lunes, 5 de marzo de 2012

Entre mi espalda y su pared

No es que no te quiera volver a ver, es que ya no te puedo sostener entre mi espalda y su pared. Te dejaré caer, te soltaré y observaré cómo tu "es" se convierte en "fue". El presente del pasado es el futuro de un pretérito perfecto no por compuesto menos simple. Recitemos entremezcladas las preposiciones y conjunciones que aprendimos siendo niños y comprobemos que el paso del tiempo aún no las ha derrotado. Blande una proposición subjuntiva que ya haya sido utilizada como arma por parte de los poetas y filósofos que enloquecieron antes de la medianoche. Esgrímela ante tus enemigos. Húndela en sus abdómenes y deja que la tinta de sus consonantes nasales se adhiera a sus intestinos y tiña de negro sus heces más estreñidas. Y cuando los hayas derrotado con tu retórica más mordaz, rescátame de mis silogismos menos aristotélicos y mis elegías más abyectas. Son eternos mis infiernos. Son infinitas las termitas que se alimentan de estalagmitas. Conviértete en oso hormiguero y penetra en mi más negro agujero. Aspira. Respira. Fumiga todas mis hormigas. Desinfecta todos mis desastres. Yo ya no tengo fuerzas para permanecer erguida. Te aplastaré en mi caída. Te reduciré al polvo de las esquinas. Corre. Huye. No mueras sepultado por mi abandono y su desdén. No te dejes vencer por el veneno de mi piel. No te conviertas en mi rehén. Ya sabes que sigo soñando con él.

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