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miércoles, 17 de agosto de 2016

La definida indefinición de lo intangible

Doy consejos que no sigo, hablo idiomas que no escribo y guardo un regalo que nunca me has pedido. A veces duelen los domingos, incluso aunque no llueva y el sol alumbre vigoroso los portales. Tú sabías que yo no huiría y yo comprendí muy tarde que tú no te quedarías. Hay palabras que no digo, límites que siempre olvido y un te quiero agonizante que, tal vez, nunca haya estado vivo. Casi siempre lloro cuando sopla el viento y hace frío, aunque aún no haya llegado el invierno ni la alopecia de los árboles haya tapizado de crujiente amarillo las aceras de las calles. Tú intuías el desastre y yo sospechaba demasiado pronto que hay historias que nunca empiezan, pero que tampoco terminan. Soy todo aquello que imagino, los precipicios que no esquivo, las nubes que no destilo. Nunca grito antes de que el dolor hinque sus dientes, aunque empiece a notar su aliento en mi cogote y mis rodillas tiemblen al vislumbrar las consecuencias de un nuevo zarpazo del destino. Tú cerraste los ojos a la molesta evidencia que alumbraba tus desvelos y yo sellé el túnel que una vez unió tu aliento a mis suspiros.

lunes, 15 de agosto de 2016

Jano

Es lo mejor. También lo peor. Tanto ruido para tan pocas nueces... Las decisiones no se toman, sino que ellas nos toman a nosotros. Caerán las hojas, soplará el viento, pero tú y yo seguiremos en el mismo lugar que en el principio del principio, esperando a que todo cambie, sin darnos cuenta de que, aunque no se hayan modificado las circunstancias, sí que lo han hecho nuestros sentimientos. Tú vuelves a ella, yo vuelvo a encerrarme en mí. La madriguera siempre es más segura que el campo abierto, también más asfixiante y oscura, pero no importa, sólo hay que aprender a ver en la penumbra y a decantar el oxígeno del dióxido de carbono. ¿Qué sería de nosotros si no existieran las metáforas? ¿Cómo podría yo mirarte a los ojos, abrir la boca y vomitar palabras desnudas de artificios? ¿Cómo podrías tú escucharlas sin que reventasen tus oídos? ¿Cómo decirte que no sé si quiero, si alguna vez quise, si querré en un futuro? ¿Cómo entenderías tú que algo puede a la vez ser y no ser el objeto y su reflejo en el espejo? A veces, los motivos más equivocados son los únicos que pueden conducirnos a una solución acertada. O puede que no y ésta sea sólo otra cortante faceta del más insoluble de todos los enigmas que nos corroen las entrañas.

domingo, 17 de julio de 2016

Mi esperanza entre las nubes

Hoy me has hecho daño, aunque no te dieras cuenta de que los trozos de cristal que se estrellaban contra el suelo eran pedazos de mi corazón destartalado por tu verdad disparada a bocajarro. No quiero volver a verte, mucho menos hablar contigo, pero sé que lo haré en cuanto mi orgullosa determinación mire hacia otro lado. A veces es tan difícil no arrastrarse por el fango... No me arrepiento. Siempre he conocido las consecuencias de mis actos, el riesgo de caer si doy el salto, el peligro de morir aplastada por el peso de lo que quise, pero nunca me atreví a hacer. Tranquilo. No dejaré que mis demonios reaviven las brasas de tus miedos. Sólo quiero poder seguir durmiendo, soñar un final distinto al que ambos elegimos, caminar despacio por el borde del precipicio, contemplar con calma el fondo, aunque el vértigo se apodere de mis piernas cada vez que alzo la vista. Pero hoy no puedo, porque el globo de helio se suelta poco a poco de mi muñeca y yo no quiero perder mi esperanza entre las nubes.

domingo, 10 de julio de 2016

Apocalipsis (V)

Me equivoqué. Otra vez. O, quizá, no. Tal vez seas tú el que no acierta a comprender el sentido del camino, el Norte del deseo, el imán que te empuja y te detiene. Yo también pienso que el mundo se hunde a cada paso que no damos, a cada verdad que amordazamos, a cada secreto que no revelamos; pero continúo quieta, callada, encriptada y rezo para que corran los cobardes, para que hablen las lenguas que cortaron los tiranos, para que se descubran los misterios que yacen en las tumbas. Me miras, deseando, a la vez, que el apocalipsis estalle y no estalle en nuestras manos, pero el sol vuelve a alumbrar tras la tiniebla y, aún así, las sombras que oscurecen nuestros sueños continúan ahogando nuestro escéptico corazón de plastilina. Abrázame fuerte, como aquella vez en que se suponía que era yo quien te abrazaba. Son tantos los demonios y tan pocos los exorcismos capaces de expulsarlos...

jueves, 7 de julio de 2016

Cataclismos (IX)

Algún día todo esto explotará y ni tú ni yo sabremos cómo limpiar los pedazos de corazón de las paredes.

jueves, 12 de mayo de 2016

Cold to see clear



No puedo escribir nada sincero. La verdad es una espina de lenguado atascada entre los dientes, horadando poco a poco las encías, hasta hacer sangrar la raíz de los colmillos. Mastica. Traga. Luego, devuelve. La honestidad nunca ha sido una virtud de fácil digestión. Veo tu cara en todas partes, omnipresente aparición que, por un segundo, detiene los tartamudos latidos de mi corazón. Mis venas están vacías, sin necesidad de corte que seccione su circulación. Cierro los ojos y tus palabras adquieren forma en la pantalla de cine de mis párpados. No quiero volver a ver esta película. Todas mis lágrimas están teñidas de añil oscuro, casi negro, o negro claro, casi añil (¿aprenderemos alguna vez a modificar el orden de los factores sin que se altere el resultado?). Mejor despertar antes de que el sueño arañe las pestañas, furibundo e indeciso Morfeo, que no termina de decidir si es mejor que permanezca alerta o inconsciente. Pero mi conciencia es perezosa y engañosa, siempre presta a confundirme, ¿es esto real o imaginado?, ¿es esta electricidad reflexiva o refractaria? Irracional, en todo caso. Tratamos de comprender lo que, por naturaleza, no puede ser comprendido. Amor y muerte, muerte y amor y tantas otras cosas que orbitan en la frontera de lo imposible. Márchate antes que yo o quédate hasta mucho después de que me haya ido. Reza a quien nunca te escuchó. Tal vez, con un poco de suerte, tampoco ahora haga caso a la plegaria. Dime cómo se pierde la batalla y no me importará poner fin a esta infructuosa guerra; pero mis manos permanecen ancladas a la espada, mientras tus labios ensalzan las hazañas de Aníbal sin su Himilce. Yo también quisiera encontrar la forma de atravesar cualquier cordillera que se interpusiera en mi camino, pero, no sé por qué, los elefantes siempre me han temido. Los pies tatúan huellas en la nieve que la ventisca borrará en pocas horas, así que, antes de que sea demasiado tarde, trazo el mapa de sonidos que podrían conducirme hasta tus brazos; pero tengo miedo de levantar la tapa y que la caja de música, por primera vez, calle para siempre.

jueves, 5 de mayo de 2016

Canciones de desamor a quemarropa

The Breeders es lo único que me queda de ti. Todo lo demás ya era mío antes de conocerte y seguirá siéndolo ahora que ya no estás. Poco me importa que me creas, pero necesitaba decirlo en voz alta para creerlo yo. Por un momento me engañaste, me indujiste a pensar que tú me lo habías dado todo, que sin ti jamás habría tenido cultura musical; pero es mentira, ahora lo sé. Descubrí "Popular" entre la ingente morralla de los 40 Principales, como quien encuentra una aguja en un pajar. Lo mismo me ocurrió con Weezer y con tantos y tantos otros grupos que tú creías exclusivamente tuyos, como si fuera imposible que alguien los hubiera descubierto antes de ti o sin tu ayuda. Pero yo lo hice. Poco me importa que me creas o no. Sólo me regalaste a The Breeders. Todo lo demás ya me pertenecía antes de conocerte. En cualquier caso, fue un gran regalo y te lo agradeceré siempre. Kim Deal bien merece un corazón destrozado como sacrificio. Desgraciadamente para ti y tu inconmensurable ego, el corazón se ensambló antes de un mes, hasta tal punto que ni "Blankest year" o "Buddy Holly" consiguen hoy que vuelva a sangrar la herida. ¿Por qué entonces hablo de ello?, dirás tú. Porque quiero darte las gracias por "Pod", "Last Splash" y "Title TK". El resto, todo lo malo, lo he olvidado/perdonado ya.

miércoles, 20 de abril de 2016

Menos Platón y más Prozac

Es posible que una parte de ti nunca despierte, que permanezca para siempre dormida en mi regazo, tu pena acunada en mi entrepierna, mis colmillos de vampiro ahuyentando los demonios que pueblan tus pesadillas más sangrientas. Dime todo lo que temes y yo te convenceré de que puedes sobrevivir al holocausto, mentón de Aquiles, talón de Ulises, pulmón de Glauco. Siempre habrá un caballo de madera que sirva de escondite a nuestro llanto, cascada de lágrimas como lluvia de flechas griegas disparadas contra Troya. Vacía la nube. Escurre el dolor sobre la tierra agrietada de injusticias. Sueña, mientras un rebaño de hadas esquiladas del polvo que otorgaría magia a nuestras alas, abanica lentamente la angustia de tu mirada devastada por las dudas. Yo tampoco soporto el aplastante peso de la bruma, el amenazante aullido de los lobos, la gelatinosidad del puente que conduce a la otra orilla. Y, sin embargo, CREO, con la ferocidad del niño y la tozudez del toro, porque el esqueleto que vertebra el mundo es tan invisible como el aire que ahora transporta tu lamento, porque la linfa que nutre el universo se compone de deseos tan fugaces que nadie se atreve nunca a formularlos, porque la vida no es sueño, sino delirio esquizofrénico, espejismo sin desierto, amalgama de sombras que nunca supieron proyectarse en la caverna. Demasiado Platón entre los párpados y ningún Prozac descendiendo la garganta. El eco de un abrazo rebotando en las paredes de las sienes, la sonrisa que Leonardo nunca supo dibujar, ocho letras enterradas por el miedo, la bala que ni tú ni yo osamos disparar.

domingo, 27 de marzo de 2016

El pantano de la tristeza

Recé, mis dedos entrelazados como escarpias, estrangulando la sangre que normalmente colorea mis nudillos. Te pedí un milagro y me lo concediste, pero no de la magnitud que yo buscaba. Él lloraba. Ella callaba. Yo sólo quería caminar descalza sobre el asfalto, su abrazo crucificado entre mis hombros, silencio en llamas, su sombra amplificada en mi pared. El Mar Rojo no se abrió, pero una leve brisa agitó la superficie de sus aguas. Las mariposas duermen, pero hay tsunamis que no dependen del aleteo de sus alas. Nadie quiere aceptar la necesidad de lo ocurrido. El dolor es un profesor que exige demasiado a sus alumnos. Mejor colorear de negro una suerte algo más pálida. Él lloraba. Ella callaba. Yo sólo quería ahogarme en aguas menos densas que sus lágrimas. Debería dar las gracias, pero si abro la boca mancharé de tinta el cartílago que aún sustenta la fe de los agnósticos. No importa. Sé que nadie entendió nunca la auténtica dirección de mis palabras, pero él intuye con tanta precisión la profundidad de mis marismas... La noche no termina, por más que el sol escupa fuego sobre la arena del desierto, vagar eterno, sed agrietada de lamentos. Nuestros pies recorren caminos ya horadados. La castigada piel riega con sangre la tierra arrebatada a sus ancestros. La muerte hoy no quiere segar nuestras gargantas, pero sus secuaces siguen acechando nuestro rastro. Tranquilo. Las hienas no son tan veloces como el eco de sus carcajadas. Él lloraba. Ella callaba. Yo sólo quería que el grito no estallara. Pero la copa cayó, esquirlas de cristal en nuestros ojos, laringes desgarradas de impotencia, un pantano de tristeza en su sonrisa y yo caballo de Atreyu entre sus labios.

jueves, 18 de febrero de 2016

La náusea es lo que queda

Ella sólo quería saber, todo lo bueno, también lo malo, la verdad es lo primero, no importa cuánto duela. La náusea es lo que queda. Y supo todo aquello que pudo conocer, pero su incomprensión creció exponencialmente con cada incógnita que despejaba. La náusea es lo que queda. Abrió las puertas de los sótanos más oscuros, desenterró a los muertos que aún no han alcanzado venganza, conversó con los fantasmas de los que nadie desea hablar, miró cara a cara a los demonios recién exorcizados, pero cada respuesta que obtenía generaba tres preguntas nuevas. La náusea es lo que queda. Interrogó a los sabios más sabios y a los ignorantes más ignorantes, pero ninguno fue capaz de explicar coherentemente el origen y supervivencia del Horror. La náusea es lo que queda. Y el Horror fue creciendo, sin que ella ni nadie pudieran atajarlo, porque no se puede combatir una enfermedad que no se entiende. La náusea es lo que queda. El mal conlleva forzosamente la existencia de su antagonista, pero ¿dónde está el bien cuando se busca? La náusea es lo que queda. Y cuanto más sabía, más quería saber, aún siendo consciente de que la verdad acabaría por roer hasta el último milímetro de sus entrañas. La náusea es lo que queda. Pero el conocimiento envenenaba y curaba a partes iguales, porque, aunque cada respuesta generara tres preguntas nuevas, cada una de esas respuestas cicatrizaba una herida, calmaba el hambre de una tenia, secaba la supuración de un corte infectado de silencios. La náusea es lo que queda. Puede que su sabiduría no fuera suficiente para evitar el avance de la epidemia, pero sí le permitió prever la dirección en la que avanzarían las crueles llamas, sedientas de inocentes. La náusea es lo que queda. ¿Por qué entonces, pudiendo salvarse, no lo hizo? La mayor lucidez es la ceguera, pero algunos ojos no son capaces de cerrar los párpados. Un altar, ninguna vela. La náusea es lo que queda.