.

lunes, 27 de agosto de 2012

Cadáveres (III)

Una copa de vino cae al suelo. Se rompe en mil pedazos. Un millón de astillas de cristal se clavan en tus manos. Un grito que envuelve la sangre. La sangre que se mezcla con el vino. Rojo y grana. Tan sólo grana. Tres taninos se refugian en el paladar. El grito se disuelve en la noche más larga del año. Dos lágrimas descienden a los infiernos. No encuentran ni a Eurídice ni a Orfeo. Se evaporan antes de tocar el incandescente suelo. Desaparecen de este mundo y del otro. Ya no son. Como tú y como yo, que dejamos de ser hace tanto tiempo que ya no recuerdo si en algún momento llegamos a existir. Incrustas las esquirlas de vidrio en cada uno de tus poros. Secas con tu lengua la bebida de Baco. No quedan restos del accidente. Sólo tú, convertido en sangrante erizo de Swarovski, constituyes una prueba del desastre. En otro tiempo, en otro lugar, en un universo paralelo que no terminamos de inventar, era yo quien te lamía las heridas. Huelo el hierro de la sangre derramada, mezclado con la barrica del Rioja malgastado. Presiento el escozor de los desgarrones de tu piel. Quisiera correr a vendarte. Quisiera poder curarte. Pero no quiero ni puedo. Tú no me rescataste. No me salvaste. Dejaste que mi mano resbalara entre tus dedos. Contemplaste cómo era engullida por la nada. Te odié y luego te quise y ahora no sé si ansío dibujar tu fin o tan sólo verte sufrir hasta un segundo antes de morir. Me borraste de tu lista de sueños y yo te mecanografié en el DIN A4 de mis pesadillas. Híncate de rodillas. Suplica por tu vida. Sólo yo puedo resucitarte de entre los muertos. Sólo yo puedo condenarte a un suplicio eterno. Dame la mano. No la sueltes. Deja que sangremos juntos. Deja que muramos atravesados por el mismo filo. Convirtamos estos dos cuerpos agonizantes en un único cadáver. No tengas miedo. No es el fin del mundo. Acabó hace mucho tiempo, cuando Juan escribió el Apocalipsis. Ahora sólo tenemos que leerlo e interpretarlo. Los demás seguirán viviendo. Sólo tú y yo certificaremos nuestra defunción. ¿Acaso importa? Puede que no sea la costilla que te falta, pero durante un tiempo fui la coraza de tus pulmones. Por eso ahora te ahogas. Por eso buscas aire en bocas incapaces de insuflarte el oxígeno necesario para alimentar tus músculos. Por eso, la próxima vez que cierres los ojos no tendrás fuerzas para volver a abrirlos y, ciego enfebrecido, ya sólo sabrás descifrar el braille de mi cuerpo.

domingo, 26 de agosto de 2012

Imposibilidades (III)

Deja que me desmaye, que me desvanezca sobre tus manos. Construye un cuenco con tus palmas. Llénalo de agua. Deja que flote si soy una bruja o que me hunda y ahogue si no lo soy. Da igual que no esté atada a ninguna piedra. Ni siquiera las meigas son capaces de desafiar las leyes de la física.

jueves, 23 de agosto de 2012

El contestador

Tu número tintinea en la luz de mi contestador. No dejaste ningún mensaje, pero debería devolverte la llamada, aclarar mi voz y ofrecerte mis palabras más sonrientes y despreocupadas. Si fuera capaz, lo haría, te escupiría a la cara que no me importas nada, que tu nombre no tiene ningún efecto sobre mis tripas, que tu respiración al otro lado del hilo telefónico no me eriza la piel, que no eres nadie y que, por tanto, no tienes ningún poder sobre mí. Estaría bien ser capaz de hacerlo, pero no lo soy. Nunca se me dio bien mentir. Por eso contemplo cómo tu número tintinea en la luz de mi contestador, mientras me pregunto cuánto tiempo permanecerá ahí, cuántos días transcurrirán antes de que se borre de la memoria del maléfico aparato. Suena el teléfono. No puedo cogerlo y, aún así, descuelgo.

martes, 21 de agosto de 2012

Tabaco (I)

Te busqué en cada cajetilla de Marlboro que encontré tirada en la calle, abandonadas, arrugadas, aplastadas, pisoteadas. Ninguna era tuya. Ninguna conservaba tu olor.

Tres meses después volvimos a vernos. Mientras hablábamos, sacaste una cajetilla casi vacía de Fortuna.

- ¿Has cambiado de marca de tabaco?

- No, siempre he fumado Fortuna.

Buscar a la persona correcta en los desechos equivocados. No era la primera vez que lo hacía. Sabía que no sería la última.

sábado, 18 de agosto de 2012

Un pecho

Un pecho se escapa de tu sujetador, baila el limbo por debajo de uno de sus aros y sale al exterior. Otea el horizonte, buscando la única mano que sabe cómo enmarcarlo, el único taxidermista que sabe cómo disecarlo, los únicos descendientes de los dedos de Walt Disney que aún saben cómo animar un dibujo sin la ayuda de un ordenador. Pero ya no están. Se disolvieron en la acetona que trataba de limpiar los restos de la pintura Titanlux con la que camuflaste de verde esperanza tu desesperanza más negra. Intacto, el pecho vuelve a su sitio, se entierra bajo el sudario de una copa B de Intima Cherry. No volverá a salir. No volverá a respirar. No volverá a sentir. No le importa. No hay tanta diferencia entre vivir y morir.

jueves, 16 de agosto de 2012

Desequilibrios (I)

Ya no hago equilibrismos en el alambre de tu columna vertebral. La bomba explotó demasiado cerca de mi oído. Me reventó el tímpano y ahora es el vértigo el que domina mis titubeantes pasos, alejándome de los precipicios que me acechan a cada costado de tu espalda. Sólo si allanas las cordilleras de tus sueños seré capaz de volver a caminar por el valle de tu ombligo. Sólo si bajas a la tierra, podré despegar contigo.

miércoles, 15 de agosto de 2012

El ring

Me duelen los pies de no correr detrás de lo único que merecía la pena retener. No me moví. Me limité a contemplar el fin. Tú, besando la lona del ring. Yo, aplaudiendo tu caída del modo más vil. No te ayudé, no te besé, no te consolé, ni te abracé. Crucé los dedos para no volverte a ver, para que murieras allí, golpeado y sangrante, junto a mis pies enfundados en tacones ambulantes. Y tú, humillado y vencido, permaneciste ahí, ni vivo ni muerto, sólo herido y cansado, yacente sobre un costado, tendiendo la mano en vano. Escupí a tus heridas y tú te arrastraste de rodillas, alejando tus machacados huesos de la punta de mis dedos. No me moví. Me limité a contemplar el fin. Y ahora que tres buitres planean sobre mí me pregunto si soy yo la que está a punto de morir.

martes, 7 de agosto de 2012

El hundimiento (III)

Bailemos. Juguemos. Cantemos. Finjamos que no viajamos en un Titanic que se hunde. Riamos por fuera, aunque lloremos por dentro. Pero ten cuidado. Los payasos llevan flores que arrojan agua a la cara de los espectadores. Puede que algún día no haya agua con la que llenar la flor y sea un ácido corrosivo el que salpique tus despreocupados ojos burgueses, absortos en la contemplación de este circo que hace tiempo que dejó de ser el mayor espectáculo del mundo.

martes, 31 de julio de 2012

Septiembre ausente

A diferencia de lo que ocurría en la canción de Los Piratas, te eché de menos en septiembre. Las hojas caían y el recuerdo no desaparecía. Puede que el verano no hubiera merecido la pena. Demasiado sol, demasiada agua, demasiados minutos en los que no hacer nada. Se me derritieron la mayor parte de las neuronas, se me ahogó casi toda la razón, llené el vacío de las horas muertas abriendo demasiadas puertas. Pero todo se acaba. También las vacaciones a la orilla del mar y, enraizada tierra adentro, traté de ahuyentar las nubes, intenté que afloraran los ríos subterráneos, me esforcé por detener el tiempo. Pero las hojas seguían cayendo. Poco a poco comencé a aceptar mi derrota. Me senté en el suelo y contemplé su lento fallecimiento. Te eché de menos en septiembre, de una forma que Iván Ferreiro nunca comprendería, como si esto no hubiera terminado, aparentemente ausente e indolente, realmente hiperpresente e insoportablemente doliente, cual hoja muerta machacada bajo la suela de unas botas con tachuelas. Las hojas caían, no se detenían, fallecían, desaparecían, a diferencia del recuerdo de aquellos días que tanto dolían.

lunes, 30 de julio de 2012

Cadáveres (II)

No es cierto. No quería morir de sed en el desierto, pero no podía beber el barro de tus botas, ahogarme en tu saliva, sumergirme en tu mirada lasciva, convertirme en una suicida, sin posibilidad de huida, metamorfosearme en una yonqui de sonrisa torcida, en una vagabunda que duerme en las esquinas y sueña con ser enterrada entre bolas de naftalina. No, no sucumbiré a la llamada de tus dedos, ni al hipnótico movimiento de tus labios, pronunciando palabras de tres rombos separadas por puntos suspensivos en cursiva. Yo, que nací de tu costilla izquierda, no volveré a introducirme en tu costado. Me emanciparé de la esclavitud que me desvela, apagaré el pábilo que ilumina mi entrepierna y, a oscuras y en silencio, observaré la lenta deshidratación de mis órganos vitales hasta que, convertida en momia desecada, puedas soplar sobre mi cadáver, esparcir al viento mis cenizas y buscarme luego entre los ecos de esta tarde, que tan pronto se contrae como se expande.

domingo, 29 de julio de 2012

El hundimiento (II)

No sé cómo lo hacen, por qué la gente camina como si nada pasara, como si el mundo no se acabara, como si el suelo no se hundiera, como si sus vidas no se destruyeran. Tal vez sólo yo me ahogo en arenas movedizas, tal vez sólo a mí se me traga la tierra.

jueves, 26 de julio de 2012

Noli me tangere

Noli me tangere. No soporto la descarga eléctrica de tus dedos. Me paraliza. Me mata poco a poco, aunque no me dé cuenta. Tú lo sabes y lo aprovechas para reducirme a la nada. Me obligas a esquivar tu mirada para no convertirme en estatua salada. Te odio. No te quiero. No me muero por sumergirme entre las violáceas hebras de tu pelo. Vete. No te acerques. Aléjate y luego vuelve. Revuelve y envuelve los tabúes más oscuros de mi mente divergente. Haz que me arrepienta de no ir al cine de las almas afines. Haz que mendigue nuevos abriles de noches cortas y días sin luz, acostados sin prisa en el filo de un aspa en forma de cruz. Haz que no olvide el color del iris que enmarca tu pupila y se abriga con tus párpados en los noviembres más huracanados. Pero qué digo. Si me rozas no podré vivir. Falleceré antes de lograr huir. Arderé hasta morir. No. No me toques. Prefiero una larga vida sin ti que un solo minuto de gozo sin fin.

martes, 24 de julio de 2012

Café y leche hirviendo

La boca te huele a café y leche hirviendo, a mañana recién empezada, perezosa y oxidada, a día sin desgranar, que no te apetece estrenar, que te da pereza desembalar. Si quieres te ayudo a quitarle el envoltorio y, mientras bebemos una profunda copa de vino, nos decimos todas esas cosas que nunca nos dijimos, que antes de vernos ya nos presentimos o que, pase lo que pase, será más lo que ganemos que lo que perdimos.

lunes, 23 de julio de 2012

Imposibilidades (II)

¿Cuántos sueños olvidados yacen en el fondo de tu cama, anclados a los muelles de tu colchón, entretejidos en el algodón de tus sábanas? Eso es lo que soy yo, un sueño olvidado encerrado a cal y canto en un cajón de tu mesilla de noche. Tal vez alguien encuentre la llave que abre la caja de Pandora y hasta la esperanza será esquiva al tacto de tu mejilla. Ven, siéntate en la silla y léeme el libro de las mil y una maravillas, moldéame con arcilla a través de la mirilla que separa tu boca de mi pantorrilla, mezcla mi barro con tu saliva y crea un nudo indestructible que me ate por siempre al cinturón de tu trabilla. Conviérteme en tu mejor pesadilla y, cuando despiertes, estrangúlate entre los agujeros de mis medias de rejilla. Sólo cuando te falte el aire estarás a más de mil millas del pantano de mi retina.

domingo, 22 de julio de 2012

El hundimiento (I)

Hay un cobarde hablando ante las cámaras. Los periodistas hacen fotos y toman notas. Los mercados aplauden las mentiras, pero continúan crispados. Europa se da palmaditas en la espalda por haber conseguido volver a hundir a los débiles. Los valientes emigran y la masa sólo protesta entre susurros. Señalar con el dedo siempre ha sido de mala educación. Lo enseñan todas las madres. No importa que el apuntado sea un culpable. Pero siempre hay un niño desobediente que grita que el Emperador va desnudo. Por eso Herodes trató de exterminar a todos los inocentes y, aún así, se le escapó el que buscaba. Dejad que termine el desfile. Si ningún niño abre la boca será porque los padres que amordazan han ganado la batalla. Morded las manos que os sellan los labios. Desatad las lenguas. Corred descalzos. No os importe que se os claven las piedras. La sangre derramada es la que gana las guerras.

jueves, 19 de julio de 2012

Parte de lo humano y todo lo divino

Vivimos y morimos, sin que nada cambie en este mutante e inaprehensible mundo que se nos escurre entre los dedos, porque no nos atrevemos a abrir los labios y aspirar en un único suspiro parte de lo humano y todo lo divino.

domingo, 8 de julio de 2012

Heridas (VII)

Las esquirlas de tus huesos se esparcieron por ahí. Las espinas de tus manos se me clavaron justo aquí. Sangre y huesos. Huesos y carne. Carne y sangre. Fango. Lucha en el barro. ¿Qué estarías dispuesto a hacer para sobrevivir? ¿A quién venderías para no morir?

jueves, 5 de julio de 2012

La otra cara de la luna

Durante un segundo pudiste ver lo que quería ocultar. Luego abriste los ojos y te convertiste en un ciego más.

martes, 3 de julio de 2012

Cadáveres (I)

El amor se asomó al balcón, contempló el gris del cielo y se tiró, se arrojó a la nada, se suicidó. Ella lo empujó y él lo agarró, pero pesaba demasiado y se escurrió, se pulverizó, falleció. El peso de los años era demasiado grande. Ya nadie muere para conservar una reliquia. Renovarse o morir. Hacer que muera para poder vivir. No es difícil. Clavar el puñal y huir. O, mejor, empujar y ver morir. Es cierto. No quería ser feliz.

lunes, 2 de julio de 2012

Ausencias (I)

Sobreviviré. No sé cómo, pero lo haré. Cerraré los ojos y contaré hasta tres y cuando los abra nada estará donde lo dejé, sino en el sitio correcto e indicado, a mil kilómetros de cualquier lugar equivocado. No habrá pérdida ni dolor. No habrá llanto ni aflicción. Sólo paz y amor. Y la palabra adiós habrá sido desterrada de esta tristísima canción.

domingo, 1 de julio de 2012

Serpientes (I)

Ya no eres capaz de soportar el peso del mundo sobre tu espalda. Por eso te arrastras sobre la tripa, besando el suelo, arañando el barro con la punta de tus dedos. Para otros es fácil. Para ti no. No tienes alma de serpiente, ni sabes mudar de piel. Sólo tu lengua bífida te asemeja al resto de reptiles que te rodean. Y, aún así, no eres una de ellos. Ni siquiera los lagartos son tus primos hermanos. Nunca tuviste escamas y no aprendiste a camuflarte ni en la selva ni en el desierto. Siempre se te ha visto demasiado, a pesar de tus deseos de ser invisible. Quizás algún día lo consigas. Desaparecer. Evaporarte. Sumergirte en ninguna parte. Mientras tendrás que seguir pegada al suelo y cruzar los dedos para que tu estómago no reviente aplastado por el peso que curvó tu espalda.

jueves, 14 de junio de 2012

La carta

Me corté el dedo anular con el papel de tu carta más lasciva, escondida en el rincón más oscuro de mi bolso, justo al lado de tres tampones súper y dos condones Durex a punto de caducar. El corte fue limpio, pero doloroso. Murieron varias de mis células y un hilo de sangre se fugó de mis capilares más superficiales. Chupé la minúscula herida. Cerré los ojos e imaginé que era tu saliva la que trataba de calmar el escozor causado por la celulosa homicida, pero mi lengua no sabe competir con la pericia de la tuya y el espejismo de tus labios aprisionando la yema de mi dedo damnificado se esfumó antes de tiempo, volando a la velocidad del rayo. Maldigo el papel que me ha hecho sangrar dos veces, una al leerlo y otra al rozarlo, mientras trato de ignorar el dolor causado por ambos ataques e intento adivinar cuándo tendrá lugar el tercer y definitivo intento de asesinato.

lunes, 11 de junio de 2012

Derrotas (I)

La información más sesgada del mundo llega hasta tu oreja desde los labios más hipócritas del universo. Tú te la crees y piensas que tu mayor enemigo es tu mejor amigo, que el desinformador nato es tu íntimo confidente, que el traidor más abyecto es tu más fiel vasallo. Caminas seguro y confiado, sin pies de plomo, en línea recta y con paso firme. Te crees libre y omnipotente, victorioso general romano, emperador recién coronado, campeón invicto que jamás ha hincado la rodilla ante nada ni ante nadie. Y mientras avanzas desfilando frente a tus súbditos no puedes ver los gruesos barrotes de la cárcel móvil que te cobija, ésa que te rodea y encierra aunque te creas libre, la que enmarca una derrota que sólo tú ignoras, trampa mortal que no supiste evitar, cepo que atrapa e inutiliza tus garras de león, bozal que limita la apertura de tus fauces, correa que estrangula tu cuello cuando quieres ir demasiado lejos de ese amo que aún no reconoces como tal. Cazador cazado. Vencedor vencido. Estúpido prepotente convertido en mendigo. Cadáver herido. Casi muerto, apenas vivo.

jueves, 7 de junio de 2012

Desiertos (II)

Vas dejando cadáveres a tu paso. Se supone que viven, pero están muertos. ¿Y tú? ¿Aún te late el corazón? ¿Estás viva o tan sólo aparentemente viva? Cada vez tienes más dudas. Detrás de la próxima duna hay medio pulmón momificado. Aún respira y, sin embargo, sólo es capaz de inhalar el polvo de este desierto infinito. No quieres acabar así. No quieres tener que decidir si es mejor morir o vivir. Toses y escupes la poca saliva que te queda entre los dientes. La deshidratación es casi total. Luego vendrá todo lo demás. No, tú no serás una más. No quieres morir, así que matarás. Matarás la arena que hace llorar tus ojos y obtura tu nariz. Matarás el frío de las noches sin jaima que te proteja de las temperaturas negativas. Matarás la soledad de este infierno solitario en el que ni un espejismo aparece para hacerte compañía. Matarás la sed que estropajea tu lengua y resquebraja tu garganta. Matarás a quienes se rindieron y creyeron que un cuerpo sin alma aún es un cuerpo. Y si no los matas te matarás a ti y dejarás que los buitres devoren tus tripas. Así volarás más alto de lo que ninguno de ellos soñó jamás y, después de todo, vencerás. El resto que lo devoren los gusanos. Es en tus tripas donde reside tu conciencia, son tus tripas las que custodian tu intuición, son tus tripas las que eclipsan no sólo a tu razón, sino también a tu corazón. Deja que las aves carroñeras te despiecen. Sólo ellas son dignas de digerir los secretos de tu intestino más delgado. Sólo ellas sabrán apreciar el sabor de todo lo que no has tragado. Sólo ellas darán sentido a tu funeral más temido.

martes, 5 de junio de 2012

Imposibilidades (I)

Puedes creer en ti. Puedes creer en mí. Pero no creas en nosotros. Nunca tuvimos ninguna posibilidad de existir.

lunes, 4 de junio de 2012

Heridas (VI)

Lloras todo el dolor que llevas dentro, tratando de lavar tus pecados más sucios, pero sólo consigues manchar de rímel la almohada, de rojo tu nariz y tu mirada de gris. Sabes que este sufrimiento nunca terminará y le gritas al viento deseos que tu ángel de la guarda no se molestará en tratar de convertir en realidad. Ya nadie cree en los cuentos de hadas, tan sólo tú, pero ningún espíritu mágico enjuga tu llanto ni limpia tu herida. La fe consiste en eso, en creer en lo que no se puede ver, en defender lo que nadie es capaz de demostrar, en sentir que, a pesar de todo, vale la pena vivir.

domingo, 3 de junio de 2012

Heridas (V)

Rosa se viste de rojo para camuflar su herida más mortal, ésa que nunca deja de sangrar, la que le dolerá hasta el final. Se le abrió sin darse cuenta y ahora no la sabe cerrar. Busca un buen sastre que la sepa cauterizar con una aguja al rojo vivo sin enhebrar o con una cremallera en tortuoso zig-zag. Pero ya no quedan valientes que maten siete de un golpe. Ni gigantes, ni moscas. Mucho menos fantasmas, que ésos ya están muertos, aunque se nos aparezcan en sueños.

martes, 29 de mayo de 2012

Heridas (IV)

A veces es difícil. Otras es imposible. Sonreír. Fingir. Vivir. Repetir hasta el fin lo que no queremos volver a reproducir. Seguir. No huir. No alejarme de aquí, de esta ciudad que no elegí, de la herida carmesí, del vacío en el que crecí. El agujero negro. El desierto. El destierro. El infierno. A veces hiela. Otras quema. Siempre escuece y envilece. No sé cuándo empecé a morir. Dicen que un segundo después de llegar al mundo. Yo creo que no fue entonces. En aquel momento todos nos creemos inmortales. Nuestra fe en el infinito se mantiene varios años. A veces, décadas. Luego, algo que creíamos indestructible se destruye. Contamos tres segundos. Uno. Dos. Tres. Comienza la cuenta atrás. El primer paso hacia el inevitable final. Caminamos sobre un alambre inestable. Miramos hacia abajo. Contemplamos el vacío. Algunos saltan para sumergirse en él. Otros aguantan y cuando resbalan tratan de sujetarse hasta que las manos sangran y se rasgan. Yo no avanzo. Tampoco caigo. Permanezco quieta. Congelada. Equilibrada en mi desequilibrio más estable. Espero y cuento. Uno. Dos. Tres. Puede que vuelva a nacer sin llegar a fallecer o puede que tú te conviertas en mi red en lugar de dispararme en la sien.

lunes, 28 de mayo de 2012

Costuras (I)

No hay nada nuevo que inventar, excepto nuestros besos zurcidos al azar.

jueves, 24 de mayo de 2012

Paradojas lunáticas (II)

Un bebé llora de madrugada porque no sabe quién quiere que lo coja en brazos, si quien lo trajo al mundo o quien acabó con su vida antes de tiempo. Una vagina sangra. Dos perros ladran. Tres enfermeras callan. El llanto se alarga, no acaba, rebota en la nada, explota en la cama. Pobrecito, el bebé no sabe que quien lo trajo al mundo fue quien acabó con su vida antes de tiempo, aunque fueran otras las manos que hicieron el trabajo sucio. Pero perdonen; para ser fiel a la realidad, según los más entendidos, no debería hablar de bebé. Así, pues, continuemos con la historia. Un feto es arrojado a la basura. Una madre deja de ser madre. Es ella quien debería llorar, pero no lo hace, aún no. Lo hará varios años después, cuando el hijo que sí quería tener nazca muerto. Las enfermeras callan. Dos perros ladran. Sangra la madrugada.

martes, 22 de mayo de 2012

Tarde de sofá

No fue buena idea dejarme arrastrar por todas esas cosas que dejamos atrás. Sopla el aire fuerte contra el ventanal, mientras echo de menos tu espina dorsal. Lo que el viento se llevó no volverá.  Rhett Butler nunca jamás regresará. Una niebla espesa ahoga el sofá. Se hace más difícil poder respirar. Boqueo como pez fuera del mar. Me sumerjo en el pasado que no se repetirá, en los recuerdos que se olvidarán, en el vacío que nos devorará.

lunes, 21 de mayo de 2012

Un país en fase terminal

Encaja las piezas del rompecabezas. Destruye. Construye. Rehúye las noches de hule. Tapa la caja de Pandora. No dejes que lo que escapó pueda volver a entrar. Necesitamos que se marchite la esperanza sofrita en mil toneladas de la soledad más invernal. Ningún mal la volverá a acompañar. Desiste de intentar encontrar arreglo a lo que no se puede ni se podrá arreglar. Hay que derribar los cimientos y contemplar el polvo que levanta la caída del rascacielos que erigieron los burgueses de la revolución industrial. No hablo de capitalismo en crisis, ni de la burbuja inmobiliaria que explota a los que no la hicieron explotar. No hablo de hipotecas sin pagar, ni de los recortes en educación y en sanidad. No hablo de un país en fase terminal, ni de una Unión Europea que se quiere disgregar. No hablo de lo que el telediario no se atreve a destapar ni a analizar. No hablo de la realeza a la que habría que encarcelar, ni de los regalos y el dinero que los políticos no deberían aceptar. Sólo hablo de dos cuerpos imantados que se buscan sin cesar sin que se puedan encontrar. Sólo hablo de un alma partida por la mitad. Sólo hablo de la condena de una sociedad y de la sentencia de un destino fatal. Sólo hablo de una rebelión que no me atrevo a liderar. Sólo hablo del sacrificio de Abraham y de la hemorragia en el altar. Sólo hablo de una cruz imposible de transportar y de una carga que no se puede soportar. Sólo hablo del estigma que no supimos maquillar y del viento helado que no pudimos calentar. Sella el sobre, quema la carta y nunca pronuncies las palabras que tratamos, sin éxito, de codificar.

domingo, 20 de mayo de 2012

Paradojas lunáticas (I)

Era todo lo que quería ser, pero ni la décima parte de lo que podía llegar a ser. Era inmensamente feliz, aunque el universo consideró que estaba desaprovechado y lo borró del mapa.

Era todo lo que podía llegar a ser, pero no lo que quería ser. El universo le habría regalado más de 100 años de existencia, aunque él era inmensamente desgraciado y un buen día decidió borrarse del mapa.

jueves, 17 de mayo de 2012

miércoles, 16 de mayo de 2012

martes, 15 de mayo de 2012

domingo, 13 de mayo de 2012

sábado, 12 de mayo de 2012

viernes, 11 de mayo de 2012

jueves, 10 de mayo de 2012

miércoles, 9 de mayo de 2012

domingo, 6 de mayo de 2012

sábado, 5 de mayo de 2012

jueves, 3 de mayo de 2012

miércoles, 25 de abril de 2012

martes, 24 de abril de 2012

lunes, 23 de abril de 2012

domingo, 22 de abril de 2012

Semana Santa linarense

Afortunadamente, hubo algunas cofradías que, aunque con retraso, pudieron recorrer las calles de Linares en la Semana Santa del 2011. Una de las pocas afortunadas fue La Humildad.

sábado, 21 de abril de 2012

Semana Santa linarense

Y así siguió la mayor parte de la Semana Santa del 2011.

jueves, 19 de abril de 2012

Semana Santa linarense

Y así es como, por desgracia, transcurrió la mayor parte de la Semana Santa del año 2011. Una pena. Al final siempre se mojan los más valientes.

miércoles, 18 de abril de 2012

martes, 17 de abril de 2012

lunes, 16 de abril de 2012

domingo, 15 de abril de 2012

jueves, 12 de abril de 2012

miércoles, 11 de abril de 2012

Semana Santa linarense

Al final se salvaron los muebles. Muchas nubes, algo de frío y un poco de lluvia, pero todas las cofradías pudieron salir a la calle, aunque sólo fuera un rato. La Santa Cena fue una de las grandes damnificadas, pero el año anterior tuvo una soleada estación de penitencia, así que no pueden objetar nada, ni yo tampoco.

miércoles, 4 de abril de 2012

Semana Santa linarense

Al final, no sé muy bien cómo, la Semana Santa está aguantando. Hasta ahora sólo la Santa Cena se ha retirado antes de tiempo y, aún así, salió a la calle. Crucemos los dedos para que siga así.

miércoles, 28 de marzo de 2012

martes, 27 de marzo de 2012

Semana Santa linarense

Ya sólo quedan cuatro días. Cómo pasa el tiempo.

viernes, 23 de marzo de 2012

Pongamos

Pongamos que he conocido a alguien. Pongamos que ese alguien no es como tú, sino distinto a ti, radicalmente opuesto a tu persona. Pongamos que ese alguien me gusta, pero no como me gustas tú, sino de una forma distinta, radicalmente opuesta. Pongamos que a ese alguien le gusto, no como te gusto a ti, pero de una forma similar, fundamentalmente idéntica. Pongamos que, después de un tiempo de tonteo y devaneo, ese alguien decide dar el siguiente paso. Pongamos que yo le sigo. Pongamos que esta vez no me estrello, que no me caigo con todo el equipo, que todo va viento en popa y a toda vela, sobre ruedas, de fábula, de cine, espectacularmente bien. Pongamos que, en esta ocasión, no echo el freno, sino que decido llegar hasta el final, directa al centro del altar. Pongamos que él pronuncia el sí. Pongamos que yo no pronuncio el no. Pongamos que el cura pregunta si alguien conoce algún impedimento para tan hollywoodiense matrimonio. Pongamos que tú estás entre los invitados. Dime, ¿te levantarías para huir de allí o para venir a por mí? En el fondo da igual. Nunca conozco a nadie y los que conozco siempre son como tú.

miércoles, 21 de marzo de 2012

El encuentro

Intenté provocar el encuentro, pero el encuentro me provocó a mí. Me miró directo a la cara y gritó: "Si te atreves ven aquí". Me cogió por sorpresa. Me asusté. Huí. Puede que, tal vez, no estuviera tan enamorada de ti.

jueves, 15 de marzo de 2012

El abrazo

Hubo un abrazo que lo expresó todo sin decir nada. Ese abrazo fue, al mismo tiempo, el inicio de una Era y el final de la más oscura Edad Media. Fue un abrazo eléctrico que falleció en tres segundos, pero esos tres segundos bastaron para resumir dos vidas, dos sueños, dos infiernos, dos entierros y dos alumbramientos. Risas contra lágrimas. Un pulso sin vencedores ni vencidos. Un abrazo. Tres segundos. Dos corazones paralizados. El universo anonadado. Es difícil de explicar qué es el amor a quien nunca ha amado. Es imposible explicar qué es un sueño a quien nunca ha soñado. Nadie podrá cortar el nudo de los brazos de quienes se amaron y soñaron y, luego, así se abrazaron.

jueves, 8 de marzo de 2012

Las noches de fuego y sangre. Los días morados y fracturados.

El rímel corrido.
El labio partido.
El honor malherido.
Las bragas en los tobillos.
¿Es esto en lo que pensabas cuando soñabas que con él te casabas?
Los sangrantes orificios de tu nariz fingiendo que nada ha ocurrido aquí.
Explícame entonces por qué te quieres morir.
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La de María y Andrés no fue una historia de amor extraordinaria, de ésas que merecen llevarse al cine o narrar en una novela de 1.200 páginas. Si bien es cierto que, con el tiempo, llegó a acercarse peligrosamente al calificativo de tragedia shakesperiana, sus inicios fueron lo suficientemente prosaicos como para que no merezca la pena detenerse en ellos.
Chica de 17 años apurando sus últimos días de instituto conoce a chico universitario de 22 primaveras en una fiesta en la que no debería haber menores de edad. Tras tres horas de animada conversación, ella, cual moderna cenicienta, se ve obligada a despedirse de su príncipe azul para no incumplir el paternal toque de queda. Intercambio de teléfonos, mensajes a altas horas de la madrugada, la primera cita, la segunda, la tercera y así hasta cinco años de noviazgo. Después, la boda. Luego, el infierno.
No hubo ningún indicio que presagiara el apocalipsis. Por eso fue más duro enfrentarse a las noches de fuego y sangre y a los días morados y fracturados. Por eso nunca fue capaz de recomponerse. Desarmada, dejó que la bestia la rasgara entre sus fauces y, cuando quiso darse cuenta de su condición de víctima, la herida se había convertido en un enorme agujero negro que la devoró antes de tiempo.
Si María no hubiera sido tan joven, si hubiera tenido algo más de experiencia, probablemente se habría dado cuenta de que había gato encerrado tras la aceptación sin discusión de su deseo de llegar virgen al altar, máxime teniendo en cuenta el exacerbado ateísmo de Andrés. Pero ella era joven e inexperta y creyó que se trataba de una prueba más de su incondicional amor.
La noche de bodas la desengañó. Fue entonces cuando el monstruo se quitó por primera vez la máscara y enseñó sus afilados colmillos. Todas sus amigas le habían dicho que la primera vez era dolorosa, pero no podía serlo tanto. Tres besos mal dados, demasiado violentos, asesinos de cualquier atisbo de romanticismo. Dos manos de hierro que arrancan la ropa sin miramientos ni contemplaciones. Está claro que la desea, como ningún hombre ha deseado nunca a ninguna mujer. No hay tiempo de llegar a la cama. Está demasiado lejos. Es sobre el frío suelo de mármol donde recibe la primera embestida y la segunda y la tercera. Le grita que le duele, que pare un momento, que le está haciendo daño, pero él parece estar sordo. Tiene demasiadas ganas de ella. Es sólo eso. Y la primera vez duele. Eso también. Cierra los ojos y llora hacia dentro. No quiere estropearle el ansiado momento con infantiles quejas de niña virgen. Siente la sangre caliente entre sus piernas. Le parece un río embravecido. Le quema los muslos. Tiñe de rojo el blanco del suelo. Al día siguiente casi no puede andar. No se atreve a evaluar el alcance del destrozo. Lo siente demasiado inmenso como para poder medirlo. Era su primera vez. Es perfectamente normal. Tres años después, tendida en una impersonal cama de hospital, recordará con nostalgia aquella primera noche. Andrés nunca volvió a ser tan delicado.
El buen sexo es algo instintivo, animal, completamente irracional. Eso decían por la tele. También en las revistas. María no terminaba de comprenderlo. El animal de su marido nunca le regaló ningún orgasmo, sólo desgarros vaginales, sangre y hematomas varios. Al principio, trató de convencerse de que todo era normal, de que una pasión excesiva, como la que el amor de su vida sentía por ella, podía acabar doliendo. Su autoengaño se sostuvo durante algún tiempo, pero la primera noche en que se negó a cumplir con sus deberes conyugales, la furia de su amado se desató sobre su indefenso cuerpo y su atónita alma. Y, aún así, no se excedió. Suministró los golpes con cuentagotas, sólo los justos y necesarios para colocarla en la posición más apetecible y abrir sus piernas. Habría preferido una paliza monumental. Habría sido menos humillante.
¿Por qué no lo denunció? ¿Por qué no se lo dijo a nadie? Supongo que porque es difícil explicar que tu marido te viola cada noche. Podía haberse divorciado, sin más, sin dar explicaciones, pero tenía miedo de estar sola. O, a lo mejor, no. Puede que quizá le quisiera, a pesar de todo, a él o al amor que decía sentir por ella.
Descubierta la irreparabilidad del daño, todos se preguntaron cómo había sido capaz de soportarlo tanto tiempo. Las noches de fuego y sangre. Los días morados y fracturados. El escozor de la herida que crecía día tras día.
Y, de repente, su cuerpo dejó de soportar lo insoportable. Tuvo suerte. Cuando cayó desplomada iba de compras con su madre y su hermana. Fueron ellas quienes llamaron a la ambulancia y la llevaron al hospital. Fueron ellas las primeras en conocer toda la verdad. Ellas y el resto de su familia y amigos la obligaron a alejarse del que acabaría convirtiéndose en su verdugo.
Sus heridas físicas cicatrizaron antes de lo esperado. Los surcos del alma nunca llegaron a cerrarse. La irreparabilidad del daño. Saber que nunca jamás podría tener hijos. Eso fue lo que acabó con ella. Eso fue lo que nunca pudo soportar. No por el hecho en sí, sino por su colaboración activa en la causación del mismo. Su aceptación de la situación, de los abusos, del maltrato, de la violencia gratuita e injustificada había provocado su esterilidad. Cómo se convive con eso. Cómo se duerme después de eso.
Fue una soleada mañana de junio. Los niños jugaban alegremente en el parque. Las piscinas abrían sus puertas. El verano llegaba más esplendoroso que nunca. Hacía tres días que María había salido del hospital. Todo estaba bien. Había sobrevivido al infierno. Su familia y sus amigos jamás dejarían que Andrés volviera a hacerle daño. Pero estaba el vacío, el agujero negro, la culpabilidad. Era más de lo que podía soportar. Así que abrió la ventana y se zambulló en la nada. No podía doler más. Puede que tampoco menos.
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El rímel corrido.
Los sueños partidos.
El amor destruido.
Los remordimientos en el bolsillo.
¿Es esto en lo que pensabas cuando soñabas que con él te casabas?
Los sangrantes orificios de tu nariz certificando la tragedia que nadie llegó a predecir.
No hace falta que nos expliques por qué has decidido morir.